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Experta destaca que comprender cómo aprende cada niño puede mejorar el estudio en casa

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Fundación Casa de los Niños reconoce que la hora de estudio se ha convertido en uno de los momentos que producen más tensión al interior de las familias.  

En muchos hogares la hora de estudiar se convierte en uno de los momentos más tensos del día. Padres que regresan cansados del trabajo intentan ayudar con tareas y exámenes, mientras los niños llegan agotados de la escuela o desmotivados. El resultado, con frecuencia, son discusiones, presión y un proceso educativo que termina afectando la convivencia familiar.

Catalina Chaves Fournier, psicóloga y directora ejecutiva de la Fundación La Casa de los Niños, señala que esta situación es cada vez más común y muchas veces se relaciona con ideas equivocadas sobre cómo funciona el aprendizaje en los niños.

“Muchos padres creen que estudiar significa pasar largas horas seguidas frente a los cuadernos hasta terminar todas las tareas. Pero el cerebro, especialmente el infantil, no funciona así. Cuando un niño estudia demasiado tiempo sin pausas aparece el cansancio mental y el aprendizaje pierde eficacia”, explica la especialista.

Desde la psicología educativa se recomienda dividir el estudio en periodos cortos con pausas. Un esquema sencillo consiste en trabajar entre 20 y 25 minutos y luego descansar cinco minutos.

Durante la pausa el niño debe levantarse, moverse o cambiar brevemente de actividad. Esto permite que el cerebro recupere energía y mantenga la concentración.  Esta organización del tiempo es especialmente útil para niños que presentan dificultades de atención, como ocurre en casos de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) u otras condiciones similares. “Obligar a un niño a permanecer sentado durante horas no mejora el aprendizaje. En muchos casos solo genera rechazo hacia el estudio”, advierte.

Cada niño aprende de manera diferente

Otro aspecto fundamental es comprender que no todos los estudiantes aprenden de la misma forma. "Cuando un niño dice que estudiar le cuesta mucho, muchas veces no se trata de falta de capacidad. Lo que ocurre es que todavía no se ha descubierto cuál es la forma en que su cerebro aprende mejor”, explica la psicóloga.

Algunos niños comprenden mejor cuando ven la información mediante esquemas, dibujos o colores. Otros aprenden con mayor facilidad escuchando explicaciones o repitiendo la información en voz alta. También hay niños que entienden mejor haciendo, resolviendo ejercicios o trabajando con ejemplos.

Los padres pueden identificar estas diferencias observando qué tipo de actividad ayuda más al niño a entender y recordar la información: verla, escucharla o practicarla. “Cuando el método de estudio coincide con la forma en que el niño aprende, el aprendizaje se vuelve más fácil y efectivo”, agrega Chaves.

¿Cómo apoyar el estudio según la forma de aprendizaje del niño?

Forma de aprendizaje ¿Qué suele ayudar en casa?
Visual (aprende viendo) Esquemas, mapas conceptuales, uso de colores, dibujos, gráficos o videos educativos.
Auditivo (aprende escuchando) Leer en voz alta, explicar la materia, hacer preguntas y respuestas, grabar audios para repasar.
Práctico o activo (aprende haciendo) Resolver ejercicios, escribir resúmenes, practicar con ejemplos o utilizar juegos educativos.

La tecnología puede ser una aliada del aprendizaje cuando se utiliza con un propósito educativo. Aplicaciones para crear tarjetas de memoria, videos educativos o herramientas para elaborar mapas conceptuales permiten trabajar la información de forma más dinámica. “Los niños y adolescentes de hoy aprenden en un entorno digital, cuando la tecnología se usa correctamente, facilita la comprensión y el repaso de la información”.

El rol de los padres: acompañar desde el vínculo

La psicóloga subraya que el rol de los padres no es dirigir el proceso de aprendizaje de sus hijos, ni sustituir al docente; sino acompañar y facilitar el proceso. “Cuando el estudio se convierte en un espacio de regaños o tensión constante, el aprendizaje deja de ser el centro y empieza a deteriorarse el vínculo entre padres e hijos”, afirma.

La especialista también destaca la importancia del clima emocional antes de comenzar a estudiar. En muchos hogares se pasa directamente de llegar del trabajo o de la escuela a exigir tareas o iniciar el estudio. Dedicar unos minutos a conversar con el niño puede cambiar la dinámica. Preguntar cómo estuvo su día o cómo se siente ayuda a crear un ambiente de confianza.  “Cuando el estudio empieza desde la escucha y el afecto, el niño se siente acompañado. Esa conexión mejora su disposición para concentrarse y aprender”.

Los padres pueden ayudar a organizar el estudio con estrategias simples:

  • Establecer horarios de estudio claros y realistas
  • Dividir el tiempo en bloques cortos con pausas
  • Observar cómo aprende mejor cada niño
  • Pedirle que explique lo que ha aprendido
  • Valorar el esfuerzo y el proceso, no solo el resultado.

La Casa de los Niños trabaja con familias para el bienestar emocional de niños y adolescentes, ofreciendo herramientas prácticas que permitan acompañar el proceso educativo sin aumentar la tensión en el hogar. “Cuando el estudio deja de ser una pelea y se convierte en un espacio de acompañamiento, los niños aprenden mejor y se fortalece la relación con sus padres”, puntualiza Chaves.