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Las redes sociales: lo que padres y jóvenes deben saber para prevenir el grooming

Durante años creímos que los peligros para los menores ocurrían: en una calle oscura, con un desconocido sospechoso o en una situación claramente peligrosa. Sin embargo, en la actualidad los riesgos rara vez se presentan de forma tan evidente. Hoy comienzan desde la “cercanía” de las redes sociales, en una conversación aparentemente normal. El grooming es precisamente eso: aprovecharse de la confianza, ingenuidad, curiosidad y necesidad de conexión para manipular a personas adolescentes. En los últimos días, el tema en Costa Rica ha sido tendencia a raíz de unas denuncias que han surgido. Se ha generado indignación, pero más allá de estos casos en concreto o de las personas que han salido como involucradas, la pregunta que se debe hacer una sociedad es: ¿Cómo se puede evitar que estas cosas se repitan? 

Para entender cómo prevenir el grooming, primero es necesario comprender cómo funciona.

El grooming es un proceso mediante el cual un adulto establece contacto con un menor de edad a través de internet —desde un perfil falso o real— con el objetivo de manipular emocionalmente y obtener algún tipo de beneficio sexual, erótico o de control sobre la víctima. A diferencia de otras formas de agresión, este delito rara vez comienza de forma violenta. Por el contrario, suele iniciar con un comentario amable en una publicación, un mensaje directo que felicita a alguien por su talento o simplemente una conversación que parece interesarse genuinamente por los gustos y preocupaciones de una persona joven.

En ese primer contacto se inicia un proceso más complejo. Los agresores suelen invertir tiempo —pueden pasar meses— en generar confianza. Escuchan, validan emociones, muestran interés y comparten gustos. Con el tiempo, la conversación puede volverse más frecuente y más íntima. El objetivo es construir una relación de cercanía que haga que la víctima baje sus defensas.

Posteriormente, el agresor aísla a la víctima, le puede sugerir que ciertas conversaciones se mantengan en secreto o que se trasladen a espacios más privados. A partir de ese momento, comienza un proceso de manipulación y/o extorsión que puede incluir: solicitudes de imágenes o vídeos íntimos, amenazas si la víctima intenta romper la relación, información de sus padres como tarjetas de crédito o débito, tener encuentros físicos o inclusive cometer delitos a cambio de la no divulgación de información de la víctima.

Aunque cada caso es distinto, lo que se puede asegurar es que el grooming no es un simple delito digital, sino una forma de manipulación psicológica a personas menores.

Una de las herramientas más frecuentes en este tipo de manipulación es el halago constante. Comentarios como “sos muy madura para tu edad”, “sos diferente a los demás” o “me gusta cómo pensás” buscan reforzar la autoestima del menor y crear una sensación de cercanía especial. En muchos casos, el agresor también intenta crear secretos mutuos para generar una dinámica de aislamiento que facilita la manipulación. En ese punto, la víctima puede sentir que revelar la situación significaría traicionar la confianza de la otra persona o meterse en problemas.

El grooming no funciona solamente porque existan agresores en internet, sino también porque aprovecha ciertas características del entorno digital en el que vivimos. Las redes sociales, por ejemplo, promueven la exposición constante. Fotografías, vídeos, comentarios, historias y transmisiones en vivo forman parte de la vida cotidiana de millones de jóvenes. Este entorno facilita que desconocidos puedan acceder a información personal, conocer intereses o incluso identificar momentos de vulnerabilidad emocional. Comprender esta dinámica digital es fundamental para poder prevenir este delito.

A esto se suma otro factor importante: la búsqueda de validación. Para muchas personas jóvenes, los “likes”, comentarios, seguidores, ser “amigo” de algún influencer o persona conocida en redes sociales —aunque sea un personaje—, pueden convertirse en una forma de reconocimiento social. Los agresores suelen aprovechar esta dinámica para acercarse de manera gradual y generar una relación que, al inicio, puede parecer positiva.

Prevenir siempre es mejor

Uno de los errores más comunes —y peligrosos— es creer que la solución consiste únicamente en restringir el acceso a la tecnología. Sin embargo, internet forma parte de la vida cotidiana de las nuevas generaciones. Prohibir o limitar su uso sin acompañamiento educativo puede generar más distancia entre padres e hijos, sin resolver realmente el problema.

Para los padres, uno de los pasos más importantes es construir espacios de conversación abiertos sobre el uso de internet. Los jóvenes deben sentir que pueden hablar sobre lo que ocurre en redes sociales sin miedo a ser castigados o juzgados. Cuando un adolescente cree que revelar una situación incómoda le traerá problemas, es más probable que guarde silencio.

El acompañamiento digital también juega un papel importante. Esto no significa vigilar cada conversación o invadir la privacidad de los jóvenes, sino interesarse genuinamente por las plataformas que utilizan, las comunidades en las que participan y las personas con las que interactúan.

Reglas básicas de seguridad digital

No todas las personas en internet son quienes dicen ser. Crear perfiles falsos en redes sociales es extremadamente sencillo. Una fotografía atractiva —robada de algún perfil real o creada con IA— o una historia convincente no garantizan que la identidad detrás de una cuenta sea real.

También es fundamental cuidar la información personal que se comparte en línea. Datos como la ubicación, el nombre del colegio o las rutinas diarias pueden parecer inofensivos, pero en manos equivocadas pueden ser utilizados para contactar y manipular a una persona.

Cuando alguien insiste en trasladar rápidamente una conversación a espacios privados o pide mantener ciertos temas en secreto, se puede identificar como un intento de aislar a la persona de su entorno.

Una regla clara es que nadie tiene derecho a pedir imágenes o vídeos íntimos. Cuando alguien hace este tipo de solicitudes, no se trata de una prueba de confianza o de afecto. Se trata de una forma de presión que puede derivar en situaciones de manipulación o extorsión.

Es importante recordar que bloquear y reportar cuentas es una forma legítima de protegerse. Las plataformas digitales ofrecen herramientas para denunciar comportamientos inapropiados, y utilizarlas puede ayudar a prevenir que otras personas pasen por la misma situación.

Si una situación de grooming ya ha ocurrido o está ocurriendo, lo más importante es romper el silencio. Guardar evidencia de las conversaciones, bloquear al agresor y buscar apoyo en adultos de confianza son pasos fundamentales. En Costa Rica, además, existen instituciones que pueden intervenir en estos casos, como el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) y el Patronato Nacional de la Infancia (PANI).

Según datos del OIJ y el PANI, “entre el 1 de enero del 2023 y el 30 de junio del 2024, se contabilizan 456 denuncias por seducción o encuentro con menores de edad por medio electrónicos”. La legislación costarricense contempla sanciones para el contacto con menores con fines sexuales a través de medios electrónicos. Sin embargo, aunque las leyes son necesarias, no pueden reemplazar la prevención. La protección de niños, niñas y adolescentes en el entorno digital depende también de la educación, la conversación y la capacidad de reconocer las señales de alerta.

La verdadera prevención del grooming no consiste en generar miedo hacia internet, sino en desarrollar una cultura de educación digital. Padres, docentes, instituciones y jóvenes tienen un papel en este proceso. Comprender cómo funciona la manipulación en línea es el primer paso para evitar que se convierta en una amenaza real.

Porque, al final, el grooming no comienza con violencia. Comienza con confianza. Y aprender a reconocer cuándo alguien intenta manipular esa confianza puede marcar la diferencia entre una conversación más en internet y una situación de riesgo.