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El bullying infantil se alimenta del silencio y amplifica su impacto en redes sociales 

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Niños desde los 8 años ya están expuestos a dinámicas de exclusión y agresión en entornos digitales.

Cada mes, uno de cada tres alumnos sufre acoso escolar en todo el mundo. Más del 36 % de los estudiantes se ve envuelto en peleas físicas con sus compañeros y casi uno de cada tres ha sido agredido físicamente al menos una vez al año. Además, el ciberacoso es un problema cada vez mayor que afecta a uno de cada diez niños.

Estos datos actualizados de la UNESCO ponen en evidencia que el bullying ya no termina cuando los niños salen de la escuela, sino que la agresión se traslada a los celulares, redes sociales y videojuegos, convirtiéndose en una forma de violencia constante que acompaña a muchos menores incluso dentro de sus propios hogares.

En el marco del Día Internacional contra el Bullying y el Ciberbullying, que se conmemora cada 2 de mayo, la Fundación Casa de los Niños hace un llamado a visibilizar y prevenir esta problemática, que afecta a niños cada vez más pequeños y se extiende a los entornos digitales.

Las cifras en Costa Rica reflejan la magnitud del problema. La Sección Penal Juvenil del OIJ indica que las denuncias ingresan en mayor cantidad con el inicio del curso lectivo. Por ejemplo, en San José, entre febrero y julio de 2024 se recibieron 566 denuncias, y aproximadamente el 50 % de ellas estuvieron relacionadas con hechos de bullying.

Hoy el bullying no se apaga: se lleva en el bolsillo, y es un fenómeno que ha cambiado de forma significativa en los últimos años.

“Antes el niño encontraba un espacio seguro al llegar a casa. Hoy la agresión lo sigue en el teléfono. Eso aumenta la ansiedad y la sensación de no tener salida. Además, el silencio sigue siendo el principal cómplice, ya que muchas víctimas no denuncian por miedo, vergüenza o temor a represalias”, explica Catalina Chaves Fournier, psicóloga y directora de la Fundación Casa de los Niños.

Una violencia que se vuelve invisible

Uno de los cambios más preocupantes es la edad de inicio. Niños desde los 8 años ya están expuestos a dinámicas de exclusión y agresión en entornos digitales.

Además, el ciberbullying actual no siempre es evidente. Puede manifestarse mediante:

  • No responder mensajes de forma intencional.
  • Excluir a un niño de grupos digitales.
  • Compartir contenido sin consentimiento.
  • Burlarse mediante memes o comentarios en redes.

Se trata de formas de violencia silenciosa, pero constantes, que muchas veces pasan desapercibidas para adultos y docentes.

Impacto psicológico: cuando no hay escape

El acoso continuo puede generar consecuencias importantes en la salud emocional de los niños, como ansiedad e irritabilidad, aislamiento social, baja autoestima y rechazo a asistir a la escuela.

“Cuando la agresión ocurre frente a otros y además se replica en redes, el daño emocional se amplifica. El niño siente que todos lo ven y nadie lo detiene”, señala Chaves.

¿Qué está provocando este aumento? La experiencia adquirida por los docentes y psicólogos de la Fundación Casa de los Niños identifica varios factores que están impulsando el crecimiento del bullying y el ciberbullying, entre ellos: acceso temprano a tecnología sin acompañamiento adulto, falta de educación emocional en entornos digitales, normalización del acoso como parte de la convivencia y participación pasiva de testigos que observan, pero no intervienen.

De acuerdo con Catalina Chaves, la prevención debe ser activa, temprana y compartida.

En casa se debe conversar frecuentemente sobre lo que ocurre en redes sociales, acompañar el uso del celular y de las plataformas digitales, validar lo que el niño siente y detectar cambios de conducta o estado de ánimo. En la escuela se debe trabajar la convivencia desde lo emocional, no solo desde lo disciplinario; identificar señales de exclusión dentro del grupo, generar espacios seguros de denuncia y actualizar protocolos frente a la violencia digital”.

Añade que uno de los factores más efectivos para prevenir el acoso es la relación entre adultos y niños. “Un niño que se siente escuchado tiene más probabilidades de pedir ayuda. La prevención no empieza con reglas; empieza con el vínculo”, concluye Chaves.

Para la Fundación Casa de los Niños, enfrentar esta realidad implica comprender que el bullying ya no es solo escolar: es digital, constante y cada vez más temprano. Por ello, la prevención requiere una respuesta conjunta de familias, centros educativos y sociedad.