Después de tantas olas feministas y de los logros alcanzados, este 8M no deberíamos estar debatiendo ni escribiendo sobre por qué el feminismo ha sido y es necesario. Sin embargo, los tiempos políticos actuales a nivel global nos llevan a reflexionar nuevamente sobre por qué sí necesitamos del feminismo.
La simplicidad e ignorancia con la que personajes públicos y líderes de opinión de diversas latitudes del mundo dicen no a los “ismos” —aludiendo a que ni feminismo ni machismo— levantan una consigna peligrosa que pone en riesgo y cuestiona la histórica lucha por la igualdad de género de este gran movimiento.
Con sus más de 200 años de historia, el feminismo debería ser un contenido obligatorio en el ámbito escolar. Niñas, niños, adolescentes y jóvenes deberían sintonizar con el feminismo. Sin embargo, esta no es la realidad actual. El estudio International Women's Day 2025 de Ipsos, que consideró 31 países del mundo, evidenció una mayor resistencia al movimiento entre los más jóvenes. En efecto, mientras que el 57% de los hombres de la generación Z (entre 14 y 29 años) cree que el movimiento por los derechos de las mujeres ha ido tan lejos que ahora discrimina a los hombres, esta cifra es de 44% entre los hombres mayores de la generación de baby boomers.
Por eso, hoy creo importante recordar solo algunos de los muchos logros que le debemos al feminismo y a las feministas en el camino recorrido.
Gracias a las feministas sufragistas que, entre los siglos XIX y XX, lucharon y lograron que nuestras abuelas y madres pudieran ejercer su derecho al voto y que luego pudiéramos ser candidatas en sistemas democráticos. No importa a qué partido votes ni si este reniega del feminismo. Si eres mujer y puedes votar, se lo debemos al feminismo.
Poco se enseña sobre los comentarios que, en esa época, debían escuchar las mujeres en el marco del debate en torno a nuestro derecho al voto. Por ejemplo, entre los argumentos públicos de los opositores al sufragio femenino en el Reino Unido se leían y se escuchaba en medios de comunicación: “La política exige cualidades de juicio, firmeza y templanza que las mujeres no poseen en el mismo grado que los hombres” o “Las mujeres están suficientemente representadas por sus padres, maridos y hermanos”.
Gracias, feminismo y feministas del pasado, por nuestros derechos civiles y legales adquiridos. Gracias por lograr que la Carta de las Naciones Unidas reconozca la igualdad entre hombres y mujeres y que este paraguas haya permitido dicho reconocimiento progresivo en las constituciones de muchos países del mundo. Y que, a la vez, este reconocimiento permita que cada vez más políticas públicas de todas las áreas tengan perspectiva de género.
Gracias, feminismo y feministas por visibilizar que las víctimas de violencia tienen rostro de mujer. Debemos, sin duda, al feminismo que hoy hablemos de violencia de género y sigamos luchando por erradicarla. Camino por avanzar, sin duda, nos queda. Una de cada cuatro personas en todo el mundo ve justificado que un hombre golpee a su esposa, según un estudio del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
Gracias, feminismo y feministas, por mostrarnos que mujeres y hombres no tenemos “roles” por naturaleza, sino que estos responden a estereotipos de género, a la cultura en la que nacemos y crecemos. Las niñas no juegan con muñecas y maquillaje por ser niñas, sino porque la mayoría de los juegos y productos que se les ofrecen están en estas categorías; las mamás no somos mejores cuidadoras que los papás corresponsables sino que la mayoría de los padres no se involucra en la crianza de sus hijas/os como las madres; las mujeres no somos multitasking, sino que soportamos una sobrecarga de tareas, ante la falta de corresponsabilidad. En esto queda mucho camino; casi nueve de cada diez personas en el mundo siguen teniendo algún tipo de prejuicio contra las mujeres, según el mismo estudio del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
Gracias, feminismo, porque mi hija va a la escuela, porque podrá ir a la universidad si lo desea, porque podrá alzar la voz y salir a marchar, porque podrá decidir si ser madre.
Por todo lo anterior, y por lo que nos queda por avanzar para lograr la igualdad real entre mujeres y hombres, debemos seguir dando vida al feminismo, llamarlo por su nombre con orgullo, evitar su invisibilización y ocultamiento, y rechazar la ignorante comparación con el machismo.
Feminismo, con tu altura intelectual, con toda tu experiencia y con los cientos de logros que has alcanzado, seguiremos siendo parte de ti para terminar con las desigualdades de género.
