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De Pital de San Carlos a Suramérica: la mujer que empezó con ₡30.000 y ganó medalla de oro con su vino artesanal

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En Pital de San Carlos, lejos de los grandes viñedos del mundo y de las bodegas tradicionales, Stephanie Guido inició hace diez años con ₡30.000 y una idea sencilla: poder trabajar sin dejar de estar presente para sus hijos.

Hoy, Stephanie -fundadora de Roshy Wine Costa Rica- no solo ha logrado sostener a su familia con su emprendimiento, sino que a finales de 2025 ganó una medalla de oro en la Copa Internacional de Fermentados, en Chile, uno de los países con mayor tradición vitivinícola en América Latina.

El emprendimiento de Stephanie Guido nació tras el nacimiento de su hija mayor, cuando buscaba una forma de generar ingresos sin dejar de estar presente en su hogar. Inició produciendo jaleas y conservas, luego lanzó una línea de pulpas y néctares, y durante años combinó largas jornadas de trabajo con la venta en ferias del agricultor. Su sueño, desde el inicio, era claro: crear un producto propio que algún día pudiera exportar. Y para eso, desde hace dos años, está en el proceso de la mano con la Promotora del Comercio Exterior de Costa Rica (Procomer).

Apasionada por los procesos de fermentación, decidió capacitarse en el INA y empezó a experimentar hasta desarrollar su propio vino. Las primeras pruebas no convencieron ni siquiera a su familia, pero ella estaba segura de que encontraría la fórmula correcta. Con equipos básicos donados y apenas 100 botellas con tapas de plástico, salió al mercado. Quince días después, en una feria del Día del Padre en Pital, vendió toda su producción. En ese momento entendió que el vino sería el camino para hacer crecer su emprendimiento.

Roshy Wine no produce vinos tradicionales de uva, su base principal es la flor de Jamaica, combinada con hierbas como jengibre, hierbabuena, menta y romero. Pero también tiene dentro de su producción sangría, vino blanco de uchuva y vino rosado de fresa.

“Son productos libres de gluten, sin químicos añadidos, sin taninos ni sulfitos agregados, pensados para ofrecer una alternativa más natural. Durante la pandemia, muchas personas comenzaron a consumirlos, y ese fue un punto de inflexión para el crecimiento de la empresa”, mencionó la empresaria.

La marca también evolucionó: de botellas con tapa plástica pasó a una presentación con corcho, nueva etiqueta y una imagen más sofisticada.

Sin embargo, el 2025 cambiaría su historia. A finales de ese año se realizaba Copa Internacional de Fermentados en el mercado chileno. Ella, decidida a ganar experiencia y tener alguna certificación de catadores profesionales que la respaldara, se animó a participar. Durante el proceso contó con el apoyo de un juez costarricense que participaría en el concurso, un maestro cervecero.

El día de la premiación, no pudo ir a Chile, pero estaba trabajando en degustaciones en supermercados de San Carlos y seguía la transmisión en vivo por Instagram, cuando anunciaron que había un reconocimiento especial para un fermentado innovador. La transmisión se cortó justo en el momento en que se anunciaba que ganó y no lo supo hasta que le escribió al juez costarricense que acompañaba su producto.

“Yo le pregunté que cómo nos había ido, qué cómo estuvo y él solo me dijo: “pero ya ganaste”. Segundos después recibí la imagen del certificado: medalla de oro en la categoría de fermentados que no son de uva. Entré en shock. Llamé a mi mamá llorando. “No lo puedo creer”, repetía. Algunos profesionales del sector me dijeron algo que nunca olvidaré: “Llegar con un vino a Chile y ganar oro es increíble”, contó.

El siguiente paso: exportar

Roshy Wine cumple 10 años. Se vende en San Carlos, en supermercados Economás, en zonas turísticas entre Pital y Vara Blanca, y cuenta con distribución en Alajuela y San José. Próximamente, llegará a nuevos espacios hoteleros en la zona de Playa Jobo.

Pero Stephanie no se quiere quedar ahí. “Mi sueño es ver mis productos en un supermercado grande. Y exportar. Y ya estoy trabajando para eso”, afirma.

Desde hace dos años trabaja con la oficina regional Huetar Norte de Procomer, participando en capacitaciones virtuales y procesos de preparación para mercados internacionales. Actualmente, se encuentra en etapa de ajustes de etiquetado y fortaleciendo su estructura empresarial paso a paso.

Este año dará un gran paso: participar en el Costa Rica Trade & Investment Summit (CRTIS) 2026, como parte de su proceso para exportar. Su meta es, en el mediano plazo, participar en ferias fuera del país.

“Historias como la de Stephanie reflejan el talento emprendedor de las mujeres y cómo, con acompañamiento y preparación, las pequeñas empresas pueden dar pasos reales hacia la exportación de productos diferenciados y de mayor valor”, afirmó Laura López, gerente general de Procomer.

Más que un negocio: un legado para sus hijos

Stephanie es madre de cuatro hijos -la mayor de 18 años y el menor un bebé de pocas semanas-, quienes han crecido viendo de cerca su esfuerzo diario. “Ser madre soltera y emprendedora les cambia la mentalidad a los muchachos. Aprenden a valorar lo que cuesta cada cosa”, afirma. Su familia también ha sido un apoyo fundamental en el camino. “Si no fuera por ellos, no tendría el empuje para salir adelante”, asegura.

Esta empresaria lidera un grupo de mujeres emprendedoras en la zona de San Carlos, donde comparte un mensaje que repite con convicción: “sí se puede. No se salgan del rumbo. Los sueños sí se cumplen. Por más veces que uno se caiga, hay que levantarse y seguir”.

En conmemoración del Día Internacional de las Mujeres, Procomer destaca historias de empresarias capaces y que, con esfuerzo, han desarrollado negocios y siguen con la mirada puesta en nuevos objetivos.