La idea de Costa Rica como "país verde" es un lema que debemos de iniciar a cuestionar. Vivimos en un país reconocido a nivel mundial por su biodiversidad ecológica, sus energías "limpias" y por ser el destino perfecto para unas vacaciones en la naturaleza. Tenemos, en el artículo 50 de nuestra Constitución Política, el derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, un Ministerio de Ambiente, comisión legislativa de ambiente, así como leyes y reglamentos destinados a regular y proteger la flora y fauna en el país.
En fin, a lo que voy con esto es que existe un paralelismo en lo que atañe a este país: parece ser que, de las fronteras para afuera, somos un país ambientalista que tiene dentro de sus prioridades el respeto por la biodiversidad. Por otro lado, y en conmemoración del 24 de abril de 1970, haciendo memoria histórica, leyendo el periódico o viendo las noticias cada cierto tiempo, podemos observar la mercantilización voraz que nuestro país tiene con la naturaleza. Tal y como cuando se quería concesionar, en el gobierno de José Joaquín Trejos, grandes partes de nuestro territorio a ALCOA para la extracción de bauxita, con condiciones pésimas para nuestro ambiente y economía, extractivismo puro y duro.
Más allá de ser un recurso apreciado como parte de nuestra cultura, es un activo que juega un rol en el mercado y que genera ingresos. Si bien, generar ingresos derivados de la naturaleza no está mal, sí empieza a estarlo cuando es en detrimento de ella.
Existen cientos de casos y ejemplos para denotar que no solo es una especulación lo aseverado previamente: casos como la erosión y pérdida de los cauces del Río Frío debido a la minería no metálica; hoteles millonarios en Guanacaste que construyen sobre manglares (ilusamente, debido a que donde hubo un manglar siempre habrá manglar); permisos dudosos de SETENA (caracterizada por su silencio ante crisis ambientales y cuestionamientos sobre permisos y autorizaciones sin estudios previos); el auge de los tajos; y, lo que ahora está de moda, las villas de lujo en la ZMT, bajo régimen de concesión.
Hemos llegado al punto en donde ahora resulta rentable políticamente proponer minería a cielo abierto y exploración de gas natural, actividades que claramente tienen riesgos ambientales ante una especulación de ingreso.
Estamos en un momento donde la Costa Rica verde es solo una fachada, donde quizás el gobierno y las empresas se tachan de ecologistas por tener una Bandera Azul o el sello de Esencial Costa Rica.
La flora y la fauna de nuestro país nos necesitan. Compartimos país con ellas; debemos protegerlas de nosotros mismos. Ahora más que nunca es peligroso, porque se relega lo ambiental a un segundo plano en nombre de consignas tales como el "desarrollo sostenible" o el "progreso económico".
Como ciudadanos, tenemos el poder y la obligación de proteger y vigilar nuestros bosques, ríos, playas, mares, montañas, volcanes y todo otro lugar que nos fue entregado antes de iniciar a llenar de concreto nuestra tierra.
