La ultraderecha avanza a pasos agigantados en las democracias occidentales de hoy. El contexto de crisis económica, erosión de la clase media, agotamiento de las viejas recetas políticas, descontento con los partidos y las figuras políticas tradicionales y la facilidad de difundir mentiras, miedo, odio, ataques y discursos incendiarios por redes sociales, amplificando los descontentos y ofreciendo soluciones que suenan atractivas, aunque no resuelvan nada; han permitido que figuras como Trump, Orbán, Bukele, Meloni, Kast o Milei, se hagan con el poder y extiendan su esfera de influencia por otras latitudes.
Sumémosle a esto, la simbiosis entre el populismo autoritario que ofrecen estos personajes y las alianzas con sectores ultraconservadores, especialmente protestantes mercaderes de la fe, a quienes no les basta predicar desde los púlpitos, sino que buscan hacerlo también desde escaños en parlamentos o asientos en gabinetes ministeriales en parlamentos y gobiernos.
“La historia ocurre dos veces: la primera vez como una tragedia y la segunda como una farsa”, decía Marx al comienzo de El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. Y es que parece mentira que en 100 años que nos separan del auge del fascismo en sus peores expresiones, no solo no aprendimos nada, sino que parecemos dispuestos a caer nuevamente como humanidad en los cantos de sirenas que se alimentan de la polarización, el debilitamiento de los mecanismos de pesos y contrapesos institucionales y de la invención de enemigos a quienes constantemente atacar para justificar sus plataformas cargadas de violencia, xenofobia, racismo y discriminación. Basta con escuchar a Vox en España, la Reagrupación Nacional en Francia, el movimiento MAGA en Estados Unidos y la AfD en Alemania.
No obstante, desde Europa nos llegan en estos días cinco buenas noticias cargadas de esperanza e inspiración para luchar contra la ultraderecha.
La primera, fue la aplastante victoria a inicios de febrero, del socialista António José Seguro en las elecciones presidenciales de Portugal. Obtuvo el mayor número de votos absolutos de la historia de una elección presidencial en ese país, consiguiendo el 66,8% de los sufragios; gracias al respaldo de miles de personas y figuras políticas incluso conservadoras, no socialistas, que expresaron su apoyo a este político moderado para derrotar a su oponente de extrema derecha.
La segunda buena noticia, se divide en dos. Primero fue hace unas semanas cuando el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, expresó una valiente posición de negarse a ceder las bases militares españolas para la guerra contra Irán, poniendo un alto a las pretensiones y amenazas de Trump y levantado la voz a favor de la paz, el diálogo y el derecho internacional para resolver los conflictos. Incluso, haciendo frente y asumiendo las consecuencias de la posición estadounidense de cortar relaciones comerciales por esta decisión. La segunda parte de esta buena noticia fue el cierre del espacio aéreo español a los aviones estadounidenses implicados en ataques contra Irán.
Sánchez lo dijo con contundencia:
El mundo ya ha estado aquí antes. Hace 23 años, otra administración de Estados Unidos nos llevó a una guerra injusta. La guerra de Irak generó un aumento drástico del terrorismo, una grave crisis migratoria y económica".
De Francia y la segunda vuelta de las elecciones municipales nos llega la tercera buena noticia, pues varias de las grandes ciudades del país permanecerán en manos de la izquierda. París ganada por el socialista Emmanuel Grégoire; Marsella logrando contener el arrollador auge de la ultraderecha del Reagrupamiento Nacional con su coalición de partidos progresistas, ganada por el alcalde Benoît Payan y, Lyon, manteniendo al mismo alcalde, el ecologista Grégory Doucet, que decidió pactar con el partido izquierdista de La Francia Insumisa. Además, el ex primer ministro Édouard Philippe conservó la Alcaldía en Le Havre.
Seguidamente, la cuarta buena noticia fue la derrota de Giorgia Meloni en el referéndum impulsado en Italia para doblegar a los jueces y debilitar la autonomía del Poder Judicial modificando la composición y las funciones del Consejo Superior de la Magistratura. Con un contundente 54% del “no” en las urnas, se frustraron los planes de la primera ministra para reformar la Constitución, frenando la erosión del Estado de Derecho que se está produciendo en Italia desde que asumiera su cargo en el 2022.
Y finalmente, la quinta buena noticia llega desde Eslovenia, pues el primer ministro europeísta y líder de una coalición de centro izquierda de tres partidos, Robert Golob, ganó las elecciones legislativas al confeso admirador de Trump, Janez Jansa.
De estos cinco ejemplos nos toca, además, extraer lecciones y aprender a enfrentar a esa ultraderecha que divide, destruye y ataca las bases mismas de la democracia, la convivencia y la diversidad.
Lo primero es formar lo que en España llaman “cordones sanitarios” y grandes coaliciones. Acuerdos entre partidos democráticos (izquierda y centroderecha) para no pactar con la ultraderecha y apoyar candidatos no extremistas en segundas vueltas. Uniendo fuerzas progresistas y moderadas como el caso de Brasil contra Bolsonaro.
Por otro lado, informar por todos los medios posibles advirtiendo y alertando sobre los riesgos que representa la ultraderecha para los sistemas democráticos y la fortaleza de las instituciones.
Pero, obviamente, lo principal es abordar las causas estructurales del auge de estos movimientos extremistas. Desde Gobiernos o Parlamentos, partidos políticos y sectores sociales, económicos y académicos deben plantearse propuestas realistas, técnicamente bien construidas desde la legalidad, la ciencia y la técnica para enfrentar los grandes retos y las grandes demandas ciudadanas en materia de empleo, seguridad ciudadana, educación, salud, vivienda, protección del ambiente y derechos humanos de poblaciones vulnerables.
En otras palabras, apostarle a verdaderas reformas desde la justicia social para resolver los grandes temas pendientes y reducir ese voto protesta que se inspira en resentimientos y divisiones.
Aunque la tarea no es sencilla, vale la pena intentarlo, porque el extremismo nunca es la respuesta.
