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A la memoria del Arquitecto, y por el respeto a nuestro pasado

Como historiadora y, sobre todo, como oreamunense que camina por las mismas calles que vieron nacer al "Arquitecto de la Patria", me es imposible pasar por alto las recientes declaraciones del presidente Rodrigo Chaves. Hay momentos en que la retórica política cruza la frontera de la simple analogía para adentrarse en el terreno de la desmemoria histórica, y comparar a su sucesora con don Braulio Carrillo Colina es, por decir lo menos, un acto de audacia que raya en el desconocimiento de lo que realmente significó forjar esta nación.

No sé qué me genera más desazón: si la ligereza de la comparación o la preocupante simplificación de nuestra historia para fines de conveniencia política.

El peso de una herencia de hierro

Braulio Carrillo no fue un gestor de "eficiencia" en el sentido moderno y empresarial que hoy se pretende dar al término. Carrillo fue el hombre que, en medio del caos post-Independencia, cuando Costa Rica era apenas un experimento frágil amenazado por el localismo y la anarquía, decidió que seríamos un Estado, no una aldea dispersa.

Donde “La Guerra de la Liga” (1835), no fue un debate presupuestario; fue un conflicto civil donde Carrillo tuvo que someter el separatismo de Cartago, Heredia y Alajuela para centralizar el poder en San José. Y la Ley de Bases y Garantías (1841), no fue una reforma administrativa, sino una ruptura total que lo convirtió en gobernante vitalicio y de facto para imponer el orden jurídico y económico que el país necesitaba para sobrevivir.

¿Es esto lo que el presidente vislumbra para el siglo XXI? Porque la figura de Carrillo es inseparable de su carácter autoritario y su mano de hierro. Invocar su nombre para validar una transición democrática contemporánea es ignorar que Carrillo operaba en un vacío institucional que él mismo tuvo que llenar con sangre, sudor y decretos implacables.

La eficiencia no es el único legado

El presidente Chaves menciona que Laura Fernández podría "reconfigurar" el Estado para hacerlo "nuevo y más eficiente". Sin embargo, reducir a Carrillo a un simple "optimizador de procesos" es un insulto a su visión estadista.

Carrillo organizó la Hacienda Pública cuando no había ni un centavo en las arcas. Fomentó el cultivo del café como el motor que nos sacó de la miseria colonial. Abolió el diezmo y enfrentó a potencias extranjeras. Su legado es el de la soberanía absoluta. Carrillo no buscaba que la "plata alcanzara más" en una partida de gasto; buscaba que el país tuviera una razón de existir y los medios legales para defender su propiedad privada y su autonomía.

El peligro de la comparación burda

Resulta indignante que se pretenda usar la figura del Benemérito de la Patria como un amuleto de buena suerte para una gestión venidera. El contexto de 1835 y el de 2026 son galaxias distintas. En el siglo XIX, Carrillo era la respuesta a un país que no sabía si llegaría a la próxima década; hoy, Costa Rica es una democracia consolidada que no necesita de "hombres fuertes" o "reconfiguradores totales", sino de respeto a la institucionalidad que, irónicamente, Carrillo empezó a edificar.

Como coterránea de don Braulio, me duele ver su imagen reducida a un eslogan de "eficiencia". Carrillo fue un hombre complejo: visionario, sí, pero también implacable y, para muchos de sus contemporáneos, un dictador necesario. Su soledad al final de sus días, asesinado en El Salvador, es el recordatorio del alto precio que pagó por darnos un Estado.

Un llamado al respeto histórico

Señor presidente, doña Laura Fernández tendrá sus propios méritos y desafíos, pero no será la "Braulio Carrillo del siglo XXI". Nadie puede serlo, porque Carrillo es irrepetible y su tiempo fue el de la fundación, no el de la administración de turnos.

Respetemos la historia. No la utilicemos para barnizar de grandeza tareas que son meramente burocráticas. A don Braulio se le estudia con respeto, se le analiza con ojo crítico y se le honra con la verdad, no con comparaciones que solo demuestran lo lejos que estamos de comprender la magnitud del esfuerzo que tomó construir esta República.d