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Esmero y amor propio

Esmero es hacer las cosas con amor. Eso sólo es posible después de enamorarse de uno mismo. Puede sonar cursi, pero en estos tiempos turbulentos, recuperar la paz empieza desde el interior de nuestro ser. Similar sucede con la sostenibilidad y la coherencia: sólo cuando la persona opera desde la conciencia plena puede ser sostenible y coherente su proceder.

Hablamos del talento, que es el conjunto de destrezas que podemos cultivar en nosotros mismos y facilitar el proceso para que otros hagan lo propio con las suyas. Nuestro diseño biológico es más parecido al de un ser humano del Renacimiento, que florece como un jardín en múltiples y diversas direcciones a lo largo de la vida. No tiene nada de malo ni nada de especial ser una persona multiapasionada. El ser humano se esmera en todo lo que le produzca pasión, y eso no significa una sola cosa. ¡Quién se habrá inventado el cuento de enfocarse en una sola cosa!

En esta era dominada por la economía de la atención y en los albores de ser controlada por la inteligencia artificial, conviene recordar el diseño biológico que tenemos como especie social de estar al servicio de otros para enriquecer lo colectivo y, así, disponer de más abundantes recursos para satisfacer nuestras necesidades individuales.

Si el ayuno calórico es importante para la salud, también lo es respecto al consumo de información. Desapegarse unas 14 horas al día del consumo de calorías y de información por medios digitales es la recomendación más saludable que podemos darle hoy a cualquier amigo que dé muestras de adicción a alguna de ellas.

Superar un vicio es más fácil cuando se sustituye por un hábito de bienestar. Por ejemplo, la oxitocina es una poderosa sustancia que produce nuestro sistema endocrinológico al entrar en contacto directo, cuerpo a cuerpo, con otros seres humanos. Por ejemplo, cuando nuestra piel toca la de otra persona, cuando abrazamos, besamos, hacemos el amor o amamantamos. Sugeriría que, también, al celebrar un logro en un juego colectivo. Es una sustancia vital y nos hemos distanciado mucho de generar más de ella. Un abrazo de 30 segundos es más saludable y productivo que una hora de redes sociales.

Nuestros primeros ancestros vivían en abundantísima libertad y prosperidad. Las necesidades eran pocas y los recursos para satisfacerlas eran casi ilimitados. La estructura biológica de la vida humana sigue siendo la misma pero la estructura dentro de la que hemos enjaulado nuestra convivencia ha dado un giro radical. Hoy tenemos necesidades ilimitadas y recursos bastante escasos para satisfacerlas.

No podemos controlarlo todo. Es más, es poquísimo lo que podemos controlar. Renunciar al control es permitir que el universo siga su curso sin que hagamos tantos esfuerzos por impedirlo. De todos modos, no lo podemos evitar.

Escuche el episodio 308 de Diálogos con Álvaro Cedeño titulado “Esmero y amor propio”.

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