
Aunque el nivel de endeudamiento es similar al de los hombres, las mujeres concentran más pagos pequeños y tienen menor acceso a ingresos altos y crédito formal.
En Costa Rica, las mujeres muestran una relación con la deuda marcada por la prudencia, pero también por condiciones estructurales que limitan su estabilidad financiera. Así lo reveló la III Encuesta Nacional de Endeudamiento 2025, elaborada por la Oficina del Consumidor Financiero (OCF).
Los resultados del estudio evidencian cómo las mujeres tienden a comprometer montos más bajos de deuda, aunque lo hacen en un contexto de menores ingresos, menor acceso al crédito formal y mayores brechas en educación financiera.
La existencia de deudas es similar entre hombres y mujeres —84% de ellas tiene algún tipo de deuda frente al 87% de ellos—, pero el perfil de los compromisos es distinto: mientras 35% de las mujeres paga menos de ₡75.000 mensuales para hacer frente a sus deudas, 30% de los hombres tienen que pagar esa suma, de manera que la carga financiera es mayor en el segundo caso, lo que sugiere un manejo más conservador del crédito en el caso de ellas. Sin embargo, esa prudencia convive con una realidad económica más limitada, ya que una proporción menor de mujeres se evidencia en los niveles de ingresos altos y mayor percepción de insuficiencia económica.
De hecho, 35% de los hombres reporta ingresos mensuales superiores a ₡1,5 millones, en tanto en las mujeres esa proporción baja al 27%. Además, el 20% de las mujeres señalan que sus ingresos no le alcanzan para cubrir sus necesidades, cifra significativamente mayor que la mencionada por los hombres (13%).
Los resultados reflejan que el endeudamiento femenino no puede analizarse únicamente desde el monto de las deudas.
“Cuando se observan los datos en conjunto, lo que aparece es una delicada combinación de menores ingresos, menor acceso al crédito formal y, aun así, una gestión relativamente cautelosa de la deuda. Las mujeres no necesariamente se endeudan más, y cuando lo hacen es en condiciones financieras más restrictivas”, manifestó Danilo Montero, director general de la OCF.
La encuesta también evidencia que el acceso al crédito formal tiende a ser menor entre las mujeres. Un 53% no tiene tarjetas de crédito ni préstamos, frente al 44% de los hombres. Esto podría implicar una mayor dependencia de los ingresos corrientes y limitar el uso de instrumentos financieros que permitan construir patrimonio o afrontar imprevistos.
Esas diferencias también se observan en el tipo de endeudamiento. Las mujeres concentran con mayor frecuencia sus compromisos financieros en créditos de consumo y en deudas comerciales con tiendas, además de apoyarse con mayor frecuencia en préstamos de familiares o personas cercanas. Al mismo tiempo, tienen menor acceso a créditos hipotecarios, uno de los mecanismos más relevantes para la acumulación de patrimonio a largo plazo.
“El tipo de deuda también importa. Cuando el financiamiento se concentra en consumo y no en activos como vivienda, la capacidad de construir estabilidad financiera en el tiempo se vuelve más limitada. Eso termina reproduciendo desigualdades que van más allá del crédito”, explicó Montero.
Otro elemento relevante es la brecha en educación financiera. Con base en la encuesta, más de la mitad de las mujeres (57%) no tiene estudios ni formación en finanzas, contabilidad o manejo del dinero, una proporción aún mayor que la observada en los hombres (50%). Asimismo, la presencia femenina con estudios técnicos o universitarios relacionados con estas áreas es menor.
Préstamos “gota a gota”
La encuesta también exploró la exposición a los llamados préstamos informales “gota a gota”, una modalidad de financiamiento caracterizada por condiciones extremadamente riesgosas para las personas consumidoras.
Aunque el fenómeno requiere una investigación más profunda, según el estudio de la OCF, en los últimos tres años, el 3% de las mujeres reportó haber recurrido a este tipo de financiamiento, frente al 2% de los hombres. Además, si bien los datos no son estadísticamente significativos, no parece existir diferencia entre mujeres y hombres sobre la tenencia de algún crédito de esta naturaleza en el momento del estudio.
Como la OCF ya lo ha señalado, este tipo de préstamos suele aparecer precisamente en contextos de vulnerabilidad financiera y limitaciones de acceso al crédito formal, lo que expone a las personas a condiciones abusivas y ciclos de endeudamiento difíciles de romper, todo lo cual resulta aún más severo para las mujeres.
