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Conectar una nación

Costa Rica, un paraíso en la tierra, esa nación distinta a las demás, de ritmo pausado y con una cualidad humana que enamora. En diversas ocasiones he volado lejos de mi patria intentando conocer todo aquello que se exalta más allá de sus fronteras. Tras tener la dichosa oportunidad de conocer el mundo, he desarrollado un fuerte rechazo a la costumbre de despreciar al país, sin embargo, un ruidoso tema ocupa mi mente.

Nuestro edén personal tiene un problema: sus ciudades, en general, fallan, y creo que se relaciona directamente con su ejecución de transporte. Conectar una nación no es suficiente; si se desea utilizar las iniciativas de transporte público como motores de progreso, se debe entender totalmente la cultura de diseño urbano que estancó al país y evitar su perpetuación, que puede reducir o anular el impacto de los nuevos proyectos.

En 2024, investigadores británicos publicaron un excelente reporte evaluando los daños que causan los vehículos motorizados. Este menciona: consumo de espacio, poca accesibilidad, choques, emisiones, extracción de recursos, superficies impermeables, entre otros. Los siguientes párrafos abarcarán argumentos personales, vinculando o mencionando fuentes con el fin de ofrecer puntos de inicio para aquellos que deseen seguir la línea de pensamiento aquí presentada, demostrando las bases de lo expuesto evitando verborrea.

Los que sufren el mayor impacto son los que rodean los vehículos, no los que los habitan. Cada decisión tomada al cruzar la calle nos aleja o acerca a la muerte, pero el automóvil no solo ataca directamente, su juego es prolongado. Gran parte del mundo vivirá menos y peor a raíz de los contaminantes generados durante la vida útil y manufacturado de cada ejemplar. La industria respondió con el vehículo eléctrico, y aunque ofrece grandes mejoras, las llantas contaminan, las pinturas contaminan, las carreteras en sí contaminan; en la ausencia de combustión permanecen un millar de actores igual de dañinos.

Especialmente relevante para Costa Rica, el reporte menciona que el desarrollo esparcido y la infraestructura con superficies impermeables, consecuencias del auto centrismo, son principales fuentes de reducción de biodiversidad y alteración de ecosistemas; incrementando también la posibilidad y costo de los incendios forestales y las inundaciones.

Somos seres sociales y la infraestructura vial nos aparta, colaborando al aislamiento del joven actual, a la general epidemia de sedentarismo y a la inaccesibilidad; el que no tiene carro no se mueve. Hasta los propios conductores enemistan a todos los demás vehículos en la calle; nadie quiere estar cerca del flujo vial. En general, las ciudades no son desagradables, los carros lo son.

La cultura alrededor del automóvil evidencia resignación, existe consenso con respecto a las medidas en contra del cigarro, pero no con aquellas en detrimento de los autos, que son líderes en la contaminación del aire. Vistos como un mal inevitable, han condicionado la toma de decisiones por décadas con enfoques que evitan incomodar a los conductores. Aquellos que amasaron sus fortunas vendiendo mercancías relacionadas al automóvil han gastado millones garantizando que sus productos permanezcan necesarios, la dependencia del carro fue diseñada, no inevitable.

París es un excelente ejemplo de los beneficios que tiene reemplazar el asfalto, y no es el único, considero que Utrecht es un caso espectacular, Amsterdam es punta de lanza, Oslo experimenta cambios constantes, Barcelona ha redefinido su excelente geometría, Seúl triunfó ante las dudas, Nueva York está recuperando Broadway y hasta Los Ángeles lentamente replica el éxito de los mencionados y todos los demás no nombrados. Los réditos no son exclusivamente sociales, distanciarnos de tales máquinas trasciende lo cultural y alcanza lo económico.

La infraestructura automovilística es ridículamente cara, los choques generan pérdidas millonarias, la congestión colapsa nuestro país y es común ver tiendas con estacionamientos desproporcionadamente masivos, vacíos la mayor parte del tiempo. Al ser insuficientes los beneficios, la sociedad está subsidiando un método de transporte ineficiente y dañino.

Construir ciudades dependientes del automóvil es financieramente inviable. Por cada kilómetro de calle, se añade un kilómetro extra de tendido eléctrico, aceras y tuberías, y servicios básicos como recolección de basura, transporte y atención a emergencias sufren incrementos de costos y ralentización. Adicionalmente, es más sencillo perpetuar un negocio en presencia de elevado transito pedestre, lo que impulsa la economía y la recaudación municipal. Tanto los carros, como los barrios que los prefieren, son subsidiados.

Los automóviles no justifican sus desventajas, el escrito británico muestra sus ineficiencias, son utilizados en aplicaciones que no les corresponden. En un país tan congestionado como Costa Rica, un tren de pasajeros decente sería capaz de movilizar más personas de forma más consistente, y los tranvías, capaces de operar a través de bulevares (que motivan el cuido de las fachadas), combinarían eficiencia con urbanismo humano. La situación del transporte de carga en la nación es la más absurda, una correcta implementación intermodal con extensas líneas ferroviarias removería miles de vehículos de las calles y permitiría la utilización adecuada de cada medio.

Así como más vías no solucionan la congestión, construir alternativas sin que la planificación entera apunte en la misma dirección entorpece sus efectos. Algunas políticas mencionadas por el reporte que reducen la autodependencia son: remoción de parqueos en vías y comercios, construcción de áreas libres de carros, impulsado de proyectos de uso mixto y motivación del uso de bicicletas. Personalmente añadiré organización intermodal del transporte y la colocación de estaciones en focos urbanos, aunque podría decir mucho más.

El automovilismo prometió aniquilar la distancia, cambió cómo nos conectamos, convirtió el desplazamiento remoto en una actividad accesible y se tornó en una parte esencial de la red de transporte de bienes; en algún punto fue visto como el futuro del movimiento, lo que causó una implementación excesiva que terminó desconectándonos. Tras conocer ciudades ejemplares puedo concluir que las zonas son infinitamente mejores en ausencia de autos y, aunque plagan Costa Rica, podemos convertir las nuestras en sitios centrados en el humano, más estrechos, naturales y cómodos, el daño no es irreversible.