
Este es un momento crucial para que América Latina y el Caribe (ALC) replanteen cómo se entrega y se escala la educación. Proyectos impulsados con capital filantrópico acelerarán la implementación de la innovación educativa.
La tecnología tiene un potencial transformador en la educación y por eso cada vez más soluciones de edtech buscan transformar la enseñanza y el aprendizaje con herramientas digitales que abordan desafíos de acceso, calidad, gobernanza y eficiencia operativa buscando impulsar los cambios que requiere el sector.
Paralelo a esto, la educación en América Latina y el Caribe enfrenta un déficit persistente de asignación presupuestaria, administración de recursos y aprendizaje. El 79% de los estudiantes de sexto grado no puede comprender textos básicos, ubicando a la región con altos índices de “pobreza de aprendizaje” a nivel mundial. Pese a que se ha procurado mejorar el acceso, el 75% de los jóvenes de 15 años carece de competencias básicas en matemáticas y el 55% en lectura. De acuerdo con las pruebas PISA, los puntajes de ALC están por debajo de los de Norte América, Europa, Asia y Medio Oriente, solo superando a África.
Adicionalmente, los estudiantes de altos ingresos tienen cinco veces más probabilidades de terminar la educación secundaria frente a los estudiantes de bajos ingresos. Reducir en solo un 10% la proporción de estudiantes que abandonan el colegio antes de tiempo o sin habilidades básicas podría aumentar el crecimiento anual del PIB en uno a dos puntos porcentuales.
A nivel mundial, la tecnología educativa ha mostrado potencial para mejorar la educación al cerrar brechas de acceso en regiones desatendidas, mejorar los resultados de aprendizaje y aumentar la eficiencia operativa. Pese a esta evidencia, las edtechs no están alcanzando su potencial y el acceso a financiamiento es un factor limitante crítico, de acuerdo con el más reciente reporte de McKinsey & Company. Las edtech podrían contribuir significativamente a mejorar los resultados de aprendizaje, impulsados por inversión filantrópica.
McKinsey encuestó a más de 140 personas de organizaciones con y sin fines de lucro del ecosistema de tecnología educativa, donde se identificó que la demanda de soluciones tecnológicas también es limitada entre los compradores y los tomadores de decisiones clave debido a restricciones presupuestarias, limitaciones en la infraestructura digital, falta de conocimiento y barreras culturales. Las escuelas privadas enfrentan menos obstáculos, sin embargo, carecen de mediciones estandarizadas de resultados y de claridad en la definición de educación de calidad y eso dificulta la consistencia y la rendición de cuentas.
Por otro lado, a pesar de los desafíos en curso, la conectividad digital en América Latina y el Caribe ha aumentado significativamente. Una conectividad más amplia y el aumento de la penetración de banda ancha y teléfonos inteligentes permiten que las soluciones tecnológicas utilicen plataformas móviles para ofrecer herramientas de aprendizaje accesibles, de bajo costo y escalables en todas las regiones y segmentos de ingresos. A esto se suma la incursión de la inteligencia artificial generativa, que subraya la importancia de la alfabetización digital. Al trabajar con IA, los estudiantes adquieren experiencia con una tecnología que dará forma al futuro y que se convertirá en una herramienta clave de productividad.
¿Cómo puede la filantropía acelerar la innovación?
Las limitaciones financieras desincentivan la búsqueda de innovación y deja de ser prioritaria en las agendas educativas. La filantropía puede desempeñar un papel catalizador de la innovación educativa con herramientas tecnológicas; así como se ha demostrado su capacidad para lograr impactos en otros sectores, como la atención médica y la conectividad.
A través del capital filantrópico, será posible:
- Promover proyectos de edtech que el mercado o el sector estatal no financian
- Implementar planes piloto o riesgos iniciales y facilitar el escalamiento de las soluciones.
- Activar la demanda por parte de los docentes y tomadores de decisiones
- Generar confianza e interés en las nuevas tecnologías.
- Crear estándares de calidad
- Impulsar la innovación permanente a través de instituciones públicas centradas en un cambio sistémico en la educación.
De acuerdo con la firma McKinsey, abordar los desafíos en la educación y acelerar el impacto de las edtech en América Latina y el Caribe, requerirá acciones de múltiples partes interesadas, incluidos gobiernos, sistemas escolares, inversores e innovadores.
