Al ver la lluvia, ¿qué vemos? A cada momento todo es diferente, único e irrepetible, nunca se van a encontrar las gotas organizadas de la misma forma dos veces, nunca veremos la misma gota dos veces, siempre son diferentes, siempre cambian, aun así, la lluvia siempre es la misma. Encuentro en ese ejemplo la naturaleza del tiempo y la vida, algo que es diferente, único e irrepetible a cada instante, pero siempre igual a la vez, fluye constantemente, cambia continuamente, pero siempre es.
Lo primero que puede pensarse es que algo que cambia y algo que es lo mismo no pueden coincidir, pero la contradicción es de palabra, no de hechos. Palabra e intelecto solo son capaces de revelar o descifrar partes, nunca un todo y las partes no reflejan la plenitud, hay una gran diferencia entre conocer y vivenciar. Lo que ha llevado a muchos sabios y filósofos a decir que no podemos acceder a la verdad. Ante esto, me cuestiono, ¿somos incapaces de acceder a lo que es? No lo creo, somos incapaces de conceptualizarlo, somos incapaces de denigrar la verdad al ámbito de la palabra, pero somos capaces de vivirla, como experiencia, como vida, no como teoría.
Recordando a Fritz Perls:
Hay personas que tienen ojos para ver el mundo y otros que tienen espejos para verse reflejados en el mundo”.
Todo constructo conceptual es una proyección de la mente sobre la realidad, llámesele como se le llame, y sin importar sus orígenes epistemológicos. Las contradicciones solo existen en las proyecciones que hacemos sobre el mundo, no en lo que verdaderamente es. Utilizar abstracciones es necesario, pero solo teniendo conciencia de su superfluidad podemos acceder al plano de la vida.
Esto, no pocas veces, me ha llevado a cuestionarme si realmente el ser humano ha avanzado o retrocedido en su entendimiento de la vida. Esta inquietud me surge, por ejemplo, al recordar el umuntu, nigumuntu, nagamuntu, proveniente de tribus africanas, para ellos sabiduría antigua, que significa algo como: “yo vivo si tú vives, yo soy si tú eres”.
Desde esta línea de argumentación, me permito plantear una pregunta: ¿cuántas vidas existen? Lo más intuitivo por responder es millones, incontables…pero regresando sobre la trayectoria de la vida descubrimos algo desconcertante. En el origen tuvo que haber uno o pocos seres vivos, y la vida solo viene de la vida, por lo tanto, estos primeros organismos se reprodujeron durante millones de años hasta alcanzar los números actuales. Pero, entonces, qué es la vida, nada puede multiplicarse por arte de magia, es un principio físico: nada se crea ni se destruye, solo se transforma. ¿Cómo una vida puede originar muchas más? ¿Cómo puede multiplicarse por arte de magia y sin limitación?
La respuesta es simple en realidad: la vida no es cantidad, es cualidad, solo que estamos obsesionados por cuantificar y, con ello, lo esencial se nos hace invisible. Por muchos que seamos ahora, la misma vida nos dio origen, somos como la lluvia, muchos siendo uno y uno siendo muchos; cada cual único e irrepetible, pero unidos por la misma vida. Esto es comprender el fenómeno de la vida como unidad en la multiplicidad y multiplicidad en la unidad. Es curioso redescubrirlo, ya que, al parecer, tribus primigenias lo tenían claro.
Tenemos la misma vida, pero nos separan nuestros egos, y este el principio para comprender el amor como superación del ego; por ejemplo, en las relaciones personales. Ocasionalmente, pregunto a las personas, con cierta malicia, si tienen amigos, pareja o familia, normalmente dicen que sí. Pero se equivocan, a menos que tengan títulos de propiedad... Las relaciones no son un tener, sino un ser, esto lleva a dos malentendidos:
- Creer que nos deben algo, en sentido casi contractual, incluso reclamable.
- No comprender la gratitud que deberíamos sentir hacia quienes eligen amarnos: lo hacen porque nos valoran, no por una obligación contractual, y eso habla bien de nosotros.
Es una gracia que se otorga, sin deuda, es un regalo, y debe valorarse como tal, al volver las relaciones un tener, olvidamos que las hacía especiales desde el inicio. En el fondo, la génesis del problema está en que nos cuesta diferenciar a los demás de nuestros pensamientos sobre ellos.
