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Desmotivación silenciosa entre leyes

En el papel todo suena bien, el sistema de empleo público costarricense habla de equidad, la Ley Marco de Empleo Público parte de un principio que parece justo: a igual trabajo, igual salario, sin embargo, para muchas personas servidoras públicas la realidad no es esta; y en esta oportunidad quiero referirme a quienes ingresamos al servicio público en un momento muy particular —entre la aprobación de la Ley 9635, Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, y la entrada en vigencia de la Ley 10.159, Ley Marco de Empleo Público— pues terminamos quedando en una especie de limbo que pocas veces se menciona en el debate público.

Por un lado, están quienes ingresaron antes de los cambios que trajo la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, bajo un esquema salarial distinto que en muchos casos resulta más favorable; por otro lado están quienes ingresaron después de la Ley Marco de Empleo Público, bajo el modelo de salario global que suele ser más competitivo y en medio quedamos quienes llegamos en ese periodo intermedio, sujetos a un salario compuesto considerablemente menor; y ahí es donde aparece una realidad difícil de explicar pero todavía más difícil de vivir: no son pocos los casos en que personas con más años de experiencia, con mayor preparación académica o con trayectorias profesionales más amplias reciben salarios menores que quienes ingresaron después.

Escribo estas palabras desde un lugar muy humano, pues participé de esta situación, hay días en que la sensación es la de estar librando una desmotivación silenciosa que muchas veces no se dice en voz alta, pero que pesa cuando respirar cuesta más de lo que debería.

Esta situación obliga a muchos a tomar decisiones difíciles: migrar al sector privado o buscar otros puestos dentro del mismo servicio público que permitan cumplir los requisitos para pasar del salario compuesto al salario global, pero desde la humanidad estos movimientos no son simples cambios administrativos, porque implican dejar espacios donde se ha construido experiencia, donde se ha aportado conocimiento y donde también se han formado amistades que hacen del trabajo algo más que una rutina.

La situación se vuelve aún más compleja cuando se suman factores como la discapacidad o las dificultades de movilidad, porque para algunas personas cambiar de puesto no solo significa un nuevo trabajo, sino también en muchos casos cambiar de lugar de residencia.

Sin embargo, aunque muchas veces pareciera que la solución no está cerca, hoy quiero permitirme ser optimista, quiero creer que Costa Rica puede corregir el rumbo cuando algo no está funcionando como debería, quiero creen que con voluntad política, diálogo y una mirada más sensible hacia las personas que sostienen día a día las instituciones, es posible cerrar la brecha de desigualdad salarial, recordando siempre que detrás de cada regla salarial hay personas, historias y vocación de servicio.