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Bacterias multirresistentes crecen en el río Virilla bajo la amenaza de pasar a humanos y animales

Río Virilla se perfila como una potencial “bomba de tiempo” por su alta presencia de bacterias resistentes, señala investigación liderada por la UCR y la UNA.

El río Virilla, que en el pasado fue una fuente directa de agua para uso humano según documenta la Revista Herencia de la Universidad de Costa Rica (UCR), ahora ya no solo figura entre los cuerpos de agua más contaminados de Latinoamérica, sino que también se perfila como una potencial “bomba de tiempo” por su alta presencia de bacterias resistentes.

Así lo advierten cuatro estudios científicos liderados por la Universidad de Costa Rica (UCR) y la Universidad Nacional (UNA), efectuados mediante la coautoría con el Centro Nacional de Alta Tecnología (CeNAT), la Universidad de Oslo (Noruega) y el Instituto Leibniz de Ecología Acuática de Berlín (Alemania).

De acuerdo con Kenia Barrantes Jiménez, una de las investigadoras a cargo y científica del Instituto de Investigaciones en Salud (Inisa-UCR), los análisis permitieron identificar un total de 65 genes de resistencia en el río Virilla, cuya cantidad y distribución varía según la bacteria.

Por ejemplo, una de las bacterias encontradas presentó doce genes de resistencia, lo que potencialmente le podría conferir protección simultánea a doce sustancias distintas.

Cada gen de resistencia le da a la bacteria la capacidad de sobrevivir a uno (o varios) tipos de antibióticos o sustancias que, en principio, debería matarla.

El hecho de que se hayan identificado más de 60 genes de resistencia implica que las bacterias estudiadas en el río Virilla ahora no tienen un único escudo de protección, sino que están empezando a generar toda una armadura que les permite sobrevivir a múltiples fármacos y otros compuestos, como a los desinfectantes, de manera simultánea.

La amenaza latente

Pero, ¿cuál es el peligro de esto? Desde la UCR indicaron que el peligro en este problema radica en la probabilidad de que las bacterias resistentes lleguen al ser humano, causen enfermedad y no haya medicamentos disponibles para afrontarlo.

Barrantes detalló que hace al menos 10 años saben que en el ambiente hay reservorios importantes de genes de resistencia a los antibióticos y con este trabajo lo evidenciaron, por primera vez, en el río Virilla.

Mucho de esto tiene que ver con la poca inversión en saneamiento. En los Tajos, por ejemplo, que es una planta de tratamiento en la cual trabajamos —y que cubre más de un millón de personas en el gran área metropolitana—, no pasa el tratamiento primario”.

Agregó:

Lo más pequeño (microscópico) sale al río Torres, que llega al Virilla y luego todo eso culmina en el océano Pacífico”.

Los investigadores desconocen si las bacterias multirresistentes del río Virilla ya llegaron al ser humano y lo están enfermando, ya que no hay cifras o estudios al respecto. Lo que sí se sabe, es que estos estudios revelan un escenario fértil para que esto suceda, advierten.

Keilor Rojas Jiménez, docente de la Escuela de Biología de la UCR y otro de los investigadores explicó que las bacterias multirresistentes en el río estudiado brindan el escenario ideal para que se dé una posible transferencia de estos genes resistentes a bacterias patógenas, que causan enfermedad en los seres humanos.

Si ocurriese una transferencia de genes resistentes a las bacterias patógenas, esto reduciría la cantidad de antibióticos disponibles en caso de infecciones en humanos, un problema que ya se está viviendo a escala global, ampliaron los científicos.

De acuerdo con la última Revisión de la Resistencia Antimicrobiana del Reino Unido, a nivel internacional la resistencia de las bacterias está generando el fallecimiento de casi 700 000 personas cada año en el mundo.

En ese campo, Costa Rica no es la excepción. En enero del 2024, José Arturo Molina Mora, microbiólogo de la UCR, aseguró que el país está entre los países con los niveles más graves de bacterias resistentes.

Así, si los genes de resistencia hallados en el río Virilla llegasen al ser humano, podrían hacer que las infecciones comunes se vuelvan más difíciles de tratar, lo que representaría una amenaza directa para la salud pública nacional.

Rojas comentó:

Realmente, hay un riesgo muy alto para las personas, pero también para el ambiente, los animales y las poblaciones acuáticas que viven ahí”.

Un ejemplo cercano ya fue identificado por las y los científicos en la cepa de la bacteria Escherichia coli, un microorganismo muy común que habita el tracto intestinal de los animales y los humanos, la cual puede ocasionar fuertes cuadros diarreicos.

María Arias Andrés, investigadora del estudio e integrante del Instituto Regional de Estudios en Sustancias Tóxicas de la Universidad Nacional (IRET-UNA), indicó que también existe la posibilidad de que la fauna se vea afectada al entrar en contacto con estas aguas llenas de bacterias resistentes.

Estamos poniendo a la fauna en contacto con sustancias que, de otra forma, no tendrían. Un mono no se pone un tratamiento antibiótico, ni usa un plaguicida, ni consume plástico. Entonces, de alguna forma, también se está generando una situación en la que estamos alterando a los animales, con consecuencias para la interacción también de ellos con nosotros".

Esto podría dar paso a zoonosis (transmisión de enfermedades desde los animales hacia las personas), ahondó Arias.

Un caldo vivo de cultivo

La resistencia de las bacterias surge porque, en primer lugar, se vincula a la alta presencia de contaminantes químicos y biológicos en el río Virilla.

La segunda razón está oculta en el ADN. Muchas bacterias que sobreviven a los antibióticos y otras sustancias no solo se vuelven más fuertes, sino que también pueden compartir su nueva fortaleza con otras bacterias. Este intercambio ocurre gracias a pequeñas moléculas de ADN llamadas plásmidos.

Ahora, con los hallazgos, para las y los especialistas el siguiente paso es fortalecer la política pública existente, para que no solo permita una mejor gestión del tratamiento de las aguas residuales, sino que también ayude a frenar la propagación de bacterias multirresistentes.