Imagen principal del artículo: Retratos  #2

Retratos  #2

— Está paralizada en el semáforo, viendo al frente sin ver nada. En el regazo lleva los papeles del divorcio que le llegaron hoy al trabajo, en un sobre de manila con su nombre y el membrete del abogado del esposo… bueno, del ex. Se los trajo a la casa para verlos toda la noche. Para llorarlos. Sabe que los va a firmar, lo sabe desde hace años, pero tener el final de una etapa en esas hojas le corta la respiración. Le pitan para que avance. Lleva los ojos empañados. Va sin rumbo. No le importa la presa. En la cartera está el celular y esta vez ni sabe cuántos mensajes tiene. Necesita tiempo para llegar a la casa, hacer comida, preparar uniformes, revisar tareas, escuchar a sus dos hijas… y luego seguir llorando. Se lo contó a una amiga, pero no quiere hablar. No quiere pensar. Nunca había sentido tanto miedo de ser libre y, al mismo tiempo, tanta culpa.

— Hoy no se ven los tombos cerca. Hay partido y están ocupados. Seguro es un día más tranquilo, sin carreras recogiendo del suelo las medias y los llaveros antes de que se los quiten. Vende en la Avenida Central. A veces también lotería, pero casi siempre “chunches chinos”, baratos. Los compra por la Coca-Cola. Sube caminando la avenida buscando un tapete nuevo, una bolsa negra grande que le sirva de mantel para poner la mercadería en la calle. Tiene artritis y várices. Solo usa chancletas abiertas y las que anda están malas, se le zafan. Tiene el pelo quemado de un pleito con tombos y otros vendedores, de correr por las calles cuando llegan a quitarlos. Una vez le ofrecieron vender piedritas. Así se gana más. Pero ella dice que no. Dice que lo suyo es un trabajo digno y honrado. Aunque vuelva a la casa con tres mil colones… y los gaste de camino. Quiere seguir viva. Aunque duela.

— No quiere ponerse frenillos porque sabe que la van a molestar en la clase, pero tampoco quiere seguir con los dientes torcidos. Está en tercer año de colegio y casi no pasa. Le ha costado mucho estudiar. No sabe qué es lo que tiene, pero le cuesta concentrarse. No le gusta el colegio. No le gustan dos profesores que la tienen entre ojos. Le gusta dibujar. Le gusta un muchacho de quinto, pero nadie sabe. Las amigas son de a ratos. Dice que son muy locas porque toman y fuman… bueno, vapean. Ella también vapea, a escondidas antes de llegar a la casa. Tiene como cuatro sabores diferentes guardados en el clóset y nadie lo sabe.Los papás trabajan todo el día. El hermano menor es un ruidoso que está en segundo grado. Nadie la entiende. Nadie la ve. Solo la mandan a hacer mandados.