Cada año, las buganvilias moradas resplandecen en marzo.
¿Cuánta insistencia hay que practicar? ¿Cuántas veces lo vamos a tener que repetir?
¿Cuántas veces lo vamos a tener que gritar? ¿Cuántas veces vamos a tener que luchar? ¿No te parecen muchos años ya?
Insistencia, esta es una carta recurrente.
Sabemos que no es la primera vez que nos hablamos. Incluso, ya olvidé cuántas veces llevamos conversando.
¿Por qué siempre tengo que repetirte lo mismo?
Soné como mi mamá ¿cierto? Cada vez eso es más recurrente también.
La entiendo ahora más que nunca. Entiendo por qué le asustaba que saliera sola, que volviera tarde. Entiendo sus nervios al dejarme ir, al mismo tiempo, la imposibilidad de negarme experimentar la vida, el crecimiento, la expansión.
También entiendo por qué se molestaba tanto con mis comentarios y discusiones, esos que hacían que me señalaran. Entiendo el miedo de retar a un mundo que nos lleva la contraria y que nos silencia cuando lo hacemos, de todas las formas posibles.
Porque insistir también es una forma de sobrevivir, todos los días, a todas horas, en todo lugar.
Insistir en que nos escuchen, que nos vean, que nos paguen, que nos dejen ser libres.
Que no nos maten.
¿Cuántas veces más tenemos que gritar que no queremos ni una menos? ¿Cuántas excusas más tienen que nombrar para reconocer que nos están fallando?
Más de treinta. ¡Ya paren de contar!
Insistimos por una vida sin violencia, por una calle sin miedo, por niñas no madres, jugando, estudiando, por compañeras trabajando, por compas en libertad de ser quienes han decidido construir.
Queremos vivir, no sobrevivir. Experimentar la vida, decidir, tener autonomía. Amar libres, caminar juntas.
Cada verano, las buganvilias moradas florecen.
Somos flores de marzo que crecen en el cemento, abriéndose un espacio inesperado. Raíz fuerte, tallo duro, flor reconfortante.
Somos flores de marzo. Crecemos cada año, esparcimos la semilla.
Insistencia, esta es una carta recurrente, una lucha constante, una resistencia perpetua.
Insistimos, porque para algunas de nosotras, sobrevivir en este mundo exige transformarlo.
Somos flores de marzo
y seguimos luchando.
Con fuerza.
