Las organizaciones no gubernamentales tienen la doble virtud de ser, a la vez, expertas y profetas en temas que, de no ser por ellas, se quedarían sin ser atendidos y/o abordados por la Agenda Nacional.
Su particularidad, y en la cual radica su especial interés, es el hecho de que, a pesar de trabajar con las uñas, saben hacer “de tripas chorizo” para defender asuntos que de otra forma no serían recogidos ni tomados en consideración por los tomadores de decisiones nacionales.
Son expertos en la medida en que, al tener esa visión “de árbol”, han podido estudiarlo con detenimiento, comparando con experiencias en otras partes del mundo, al amparo de lo que recomiendan los organismos internacionales, y desde ahí poder hacer los “cambios de luces” necesarios, que de otra forma pasarían desapercibidos.
Son profetas —las más de las veces, no en su tierra…— pues llevan meses (cuando no años) nutriéndose e informándose sobre temas en particular, pudiendo establecer variables de cosas o situaciones de desmejora en el campo de la salud que podrían evitarse, si fueran implementadas determinadas políticas públicas.
Tal es el caso de la Red Nacional Antitabaco, que lleva años tratando de impulsar en la Asamblea Legislativa el empaquetado neutro de productos del tabaco y sus derivados, así como una ley para que la Caja Costarricense del Seguro Social sea ayudada corresponsablemente en los altos costos por cama y atención médica de los enfermos resultantes del tabaquismo y sus variantes (“vapeadores”).
Tal es el caso, también, de la organización Costa Rica Saludable, que lleva años impulsando el etiquetado frontal de advertencias nutricionales, en uso en mercados gigantescos como el mexicano o el argentino, entre otros muchos en América Latina.
La resistencia industrial, en ambos casos, ha podido más que la voluntad popular, pues en el caso del etiquetado frontal de advertencias nutricionales, se han recabado más de 3 mil firmas de apoyo y cartas en igual sentido, pero sin que las voces de la ciudadanía logren permear a los representantes populares. En los famosos revolving doors parecen ser más eficientes las cámaras, con todo su poderío e intereses económicos, que las organizaciones no gubernamentales, con sus esfuerzos ingentes -y prácticamente sin recursos- por equilibrar una balanza siempre desigual. Burro amarrado contra mamut suelto.
En la argumentación du jour, se alega que no se pueden incorporar medidas que afecten la nomenclatura comercial del Reglamento Técnico Centroamericano (RTCA) que está siendo revisado, pero nada más alejado de la realidad, toda vez que uno de los derechos que son defendidos en primera instancia, urbi et orbe, por los acuerdos comerciales y tratados internacionales, es el derecho de los países a priorizar la salud y el bienestar públicos, por encima de cualquier otra regulación regional/internacional. Es decir, primero está el bienestar-de-los-gobernados, luego todo lo demás.
Mientras tanto, en esta balanza tan desigual, las enfermedades no transmisibles (diabetes, hipertensión, obesidad, enfermedades crónicas pulmonares) siguen aumentando, a vista y paciencia, sin que medidas públicas de prevención sean implementadas con seriedad y el sentido de urgencia que ameritan.
A lo largo y ancho de América Latina, el etiquetado frontal ha tenido una doble virtud: ha obligado a la industria a reformular sus productos para tener “menos sellos” o ninguno, (redundando en productos con elaboración más “responsable socialmente”) y la ciudadanía puede elegir qué consume y qué no, pero con los ojos abiertos, lo cual, ya lo dijo la Sala Constitucional en su momento, es parte de un derecho humano fundamental: el derecho a informarse, para poder elegir/tomar decisiones, de manera consciente.
