Desde Ariel Robles citando "Lo que le pasó a Hawaii" en la Asamblea Legislativa hasta abuelos bailando "BAILE iNoLVIDABLE" con sus nietos, el álbum lanzado por Benito Ocasio Martínez a inicios del 2025 se ha convertido en emblema de la cultura latinoamericana contemporánea.
La obra musical de Bad Bunny, a pesar de tener un éxito mundial muy importante y de lograr introducir a muchas personas a los ritmos del reggaetón y la salsa, sigue siendo un proyecto muy propio de la cultura puertorriqueña. Podemos observar referencias a distintos músicos nativos de la isla, como Willie Colón o Johnny "El Bravo", a lo largo del disco; de esta forma, Benito rinde homenaje a los artistas que surgen de un contexto de tensión política y crisis social: artistas que llegan a reafirmar la cultura e identidad de Puerto Rico en momentos de gran necesidad de fortalecer el tejido social. Este disco demuestra que, nos guste o no la música de Bad Bunny, el valor social y cultural que tiene la obra en la cultura puertorriqueña ha reivindicado su identidad y unificado, en cierta medida, a una sociedad alguna vez polarizada.
Por esto creo que en Costa Rica nos urge una explosión cultural de la magnitud de "DeBÍ TiRAR MáS FOToS". Después de cuatro años muy intensos a nivel político y social, que tuvieron como punto más álgido las elecciones del primero de febrero, noto a la sociedad costarricense sumamente desgastada, polarizada y todos los demás términos que hemos escuchado mil veces en redes sociales y medios de comunicación. Siendo una persona joven —y según me cuentan, tampoco los mayores— nunca había sido testigo de este nivel de tensión, agresividad y violencia entre costarricenses, entre compatriotas que deberían tener un horizonte común. Costa Rica necesita un álbum, una película, una sola canción, un show televisivo que no sea ni "canalla" ni "chavista" ni conservador ni progresista, que sea costarricense y logre que nos sentemos en un cine, en la sala de la casa o en una banca de la calle, y nos haga sentir costarricenses, al más puro estilo de la Sele en 2014.
Pero, ¿de quién es la culpa de que no hayamos tenido esa reivindicación cultural que tanto nos urge? ¿Será del artista? ¿O quizá del consumidor? No lo sé y no creo que nadie tenga una respuesta clara; más bien, siguiendo la tendencia de polarización, todos se tirarían la culpa entre sí. En fin, necesitamos a alguien que entienda de dónde venimos y hacia dónde vamos, y que lo convierta en un proyecto generacional que reafirme quiénes somos y cómo deberíamos tratarnos.
