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Zonas Francas y el 85% olvidado: el desafío no es atraer, es transmitir

En una reciente comunicado de prensa sobre la propuesta de valor de Azofras para 2026, se destacan prioridades como tipo de cambio, reducción de costos, talento humano y seguridad jurídica para fortalecer el régimen de zonas francas. Todas son variables relevantes. Pero todas comparten una característica: son condiciones del entorno. Ninguna aborda el problema estructural más importante del país.

En Costa Rica, el régimen de zonas francas representa cerca del 15% de la economía, pero explica una proporción mucho mayor de las exportaciones, la inversión extranjera directa (IED) y el empleo formal de alta productividad. Es, sin duda, el motor más dinámico del país. Sin embargo, el verdadero desafío económico no está en ese 15%, sino en el 85% restante: la economía doméstica que no logra capturar plenamente los beneficios de ese dinamismo.

La pregunta relevante no es cómo hacer más competitivo al régimen, sino cómo convertirlo en un verdadero sistema de aprendizaje para el resto de la economía.

El primer mecanismo es la interacción productiva de calidad entre empresas multinacionales y proveedores locales. No basta con encadenamientos productivos medidos en montos de compra. Lo que importa es el contenido de esas interacciones. ¿Se transfieren estándares? ¿Se comparten procesos? ¿Se aprende haciendo? En la práctica, muchos proveedores locales participan en relaciones transaccionales, pero no en procesos de aprendizaje. La política pública debe pasar de medir compras a medir aprendizaje.

El segundo mecanismo es la adopción estratégica de inteligencia artificial (IA) como herramienta de difusión de conocimiento. Las empresas de zonas francas ya operan con altos estándares tecnológicos. La pregunta es cómo ese conocimiento se traduce y se transfiere. La IA permite algo nuevo: reducir las asimetrías de información al traducir conocimiento especializado a usuarios no expertos. Pero esto no ocurre automáticamente. Requiere que las empresas del régimen actúen como nodos activos de difusión, promoviendo buenas prácticas, capacitación y uso avanzado de herramientas digitales en sus cadenas de valor.

Aquí aparece un punto crítico: la calidad de la interacción. No todas las empresas ni todos los trabajadores usan la IA de la misma manera. Aquellos con mayor capital humano y mejores incentivos a aprender generan más valor. Por eso, el desafío no es solo acceso a tecnología, sino calidad en su uso. Sin este componente, la IA puede incluso amplificar brechas en lugar de cerrarlas.

El tercer mecanismo es la movilidad de talento. Parte importante del conocimiento en las zonas francas es tácito: está en las personas. Sin movilidad laboral hacia empresas locales o emprendimientos propios, ese conocimiento no se difunde. Políticas que faciliten la circulación de talento, sin debilitar la competitividad del régimen, pueden tener efectos multiplicadores sobre la productividad del resto de la economía.

El cuarto mecanismo es la estandarización de señales productivas. En mercados con asimetría de información, como enseñó Michael Spence, las señales importan. Las empresas de zonas francas operan bajo estándares internacionales de calidad, cumplimiento y trazabilidad. Si estos estándares se extienden, formal o informalmente, hacia proveedores locales, se eleva la capacidad del país para competir globalmente. El problema no es solo producir, es demostrar que se produce bien.

El quinto mecanismo es la redefinición de los incentivos. Hoy, el régimen está diseñado para maximizar exportaciones y empleo dentro del 15%. No está diseñado para maximizar aprendizaje en el 85%. Esto no es un error, es una consecuencia natural del modelo. Pero es posible complementarlo. Por ejemplo, mediante incentivos a programas de desarrollo de proveedores, transferencia tecnológica o capacitación compartida, donde el beneficio no se mida solo en producción, sino en capacidades generadas.

El punto central es este: los encadenamientos no garantizan aprendizaje. La inversión no garantiza spillovers. El crecimiento del 15% no garantiza el desarrollo del 85%.

La transformación real ocurre cuando existe un mecanismo que permita que el conocimiento fluya, se interprete y se utilice eficazmente en toda la economía.

Costa Rica ya resolvió cómo atraer inversión. Ese problema está resuelto. El siguiente paso, mucho más complejo, es cómo transformar esa inversión en un proceso de aprendizaje colectivo a nivel país.

El futuro no se define por cuánto produce el 15%. Se define por cuánto aprende el 85%.