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Las mujeres que sostienen el Magisterio

Los números no engañan, históricamente el Magisterio Nacional ha sido liderado por mujeres. Costa Rica se ha construido, en gran medida, gracias a que a diario hay mujeres al frente de un aula. Durante décadas, miles de educadoras han enseñado a leer, a escribir y a pensar a generaciones enteras de estudiantes. Las razones tienen que ver con un proceso histórico, social y laboral que data del siglo XIX, donde destaca el hecho que la docencia fue una de las primeras profesiones abiertas a las mujeres, pero también, a que existe una correlación entre cuidado y enseñanza que las mujeres traen en su ADN.

No es casualidad, entonces, que cuando se observan los datos del sistema de pensiones del Magisterio Nacional, aparezca con claridad ese mismo rostro femenino.

  • Más del 69% de las personas afiliadas a los regímenes de pensiones que administra Jupema son mujeres.
  • En el Régimen de Capitalización Colectiva, 86.448 afiliadas representan la mayoría de un total de 124.384 personas.
  • En el Régimen Transitorio de Reparto, 32.903 de las 47.232 personas afiliadas también son mujeres.

Pero detrás de esas cifras hay mucho más que estadísticas:

  • Hay maestras rurales que pasaron décadas enseñando en escuelas unidocentes.
  • Profesoras que acompañaron a generaciones completas de jóvenes en su proceso educativo.
  • Y también mujeres que, desde puestos administrativos, sostuvieron el funcionamiento de las instituciones educativas para que estas pudieran cumplir su misión.

Para quienes trabajamos en Jupema, estos números no son simples números o datos estadísticos. Son un recordatorio constante de la responsabilidad que tenemos con nuestra afiliación: administrar el fruto de décadas de trabajo de miles de trabajadores de la educación, donde la mayoría son mujeres, educadoras, hermanas, tías, madres biológicas y de enseñanza de nuestra población. Mujeres que dedicaron su vida a la educación pública y privada y que hoy esperan que el sistema previsional responda con la misma seriedad con la que ellas cumplieron y cumplen su vocación de docentes.

Jupema no se queda atrás, este año y por primera vez en su historia, tiene una Junta Directiva donde la mayoría absoluta son mujeres: cinco mujeres y dos hombres. Esta composición refleja un paso importante hacia una mayor diversidad en los espacios de decisión, donde distintas experiencias y miradas enriquecen el análisis de temas estratégicos como la política de inversiones, la sostenibilidad de los regímenes y el futuro de la institución.

No porque el género determine la calidad del criterio, sino porque la diversidad fortalece la toma de decisiones y permite comprender mejor la realidad de quienes forman parte del sistema.

Ese cambio también se refleja dentro de la institución. En nuestra planilla de 329 personas, el 61% son mujeres, muchas de ellas ocupando puestos de liderazgo, jefaturas y mandos medios.

Pero volviendo a la realidad magisterial donde, como se ha dicho las mujeres son mayoría, debemos señalar que también ellas han enfrentado realidades que influyen directamente en el monto de sus pensiones: interrupciones en la vida laboral por nacimiento y cuido de sus hijos, cuidado de familiares, períodos de trabajo a tiempo parcial o brechas salariales históricas que, aunque se han reducido, todavía se mantienen y afectan los montos de sus salarios y por ende de sus pensiones.

A todo esto se suman grandes retos que enfrentamos en el sistema de pensiones costarricense: el envejecimiento de la población, la baja natalidad y deficiencias en la sostenibilidad de los regímenes que nos lleva, ineludiblemente, a la necesidad de tomar decisiones responsables para asegurar el mantenimiento de los regímenes en el largo plazo.

Cuando pienso en lo que significa dirigir Jupema, inevitablemente pienso en la gran responsabilidad que pesa sobre los hombros de cada una de las personas que trabajamos en la Junta: la confianza que han depositado sobre nosotros los más de 170 mil afiliados de los que 119 mil son mujeres. Confían en que, cuando llegue el momento de su retiro, la pensión estará ahí para sostener su vejez. Confían en que la institución que administra sus recursos lo hará con seriedad, responsabilidad y visión de futuro.

Por eso, el 8 de marzo no es una fecha para celebrar, sino para conmemorar y reconocer:

  • El aporte de miles de mujeres que dedicaron su vida a la educación del país.
  • Reafirmar el compromiso de seguir trabajando para que ese esfuerzo se traduzca en seguridad, respeto y dignidad en su etapa de jubilación.

Hoy, más que nunca, necesitamos unir voces y voluntades para resaltar el aporte de las mujeres costarricenses a una sociedad de valores y educación; en Jupema, reconocemos que las mujeres del Magisterio Nacional merecen nuestro respeto y admiración y por eso, seguiremos luchando y trabajando porque tengan pensiones justas, sostenibles y dignas que les sustenten en su etapa fuera de las aulas.