Costa Rica está dejando sin aprovechar una de sus mayores fuentes de riqueza: el talento de sus mujeres. Según una reciente encuesta del Instituto de Estudios Sociales en Población, el 42% de las mujeres en el país ha dejado de trabajar o ha reducido su jornada para asumir tareas domésticas y de cuidado. Detrás de esa cifra hay trayectorias profesionales interrumpidas, ingresos familiares debilitados y un capital humano que la economía nacional simplemente está dejando de aprovechar.
Esta realidad se relaciona con una distribución desigual del tiempo dentro de los hogares. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo del 2022 del Instituto Nacional de Estadística y Censos de Costa Rica, las mujeres dedican en promedio 32 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, mientras los hombres destinan alrededor de 15 horas. Esta diferencia limita la disponibilidad de muchas mujeres para participar plenamente en el mercado laboral.
Este fenómeno ayuda a explicar por qué la participación laboral femenina en Costa Rica continúa siendo significativamente menor que la masculina. Según datos del INEC, mientras cerca de tres cuartas partes de los hombres participan en el mercado laboral, poco más de la mitad de las mujeres lo hacen. Esta brecha no solo refleja desigualdades sociales; también representa una pérdida considerable de productividad para la economía nacional.
Desde la perspectiva económica, el trabajo de cuidados tiene efectos directos y significativos sobre la productividad del país. Durante generaciones, las mujeres han cargado silenciosamente con una parte sustancial del trabajo de cuidado que sostiene a la sociedad.
De hecho, estimaciones del Banco Central de Costa Rica indican que, si el trabajo doméstico y de cuidados se valorara económicamente, representaría cerca de una quinta parte del producto interno bruto del país. Se trata de un aporte comparable al de algunos de los sectores productivos más relevantes de la economía nacional, pero que aún no recibe pleno reconocimiento económico ni social.
Organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional han señalado que cerrar las brechas de participación laboral entre hombres y mujeres puede incrementar el producto interno bruto de los países entre un 10% y un 20% a largo plazo. Mientras el talento femenino permanezca fuera del mercado laboral, la economía en su conjunto pierde dinamismo.
Reconocer esta problemática implica avanzar hacia una verdadera economía del cuidado. Esto supone fortalecer las redes públicas de atención para la niñez, las personas adultas mayores y quienes requieren asistencia permanente; promover políticas laborales que faciliten la conciliación entre trabajo y familia; y, sobre todo, avanzar hacia una corresponsabilidad real dentro de los hogares.
Cuando el cuidado deja de recaer casi exclusivamente sobre las mujeres, el talento vuelve a desplegarse y la economía entera se beneficia.
Dicho de otro modo, uno de los mayores yacimientos de riqueza del país no está en Crucitas, bajo la tierra de San Carlos, sino en el talento que aún permanece fuera del mercado laboral. Si ese potencial continúa oculto, ninguna veta de oro podrá compensar lo que la nación está perdiendo. Costa Rica mantiene cubierto el talento de sus mujeres como una lámpara escondida, posee la luz, pero renuncia a iluminar su propio futuro económico.
