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La Hora del Planeta 2026: enfriar el mundo sin calentar el planeta

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Una hora para reflexionar sobre el clima.

El próximo sábado 28 de marzo millones de personas alrededor del mundo apagarán las luces durante una hora para participar en La Hora del Planeta, una iniciativa global que desde hace casi dos décadas busca generar conciencia sobre la crisis climática.

Más allá del gesto simbólico, el evento recuerda una realidad cada vez más evidente: el cambio climático ya no es una amenaza futura, sino una fuerza que está transformando el planeta y la forma en que vivimos.

Un planeta que sigue calentándose. La tendencia también se refleja en las temperaturas globales. El reporte Global Climate Highlights 2025 confirma que el planeta continúa operando en niveles de calor excepcional. Aunque ligeramente más fresco que 2023 y 2024, el año 2025 fue el tercer año más caliente jamás registrado, con una temperatura media global de 14,97 °C.

Además, el período entre 2023 y 2025 se convirtió en el primer trienio en superar el umbral de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales, un límite clave establecido por el Acuerdo de París. Incluso sin la presencia del fenómeno de El Niño, las temperaturas de la superficie del mar se mantuvieron en niveles históricamente altos durante 2025, lo que evidencia que el calentamiento global continúa acelerándose.

Según proyecciones de Naciones Unidas, para 2050 hasta 216 millones de personas podrían verse obligadas a desplazarse dentro de sus propios países debido al cambio climático. Datos recientes del Internal Displacement Monitoring Centre (IDMC) confirman esta tendencia. Solo en 2024 se registraron 65,3 millones de desplazamientos internos en el mundo, de los cuales 45,8 millones —cerca del 70%— fueron provocados por desastres naturales.

El nuevo reto: enfriar un planeta más caliente. En este escenario, sectores que durante años estuvieron en segundo plano dentro del debate climático empiezan a cobrar protagonismo. Uno de ellos es el sector del enfriamiento y la climatización.

El aumento de las temperaturas está impulsando una demanda creciente de aire acondicionado en todo el mundo. De acuerdo con estimaciones internacionales, el número de equipos podría triplicarse hacia 2050.

Este crecimiento plantea un desafío importante: el enfriamiento es cada vez más necesario para la salud, la productividad y la seguridad en espacios como hospitales, escuelas o centros de trabajo, pero también implica un alto consumo energético si no se gestiona de manera eficiente.

Ante este panorama, la industria de la climatización atraviesa una transformación centrada en tres ejes: eficiencia energética, mejora de la calidad del aire interior y uso de refrigerantes con menor impacto climático. Uno de los cambios más relevantes es la sustitución de refrigerantes tradicionales por alternativas con menor potencial de calentamiento global (GWP). Esta transición ha sido impulsada por acuerdos internacionales como la Enmienda Kigali del Protocolo de Montreal, que establece la reducción gradual de hidrofluorocarbonos (HFC).

En este proceso, compañías tecnológicas del sector han comenzado a acelerar la adopción de nuevas soluciones. Entre ellas se encuentra Daikin, empresa global de climatización con presencia en más de 170 países y más de dos décadas de trayectoria en Centroamérica, que ha promovido el uso de refrigerantes de menor impacto ambiental como el R32.

Esta tecnología permite reducir hasta en dos tercios el potencial de calentamiento global respecto a refrigerantes anteriores y mejorar la eficiencia energética de los sistemas en alrededor de un 12%. Actualmente, más de 190 millones de equipos que utilizan este refrigerante están instalados en el mundo.

Compartir innovación para acelerar la transición. La innovación también se está impulsando a través de la colaboración internacional. La compañía japonesa ha compartido 419 patentes relacionadas con el uso del refrigerante R32 mediante WIPO GREEN, una plataforma de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual que promueve la difusión de tecnologías sostenibles. El objetivo es acelerar la adopción de soluciones que reduzcan el impacto climático del enfriamiento a escala global.

La transformación del sector también pasa por mejorar la eficiencia energética de los equipos, especialmente en regiones tropicales como Centroamérica, donde las olas de calor pueden generar picos de consumo eléctrico que presionan las redes energéticas. Los sistemas modernos incorporan compresores inverter, sensores inteligentes y controles automatizados que ajustan el funcionamiento del equipo según las condiciones ambientales y el uso del espacio. Esto permite reducir el consumo energético sin sacrificar confort.

Otro aspecto que ha cobrado relevancia es la calidad del aire interior. Tras la pandemia, quedó en evidencia que el aire en espacios cerrados influye directamente en la salud, la concentración y la productividad. Por ello, los sistemas actuales integran filtración avanzada, control de humedad y ventilación inteligente como parte de un enfoque integral de bienestar.

“La climatización del futuro debe equilibrar eficiencia energética, reducción del impacto ambiental y bienestar humano. La innovación ya no es opcional; es la base para responder a un mundo que cambia rápidamente”, señala Oscar Ramírez Hernández, gerente regional de ventas para Centroamérica de Daikin.

Más allá del gesto simbólico. Iniciativas como La Hora del Planeta funcionan como un recordatorio simbólico de un desafío mucho más profundo.

Apagar las luces durante una hora no resolverá la crisis climática, pero sí invita a reflexionar sobre cómo cada sector —desde la energía hasta el transporte, la construcción o la climatización— debe reinventarse para reducir su impacto ambiental. La pregunta hacia el futuro no es si necesitaremos más enfriamiento. Todo indica que sí. El verdadero reto será lograrlo sin comprometer el equilibrio climático del planeta.