Imagen principal del artículo: El océano no espera: de EarthX a las trincheras del mundo marino

El océano no espera: de EarthX a las trincheras del mundo marino

En un mundo atravesado por crisis simultáneas, climáticas, geopolíticas, económicas y sociales, todavía existen espacios donde la urgencia logra transformarse en acción. La reciente Conferencia de EarthX fue uno de esos espacios, no como un evento más en la agenda internacional, sino como una de las plataformas globales más relevantes donde convergen líderes ambientales, científicos, tomadores de decisión, inversionistas y organizaciones de la sociedad civil para abordar soluciones concretas frente al cambio climático, la transición energética, la conservación de la biodiversidad y, cada vez con más fuerza, la protección de los océanos como eje central de la estabilidad planetaria.

En ese contexto, la presencia de la “One Ocean Worldwide Coalition (OOWC)” no fue meramente protocolaria. Nuestra participación tuvo un rostro claro en el terreno, Alex Antoniou, uno de nuestros miembros fundadores de la coalición y representante de Fins Attached, quien asistió presencialmente en nombre de todas las organizaciones que conformamos esta alianza global, llevando nuestra voz, nuestras preocupaciones y nuestra experiencia directa a un espacio donde se están delineando muchas de las decisiones que marcarán el futuro ambiental del planeta. De manera complementaria, desde Costa Rica, quien escribe, desde For the Oceans Foundation, acompañó virtualmente este proceso, reafirmando que hoy la incidencia no reconoce distancias cuando existe claridad de propósito.

Porque cuando hablamos del océano, no estamos hablando de un tema sectorial o lejano, sino de la base misma de la vida en el planeta.

La OOWC no nace como una estructura tradicional ni responde a lógicas rígidas de organización. Surge, más bien, desde una convicción profunda: que los desafíos que enfrenta el océano no pueden ser abordados desde esfuerzos aislados ni desde agendas fragmentadas. A partir de seis organizaciones fundadoras, entre ellas For the Oceans Foundation, Fins Attached y Rob Stewar Sharkwater Foundation y Reserva Playa Tortuga, hemos ido construyendo una red que trasciende fronteras, integrando iniciativas, conocimientos y voluntades que convergen en una misma causa. No se trata de acumular nombres, sino de articular capacidades.

For the Oceans Foundation ha centrado su trabajo en tender puentes entre la comunicación estratégica, la incidencia política y la gobernanza marino-costera, entendiendo que la ciencia por sí sola no transforma realidades si no logra incidir en la toma de decisiones. Fins Attached, por su parte, ha desarrollado una labor clave en la protección de especies como los tiburones, posicionando su importancia ecológica en la agenda global a través de investigación, educación y campañas de alto impacto. Y Reserva Playa Tortuga representa con claridad el poder de la acción local sostenida, recientemente reconocida a nivel internacional por su trabajo en la protección de tortugas marinas, demostrando que el compromiso territorial puede tener repercusiones globales.

Este entramado de esfuerzos no es casual. Responde a una forma distinta de entender el ambientalismo, no como una suma de iniciativas dispersas, sino como un frente común que se fortalece precisamente en la diversidad de sus acciones. Porque si algo ha quedado en evidencia en los últimos años es que el océano no reconoce fronteras políticas, pero sí sufre las consecuencias de decisiones fragmentadas.

Uno de los ejemplos más concretos de este enfoque ha sido la reciente expedición que permitió avanzar en el establecimiento de un corredor marino entre la Isla del Coco y la Isla del Caño en Costa Rica. Durante un año de trabajo, se generó evidencia científica clave que respalda la necesidad de proteger rutas migratorias fundamentales para múltiples especies. Pero más allá del logro técnico, lo relevante es lo que representa,  la posibilidad real de traducir conocimiento en acción, de pasar del diagnóstico a la implementación, y de demostrar que la conservación marina puede ser efectiva cuando se articulan ciencia, voluntad política y cooperación.

En paralelo, proyectos como el de Playa Tortuga continúan recordándonos que la escala local no es menor. La protección de una playa de anidación, el trabajo con comunidades, la educación ambiental y la vigilancia constante son piezas fundamentales en un rompecabezas mucho mayor. Cada esfuerzo cuenta, y cada territorio protegido es una victoria frente a un contexto global que muchas veces parece avanzar en sentido contrario.

Persistir en la idea de que la crisis oceánica es un problema secundario, es a estas alturas, una forma de negación. El océano regula el clima, produce gran parte del oxígeno que respiramos y sostiene la seguridad alimentaria de millones de personas. Su deterioro no es un tema ambiental aislado, sino una amenaza directa a la estabilidad de nuestras sociedades. El calentamiento global, la acidificación, la sobreexplotación de recursos y la contaminación están erosionando silenciosamente los sistemas que hacen posible la vida tal como la conocemos.

Y sin embargo, el océano sigue estando subrepresentado en muchas de las decisiones globales. Por eso, estar presentes en espacios como EarthX no es un lujo ni una formalidad. Es una necesidad estratégica. Es entender que la conversación global sobre el futuro del planeta se está redefiniendo en torno a soluciones integradas, donde el océano ya no puede seguir siendo un actor secundario, sino un eje central de cualquier política seria de sostenibilidad.

Nuestra presencia, tanto física como virtual, responde a esa lógica. No se trata solo de asistir, sino de incidir, de conectar, de visibilizar y de posicionar temas que muchas veces quedan relegados frente a otras urgencias. Porque si el océano colapsa, ninguna de esas urgencias quedará intacta.

En ese camino, la OOWC ha optado por una ética de colaboración que no siempre es común. En un escenario donde incluso el ambientalismo puede fragmentarse por intereses, egos o limitaciones de financiamiento, hemos decidido construir desde otro lugar. Crecer, sí, pero con sentido. Sumar alianzas estratégicas que se sostengan en la confianza, la coherencia y el respeto mutuo. Entender que la única forma de enfrentar desafíos de escala planetaria es actuando en conjunto, sin protagonismos innecesarios y con una claridad profunda sobre lo que está en juego.

Como he señalado en más de una ocasión, “seguimos haciendo nuestros mayores esfuerzos desde nuestras propias trincheras, con herramientas muchas veces limitadas, pero con una convicción inquebrantable: la paz del océano es condición indispensable para la paz del planeta”. No es una frase retórica. Es una síntesis de lo que vivimos diariamente quienes trabajamos en este ámbito.

Porque la incertidumbre es real. Los desafíos son enormes. Y las condiciones no siempre son favorables. Pero claudicar no es una opción cuando lo que está en juego es la base misma de la vida.

El océano no espera. Y nosotros tampoco deberíamos hacerlo.