
Con acompañamiento de Procomer, la empresa avanza en su camino hacia la exportación.
Lo que inició como una pequeña idea en la cocina de una casa, hoy se abre paso en escenarios internacionales de la industria de las salsas picantes. Detrás de ese crecimiento está Andrea Quesada, una emprendedora costarricense que decidió apostar por una visión clara: convertir un experimento casero en una empresa con proyección global. Ella es una de las muchas mujeres que trabajan de la mano con Promotora del Comercio Exterior de Costa Rica (Procomer) y que en este mes de marzo la institución quiere destacar por su liderazgo y empeño por lograr sus metas.
La historia de la marca Chile Fiesta de Diablitos empezó hace cinco años, cuando Juan Carlos, el esposo de Andrea, decidió preparar una salsa picante para compartir con compañeros de trabajo. Con apenas ₡15.000 compraron chiles, vegetales y algunas botellas; de ese primer intento salieron 24 unidades. Las reacciones de quienes las probaron fueron la chispa que encendió algo más grande.
Andrea pronto asumió un papel clave en el desarrollo del negocio. Contadora de profesión, fue quien comenzó a estructurar el proyecto con una visión estratégica: formalizar la empresa, obtener permisos, mejorar la imagen del producto y buscar oportunidades para crecer. “Si queremos crecer, tenemos que hacerlo bien”, recuerda haberle dicho a su esposo en los primeros años del emprendimiento.
Desde entonces, Andrea se convirtió en el motor que empujó al negocio a salir de su zona de confort. Fue ella quien insistió en participar en ferias, mejorar las etiquetas, adquirir equipo y formalizar la operación.
Uno de los momentos más importantes llegó en 2025, cuando la empresa participó por primera vez en la feria internacional de salsas picantes Zest Fest, en Texas, Estados Unidos. Sin experiencia previa en este tipo de eventos y financiando el viaje con recursos propios, Andrea y Juan Carlos llevaron sus productos con la ilusión de darse a conocer.
La sorpresa llegó cuando una de sus salsas, elaborada con piña, obtuvo el primer lugar en su categoría en el concurso de la feria -Fiery Food Challenge-, compitiendo con productores de distintos países. Ese reconocimiento abrió nuevas oportunidades. Actualmente, la empresa participa en evaluaciones y concursos internacionales, incluyendo competencias en Europa, mientras continúa consolidando su marca y su estrategia de crecimiento.
“Las ideas pueden surgir de muchas formas, pero alguien tiene que ver el panorama completo y empujar para que se conviertan en algo grande”, comenta.
Su enfoque siempre ha sido avanzar paso a paso, pero sin perder de vista el futuro: desde mejorar la imagen del producto hasta proyectar oficinas, espacios de reunión con clientes y nuevas oportunidades comerciales.
El acompañamiento que impulsa a las empresarias
En esa ruta de crecimiento, el acompañamiento institucional ha sido clave. Andrea destaca el apoyo recibido por parte de la Procomer, institución con la que actualmente participa en programas de capacitación y preparación para el proceso exportador.
“Uno se siente acompañado. Cuando uno está empezando hay muchas cosas que no sabe, y contar con personas que conocen el camino hace una gran diferencia”, señala la empresaria.
Por su parte, Laura López, gerente general de la Promotora agregó que “en Procomer trabajamos para abrir más oportunidades para que las mujeres empresarias puedan llevar sus productos a los mercados internacionales. Historias como la de Andrea demuestran que el talento, la innovación y la perseverancia de las mujeres costarricenses son fundamentales para fortalecer nuestros productos de exportación y generar nuevas oportunidades para el país”.
Andrea sabe que el camino del emprendimiento no es fácil. Los obstáculos, los trámites y las dudas forman parte del proceso. Pero también está convencida de que esos desafíos pueden convertirse en impulso para seguir avanzando.
Por eso, cuando otras mujeres le preguntan si vale la pena intentarlo, su respuesta es clara: atreverse, preguntar y buscar apoyo. Porque, como dice ella, cada obstáculo puede convertirse en una piedra para construir el camino. Y en su caso, ese camino no solo ha tenido perseverancia y visión estratégica, también ha tenido mucho sabor.

