El cáncer sigue siendo una de las principales causas de mortalidad en el mundo; sin embargo, los recientes avances muestran que estamos ante una oportunidad histórica para transformar su impacto. La evidencia internacional demuestra que los Planes Nacionales de Control del Cáncer (PNCC) bien diseñados —con financiamiento claro, objetivos medibles y estrategias integrales— pueden reducir significativamente la mortalidad, mejorar la calidad de vida y generar beneficios económicos sostenidos.
El retorno de inversión es contundente: las estrategias de detección temprana y tratamiento pueden generar entre 2 y 7 dólares por cada dólar invertido, a la vez que se podrían prevenir más del 12% de las muertes globales por cáncer. Sin embargo, persisten desafíos: muchos países aún carecen de presupuestos completos, datos robustos o infraestructura diagnóstica suficiente para implementar sus planes con impacto real.
En América Latina, la mayoría de los países han avanzado en la formulación de estrategias, pero las brechas en acceso, financiamiento y calidad de atención siguen siendo profundas. Esta inequidad limita la capacidad de la región para beneficiarse plenamente de innovaciones que están revolucionando la oncología, como la medicina de precisión, los anticuerpos conjugados y otras terapias avanzadas.
La solución es clara y consiste en fortalecer los PNCC, invertir en datos confiables, modernizar la infraestructura sanitaria y garantizar acceso equitativo a la innovación. Nada de esto se logra en soledad. Requiere colaboración entre gobiernos, academia, sector privado, organizaciones de pacientes y organismos multilaterales.
En Costa Rica, las autoridades de salud trazaron una ruta mediante el Plan Nacional para el Control del Cáncer (2024-2030). En ese documento se indica como objetivo trabajar en la prevención de esta enfermedad, promover la salud pública y de esa forma brindar un acceso oportuno de los pacientes a los servicios de salud.
El plan establece como estrategias la detección temprana del cáncer, promover hábitos saludables dentro de la población, mejorar el acceso de las personas a tratamientos efectivos, invertir en tecnología, realizar campañas de prevención y establecer una efectiva colaboración entre todas las instituciones.
Por su parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señaló que el cáncer en Costa Rica es un desafío importante para la salud pública, ya que es la principal causa de mortalidad. Una de cada seis muertes prematuras (antes de los 75 años) se debe a esta enfermedad.
La OCDE indicó que el país necesita actuar en prevención y el cuidado del cáncer con el fin de reducir la carga sanitaria, económica y social que produce.
Mejorando la detección temprana, el diagnóstico y tratamiento, se podría prevenir una de cada tres muertes prematuras por cáncer y se aumentaría la esperanza de vida media de la población en siete meses.
La atención oncológica centrada en las personas requiere una transformación profunda y multifacética. Cada experiencia con el cáncer es única, por lo que es necesario ver a la persona más allá de la enfermedad, no solo como un paciente.
Un enfoque centrado en la persona en la atención del cáncer, que integra plenamente las necesidades únicas de cada individuo, conduce a los mejores resultados en salud. De ahí el reconocimiento de la medicina de precisión como aporte a la ciencia oncológica y a la calidad de vida de los pacientes.
El futuro del control del cáncer hoy es más prometedor que nunca, pero dependemos de la capacidad de los países para transformar esa innovación en políticas públicas financiadas, sostenibles y centradas en el paciente. Con voluntad política y planificación inteligente, la región puede avanzar hacia un sistema oncológico más equitativo, moderno y efectivo.
