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El país que limpia con voluntarios lo que otros ensucian

Cada vez que participo en jornadas de voluntariado ambiental en Costa Rica, la escena se repite: playas, ríos y barrios cubiertos por una cantidad alarmante de residuos. No son casos aislados; es una realidad constante que evidencia un problema ambiental y también cultural.

He participado junto a otros voluntarios en la recolección y clasificación de desechos, en colaboración con distintas instituciones vinculadas a la gestión ambiental. En estas jornadas es común encontrar grandes cantidades de basura en espacios públicos y naturales, muchas veces arrojadas sin ningún tipo de control.

También he observado prácticas preocupantes como lanzar residuos desde vehículos o abandonarlos en zonas verdes, conductas que con el tiempo se han ido normalizando.

Más allá del impacto ambiental, estas acciones reflejan una falta de conciencia sobre las consecuencias de los hábitos cotidianos. Mientras un grupo de voluntarios dedica su tiempo de forma gratuita a limpiar espacios públicos, el problema continúa generándose.

En algunos casos, estas iniciativas no siempre son comprendidas de inmediato por toda la comunidad, y pueden generar indiferencia o incomodidad. Sin embargo, el objetivo no es señalar, sino aportar a una cultura de responsabilidad compartida.

Este desafío no puede recaer únicamente en el esfuerzo voluntario. También requiere acciones más firmes, coordinación entre los distintos actores involucrados y una aplicación efectiva de las normas existentes.

Al mismo tiempo, es fundamental involucrar a la juventud en estos procesos. Los jóvenes no somos solo el futuro; también somos el presente, y queremos un país mejor. Participar activamente en la protección del ambiente es parte de construir el país que queremos.

El problema de los residuos no se resolverá con esfuerzos aislados. Se resolverá cuando cada persona entienda que su acción individual importa.

Porque el cambio no empieza en los discursos. Empieza en lo que hacemos o dejamos de hacer cada día.