Informe de la UNA señala que estos destinos presentan enclaves turísticos exclusivos separados de comunidades locales.
Un informe del Observatorio de Turismo, Migraciones y Sustentabilidad de la Región Chorotega (Obtur) identificó un modelo de desarrollo turístico en Guanacaste caracterizado por la creación de enclaves exclusivos que coexisten con comunidades locales sin integrarse.
El análisis, centrado en destinos como El Coco, Nosara y Tamarindo, advierte que esta dinámica difiere de la gentrificación tradicional, ya que no implica desplazamiento directo, pero sí genera separación territorial y desigualdad.
El estudio determinó que en estas localidades existe una alta concentración de inmuebles destinados a alquileres temporales, principalmente a través de Airbnb.
Según los datos recopilados en temporada baja de 2025, se registraron aproximadamente 800 espacios en El Coco, 600 en Nosara y 1000 en Tamarindo, para un total cercano a 2400 propiedades entre apartamentos, condominios, habitaciones, villas y hoteles listados solo en dicha plataforma. Esta distribución coincide con las zonas de mayor desarrollo inmobiliario, lo que sugiere que el alquiler turístico constituye uno de los principales usos de estos espacios.
En El Coco, el informe señala que los nuevos desarrollos se ubican en sectores como playa Ocotal, Las Palmas y zonas elevadas, muchas de ellas antiguamente destinadas a actividades productivas o cubiertas por vegetación. Estos proyectos se construyen separados de las áreas donde reside la población local, lo que refuerza una división territorial.
El coordinador de Obtur, Esteban Barboza, comentó:
Al contrario de la gentrificación, en donde clases más pudientes venidas de otro lugar sustituyen a los habitantes locales por medio de la compra y remodelación de sus propiedades, en El Coco lo que observamos es la construcción de espacios nuevos que no tienen como fin ser residencias permanentes para recién llegados, sino que buscan generar dividendos a partir de su alquiler temporal a turistas”.

En el caso de Nosara, se da una concentración de espacios de alquileres temporales en los sectores de playa Guiones, las colinas circundantes con vista al mar frente a dicho sector, playa Pelada y en los alrededores del Proyecto Americano.
En estas dos últimas locaciones abunda la oferta de alojamientos en los alrededores de los límites del refugio de vida silvestre Ostional. Este refugio es noticia desde meses atrás por las polémicas acciones de desalojo contra residentes locales que ocupan esos espacios por generaciones.
Además se observa una cantidad mucho menor de hospedajes dedicados a alquileres temporales en el centro de Nosara, lo que confirma una tendencia ya notada en el Coco, y es que los lugares ya ocupados por habitantes locales no resultan tan atractivos como aquellos en donde anteriormente no había viviendas.

En Tamarindo el estudio también destaca que la mayor oferta de alojamientos se concentra en los alrededores de la playa y las colinas circundantes, precisamente donde tradicionalmente se ha ubicado la oferta de alojamientos turísticos.
A pesar de que existen alojamientos en sectores como Villarreal, Santa Rosa y Huacas, caseríos habitados principalmente por trabajadores locales, la oferta es considerablemente menor si se compara con la playa y sus alrededores.

En El Coco, Nosara y Tamarindo existe un claro límite entre los territorios dedicados a este tipo de alquileres y aquellos en donde viven permanentemente las personas que habitan y suplen con su fuerza de trabajo el sistema turístico local, puntualiza la información.
El investigador detalló:
Privilegian ubicaciones cercanas al mar o en colinas con vista al océano, en general alejadas de los centros de población, configurando un modelo orientado hacia la exclusividad”.
Este tipo de desarrollo inmobiliario, a partir de las ubicaciones que procura colinas frente al mar o alrededores, búsqueda de exclusividad y lujo, provoca un impacto ambiental sistémico que requiere ser estudiado con las herramientas adecuadas, señala el estudio.
"Este impacto ambiental es en parte nutrido por la escasa o nula planificación de dónde y cómo se construyen estas viviendas, más allá de lo que dictan imaginarios hegemónicos paisajísticos o arquitectónicos, o de la medición de la capacidad del territorio para hospedarlas", alerta el estudio.
Barboza detalló que esta forma de territorialización no provoca en sí el desplazamiento o la expulsión de la población local; más bien, genera mayores niveles de desigualdad y exclusión de ciertos grupos que, aunque permanecen en el sitio, quedan al margen de las nuevas dinámicas.
