Hace 73 años, Ernesto Guevara de la Serna, entonces un joven médico argentino, cruzó el hemisferio de sur a norte en motocicleta y se detuvo una temporada en Costa Rica. Aquí vio de cerca la dura vida de los trabajadores bananeros en Golfito. En una carta a su tía Beatriz, desde San José, fechada el 10 de marzo de 1953 -hace exactamente 73 años-, llamó “terrible” a la Compañía bananera y escribió que aquello lo había convencido de hacerse revolucionario. Así nació Ernesto “Che” Guevara, revolucionario marxista. Y nació, sin proponérselo, en Costa Rica, porque hasta ese momento lo suyo había sido la medicina, no el marxismo.
Pero para entonces el Partido Comunista costarricense -fundado por Manuel Mora y Carmen Lyra, declarados beneméritos de la patria en 1998 y 2016, respectivamente- ya había sido ilegalizado, y sus líderes, desterrados. Ni siquiera décadas de explotación bananera fueron semilla de revolución. En este país nunca existió ni la sombra de una revolución comunista; lo poco que hubo de comunismo en Costa Rica fue criollo, a la tica, aunque esas ansiedades sigan presentes. La figura del “bolchevique”, del “caldero-comunista”, del “rojo”, ha sido siempre el “Coco” del partido político en el poder. Con ese fantasma se ha espantado cualquier posibilidad, real o ficticia, de que exista aquí un gobierno de ese signo.
Aun así, Rodrigo Chaves ordenó la limpieza de comunistas del hemisferio (“limpieza” término radical que se ha usado en contextos de crímenes de lesa humanidad), sacó ese “Coco”, y, como en una carrera de relevos, ahora se lo pasa a Laura Fernández para que ella asuma -por supuesto- y encarne la nueva lucha anticomunista en el país. Una ofensiva directa contra el partido Frente Amplio, que, siendo de izquierda, no es ni remotamente comunista.
Este grito de guerra chavista me da pausa: “limpiar el hemisferio…” suena tan pasado de moda, tan anacrónico y tan absurdo que podría parecer ridículo. Pero deja de serlo cuando se usa para justificar el cierre de la embajada cubana. Ahí lo anacrónico se vuelve malintencionado, porque confunde al régimen cubano con el pueblo cubano. (Si con Cuba rompe relaciones, ¿para cuándo con Israel?).
Chaves es capaz de gritar que hay que “limpiar” el hemisferio de comunistas porque es lo que le queda fácil. ¿Cuál comunismo? ¿Cuáles comunistas? ¿Cuáles?
Y eso me recuerda a la Iglesia católica en América Latina. Subrayo América Latina porque, aunque la Iglesia es una y centralizada, ha tenido matices geográficos a lo largo de sus 2000 años y, en esta región, durante el último siglo, ha sido tildada de comunista. Nunca lo fue. Si algo llegó a ser, en momentos clave, fue abiertamente anticomunista (basta ver por qué eligieron a Karol Wojtyła -san Juan Pablo II). Conviene recordar también a Dom Hélder Câmara, una de las voces morales más importantes de la Iglesia, a quien llamaban santo por su labor con los más necesitados. Él mismo lo dijo con claridad: “Cuando doy de comer a los pobres, me llaman santo; cuando pregunto por qué son pobres, me llaman comunista”.
Así opera Chaves; así opera el chavismo: le dicen “comunista” al que cuestiona, al que incomoda y no se conforma, al que habla de justicia social, al que exige sus derechos, al que no se somete, al que se organiza, al que protesta, al que marcha, al que denuncia, al que piensa, al que disiente. Como “chancletudo” no asusta a nadie, desempolvan al Coco de siempre y lo llaman “comunista”. Pero más allá de la intolerancia del chavismo a cualquier peso o contrapeso, está su falta de programa político, y Chaves necesita sacar viejos fantasmas del siglo pasado para mantenerse “interesante”. Este reciclaje es evidencia explícita de otra cosa: su absoluta falta de imaginación.
Su falta de imaginación le impide concebir un hemisferio socialmente fuerte, económicamente sólido, culturalmente plural y sexualmente diverso. Un hemisferio a la vanguardia. Y Chaves no es el único: basta asomarse y ver el vecindario, lleno de fachos, dictadorcillos, racismos, misoginias e inequidades, como si estuvieramos en el siglo XX. Lo estamos, en este hemisferio. América está estancada, y los culpables son estos jefes de estado incapaces de forjar futuros diferentes donde todos quepamos. Ellos siguen en el pasado: el de la polarización, la Guerra Fría, las violaciones de derechos humanos, las dictaduras y las desapariciones, el de las repúblicas bananeras. América está estancada, y el comunismo no es el culpable.
