
Se menciona la aparición de perfiles laborales vinculados a funciones como supervisión de algoritmos y gestión de sistemas automatizados.
Desde que la inteligencia artificial (IA) llegó a la vida de las personas y las organizaciones, se ha mencionado de manera recurrente que su avance puede implicar la sustitución de trabajadores y la reducción de puestos laborales.
Sin embargo, una investigación de la Universidad LEAD concluye que esta tecnología también puede generar nuevas ocupaciones y oportunidades laborales cuando las empresas desarrollan capacidades para integrarla estratégicamente en sus procesos.
El estudio denominado “La inteligencia artificial como herramienta de transformación en el mercado laboral” fue elaborado por Mariangel Conejo Arroyo y Toscano Luconi Esquivel, investigadores asociados de la Universidad LEAD.
Según explica Conejo, “una de las principales conclusiones es que, en muchos casos, la IA no reemplaza puestos completos, sino que automatiza tareas específicas dentro de un mismo trabajo, lo que a su vez genera la necesidad de nuevas funciones humanas asociadas a la supervisión, interpretación y uso estratégico de los sistemas tecnológicos”.
La investigadora agrega que esta transformación gradual refuta la posibilidad de reemplazo total que suele asociarse con la inteligencia artificial.
“En lugar de eliminar completamente ciertos empleos, la tecnología tiende a modificar la naturaleza de muchas ocupaciones, liberando a las personas de tareas rutinarias o repetitivas y trasladando su aporte hacia actividades de mayor valor agregado, como la toma de decisiones, el análisis de información o la coordinación de procesos tecnológicos”, asegura Conejo.
Es así como la investigación identifica la aparición de nuevos perfiles laborales que comienzan a ganar relevancia en las organizaciones que adoptan soluciones de inteligencia artificial. Entre ellos se encuentran funciones vinculadas con la supervisión de algoritmos, el análisis e interpretación de datos, la integración de herramientas tecnológicas en procesos empresariales y la gestión de sistemas automatizados que requieren interacción constante entre capacidades humanas y digitales.
Por su parte, Toscano Luconi afirma que el estudio también destaca que el impacto de la inteligencia artificial en el empleo depende en gran medida de la capacidad de las empresas para adaptarse y aprender. Organizaciones que invierten en innovación, capacitación y transformación de sus procesos productivos tienen más posibilidades de aprovechar la tecnología para generar nuevas funciones laborales y fortalecer la productividad.
“Al trasladar esta lectura al contexto costarricense, la evidencia empírica de organismos internacionales sugiere que la principal restricción no es la disponibilidad de tecnologías de IA, sino la debilidad de las capacidades dinámicas en una parte significativa del aparato productivo: baja difusión tecnológica, estructuras empresariales poco flexibles, brechas en habilidades y sistemas de formación que avanzan más lento que la frontera tecnológica”, explica Toscano.
Desde una perspectiva profesional y aplicada, las implicaciones son claras. Para las empresas, la prioridad no es “adquirir IA” sino desarrollar capacidades para integrarla estratégicamente.
Para la política pública, el foco debe situarse en cerrar brechas de capacidades dinámicas entre sectores: fortalecer la calidad y pertinencia de la formación técnica, apoyar la adopción tecnológica en pymes, revisar obstáculos regulatorios y fomentar alianzas público-privadas que aceleren la absorción de IA en sectores rezagados.
La investigación forma parte del volumen 7 de la revista Logos, un proyecto editorial de la Universidad LEAD que busca consolidarse como un espacio de análisis riguroso, diálogo interdisciplinario y producción científica frente a los cambios estructurales que atraviesan las economías y organizaciones contemporáneas. Este recurso puede ser consultado en este enlace.
