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La construcción que viene no va a esperarnos

Durante mucho tiempo la industria de la construcción en América Latina ha funcionado bajo una lógica y máxima simple: “lo que ha funcionado por años no se toca”. Y bajo esta premisa, hemos construido ciudades, carreteras e infraestructuras que sostienen economías enteras. Todo esto lo hemos logrado con planos impresos, llamadas telefónicas, recientemente whatsapp y las famosas hojas de excel, que por cierto nadie más que la persona que las hizo las sabe leer.

El problema no está en que este modelo y forma hayan funcionado. El problema radica en que dejó de funcionar, y muchos en la industria aún no lo saben.

La industria atrapa en su propio éxito

La construcción es  un pilar económico que genera 300.000 mil millones de dólares en América Latina y el Caribe – esto es el 6% del PIB regional – y que emplea directamente a más de 20 millones de personas. Sin embargo, la productividad ha crecido únicamente un 1% en las últimas décadas, contrario a otros sectores que crecen entre el 2,5% al 3,5%. Esta brecha es la factura acumulada de décadas de resistencia al cambio.

Para que veamos el rezago histórico, basta con analizar el proceso de preconstrucción. Durante décadas, para participar en una licitación o proyecto, el proceso consiste en recibir los planos, y asignar un equipo de personas a contar uno por uno, y de forma manual, los materiales requeridos, para luego ser computados, en el mejor de los casos, en un excel.  Este proceso de cuantificación podría tardar semanas en ejecutarse. Con una alta probabilidad de error humano. En donde podría pasar que perdiéramos el proyecto o peor aún ganar el proyecto y perder dinero al construirla por un presupuesto mal hecho. Esta ineficiencia ha sido muy complicada de resolver por el simple hecho de: “así funciona hace 20 años”.

Esta es la imagen histórica de cómo se construye en Latinoamérica. Es motor económico fundamental, pero viendo frenada su exponencial crecimiento por la dependencia análoga, decisiones por “feeling” y miedo a cambiar el status quo. Pero estamos viendo un cambio de paradigma sin precedentes.

La pandemia como un salvavidas, la IA como el verdadero motor de cambio

Si buscamos un momento exacto en el que el sector de la construcción se vio obligado a cuestionar el statu quo, debemos dirigirnos a la pandemia de COVID-19. Este evento traumático definitivamente actuó como un catalizador, aunque doloroso, clave para la industria. La distancia física creó una urgencia en acelerar la digitalización en el sector. Pero seamos honestos, esto fue una jugada 100% defensiva y no proactiva. Se cambio para sobrevivir y no para transformarse.

La Inteligencia Artificial (IA) representa algo cualitativamente distinto. No es una herramienta para apagar incendios. Es un cambio en la lógica completa del negocio. La IA puede hoy estimar costos, leer planos, categorizar gastos, predecir desviaciones presupuestarias y optimizar cadenas de suministro, con una velocidad y precisión que ningún equipo humano puede igualar en escala.

Y la verdad incómoda en este momento no es la capacidad tecnológica, sino la capacidad de adopción de los equipos de trabajo humano.

Cómo se verá la construcción en los próximos años

En menos de una década, esta integración de sistema de IA para cualquier etapa constructiva – calcular estructuras, diseñar, optimizar, estimar, operar – será totalmente normal y natural en América Latina. Las obras del futuro no serán espacios de caos ni papel. Será un ecosistema por sí solo conectado y no fragmentados con silos de información.

El BIM y los gemelos digitales estarán todos combinados y operados con IA. Esto nos permitirá reducir errores de diseños sustanciales, pero también predecir comportamientos estructurales ante eventualidades y escenarios.

La IA se va a adueñar de las cadenas de suministro pudiendo optimizar costos, coordinar entregar, precios y comparativas para optimizar los costos del proyecto.

Lo que podemos hacer hoy

No se trata de transformar todo de golpe. La adopción tecnológica inteligente empieza por identificar los puntos de mayor dolor en la operación, aquellos donde el error humano es más costoso, donde la información llega tarde, donde las decisiones se toman por intuición en lugar de datos, e intervenir ahí primero.

Siempre debemos involucrar a los mandos medios y de primera línea para evitar la desconfianza tecnológica. La desconfianza desaparece con participación, no con imposición.

La tormenta perfecta de industrialización, globalización, y digitalización está golpeando la construcción simultáneamente. Quienes se adapten con agilidad van a liderar y redefinir el negocio, mientras que los que se aferran al status quo analógico se verán en complicaciones competitivas y de márgenes.  La pregunta a hacernos no es "¿debería cambiar?" sino "¿qué estoy esperando para hacerlo?"