Hace algunas semanas, al iniciarse la guerra, publiqué en mis redes que si yo fuera presidenta no esperaría a que el estrecho de Ormuz se cerrara ni el mundo entrara en shock por la falta de gas y petróleo; gestionaría de inmediato los ámbitos que sí controlamos hoy, con la participación y energía ciudadana. Más de un mes después del primer ataque a Irán por parte de Estados Unidos e Israel, la incertidumbre sigue y el tiempo perdido es un lujo que no podemos permitirnos. Evaluar escenarios nunca será una pérdida de tiempo, es una oportunidad para rediseñar soluciones aplicables con o sin escalada.
Claro está que, como humanos, reaccionamos más bajo presión, y nosotros, tan latinos y ticos, con este empujón podríamos tachar varios pendientes de nuestra “lista país”.
- Soberanía energética con energía solar: decretaría instalar paneles en todos los techos y sistemas de micro-redes de almacenamiento masivo con baterías para consumo doméstico, proteger la producción nacional y compensar una subida drástica en la factura eléctrica. Con la Ley 10.086 de generación distribuida, la experiencia de empresas y cooperativas, la tecnología a buen precio y los espacios disponibles, solo falta voluntad política para poner los intereses del país sobre los de las distribuidoras y los empresarios petroleros.
- Gestión de residuos orgánicos como recursos: haría obligatoria la separación domiciliaria y comercial, con recolección segregada municipal también de residuos orgánicos. Cuando suban los precios de fertilizantes (derivados del petróleo), podríamos cubrir gran parte de la demanda agrícola con compost y biodigestores. La Ley 8839 de gestión de residuos está vigente, los emprendedores y universidades ofreciendo soluciones escalables; lo que falta es coordinación y decisión.
- Reciclaje de plásticos para la industria local: montaría una planta en alianza público-privada para abastecer al mercado nacional con resina reciclada. La Ley 8839 y la Estrategia Nacional de Economía Circular nos habilitan, tecnología hay; solo nos falta voluntad política y una mirada distinta para ver recursos donde antes solo veíamos residuos.
Bonus de los puntos 2 y 3: un alivio frente la crisis nacional de saturación de los rellenos sanitarios.
- Seguridad alimentaria para todos y todas: los precios de los alimentos seguirán al alza. Promovería huertas urbanas en casas, escuelas, condominios y empresas, ofreciendo incentivos a personas desempleadas, voluntarias y pensionadas. La Ley de Desarrollo, Promoción y Fomento de la Actividad Agropecuaria Orgánica ya nos da el marco legal; lo único que falta es voluntad política.
- La gran oportunidad de la industria de microalgas: usaría fondos de la cooperación internacional o la Banca para el Desarrollo para poner en marcha una gran planta nacional de microalgas, y así tener disponibilidad de alimentos para animales, suplementos para humanos, fertilizantes, cosméticos, tintas, farmacéuticos y tratamiento de aguas residuales. Contamos con la tecnología y las expertas con más de 20 años de trabajo desde la academia; necesitamos visión y decisión para escalarlo.
Con o sin conflicto armado, son cinco áreas en las que seguimos perdiendo valioso tiempo. Mientras tanto, sigo soñando con que el conflicto cese, llegue la paz a Oriente y el mundo y, Costa Rica recupere la cordura, la dignidad en su diplomacia y vuelva a pensar y actuar como un país soberano.
