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La Costa Rica desconocida

La realidad siempre es más amplia y profunda de lo que imaginamos. Para quienes dedicamos nuestra vida a estudiar el mar, esta frase cobra aún más sentido. El 92% del territorio de Costa Rica es océano, y gran parte de ese océano es profundo, oscuro, frío, remoto y todavía muy poco explorado.

Debajo de la superficie existe un paisaje inmenso de colinas, lomas y montes submarinos, junto con planicies que se extienden por miles de kilómetros. Son ecosistemas que muy pocos costarricenses hemos tenido la oportunidad de ver o incluso de imaginar.

A esa dimensión olvidada del país la llamamos Costa Rica desconocida. No es solo un proyecto científico, sino también un esfuerzo cultural y social que busca recordarnos que nuestra identidad como país también está ligada al mar profundo.

Durante mucho tiempo, ese mundo profundo ha permanecido fuera de la conversación pública. Sin embargo, poco a poco comienza a hacerse visible. A través de charlas, foros, exposiciones de arte, fotografías, murales y redes sociales, nuestra iniciativa busca acercar ese océano invisible a la vida cotidiana. Después de todo, es difícil cuidar aquello que ni siquiera sabemos que existe.

La exploración científica reciente ha empezado a revelar la riqueza de estos paisajes submarinos. Expediciones en sitios como la Isla del Coco y en regiones que hasta hace pocos años ni siquiera tenían nombre -como la Pampa Submarina, un territorio ubicado a unos 200 kilómetros frente a Guanacaste y a 3000 metros de profundidad- han permitido observar nuevas formas de vida y descubrir historias geológicas sorprendentes.

Quizás uno de los gestos más simbólicos ha sido nombrar algunos de estos lugares utilizando palabras del español local y de lenguas indígenas. Así, esos espacios remotos comienzan a establecer un vínculo directo con nuestra cultura y nuestra historia. ¿Quién iba a decir que, allá, a tres kilómetros de profundidad, también encontraríamos una Pulpería? Así bautizamos un sitio donde los pulpos se reúnen para algo extraordinario: utilizarlo como guardería e incubar sus huevos durante años. Lugares tan peculiares que únicamente se conocen cinco en todo el mundo, ¡y tenemos la suerte de que dos estén en aguas costarricenses!

El conocimiento sobre el océano profundo empieza a abrirse paso en universidades, instituciones y espacios de discusión sobre el futuro del país. Cada vez más científicos, estudiantes y tomadores de decisiones comprenden que estudiar nuestros mares es clave para gestionar mejor los recursos naturales, fortalecer la investigación nacional y planificar el futuro del territorio marino.

Pero más allá de los datos y los mapas, la pregunta es sencilla: ¿cómo cambiamos nuestra forma de ver el país? Tal vez reconociendo que Costa Rica no termina en la línea del horizonte. Que debajo de ese azul aparentemente uniforme existe otro territorio, mucho más vasto y lleno de vida, merecedor de nuestra atención porque gran parte de nuestro bienestar depende de él.

La Costa Rica desconocida no está tan lejos como creemos. Está justo frente a nosotros, extendiéndose hacia las profundidades. Conocerla es también una forma de conocernos mejor como país y de decidir qué tipo de relación queremos tener con ese enorme territorio que, aunque invisible para muchos, también es nuestro.

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