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8M: derechos, justicia y acción por y para todas las mujeres y niñas

Una vez más, viene el día de la mujer y seguimos luchando por aspectos tan fundamentales como la libertad para elegir trabajar, participar y liderar en la sociedad, incluidos los sistemas políticos y judiciales. Eso implica reforzar la prevención y la protección frente a todas las formas de violencia de género, contar con leyes integrales y tener sistemas de justicia sin prejuicios, que pongan en el centro a las sobrevivientes y mantengan una postura de tolerancia cero frente al abuso y la impunidad.

Incluso hoy, Naciones Unidas recuerda que ningún país ha logrado cerrar por completo las brechas legales entre hombres y mujeres. En promedio, las mujeres solo cuentan con alrededor del 64% de los derechos jurídicos de los que disfrutan los hombres a nivel mundial, y la ley sigue jugándonos en contra en áreas clave de la vida: el trabajo, el acceso al dinero, la seguridad, la familia, la propiedad, la movilidad, los negocios e incluso la jubilación.

Como mujer, tengo claro y reconozco que crecí en una familia que, en la medida de lo posible buscaron mi bienestar y me facilitaron muchos privilegios. También tengo claro que es gracias al Estado Social de Derecho que hoy soy la persona en la que me he convertido. Soy hija de la educación pública (escuela, colegio y universidad). Sé que he tenido oportunidades que muchas personas desearían, las agradezco y reconozco. Además, entiendo que lo menos que le debo a este país es aportar para que sea un lugar mejor.

Partiendo de este punto me es inaceptable que el camino que he transitado en mi vida no me permita ver las adversidades a las que se enfrentan las mujeres a mi alrededor. Ese es el pensamiento que debería de impulsarnos para proteger los derechos que ya tenemos y luchar por aquellos que aún nos faltan alcanzar. Si bien es cierto, la realidad costarricense es distinta a la de muchos otros países, no podemos negar que aún hay mucho por hacer.

Hablemos con datos del INEC. En el año 2025 el 50,1% de la población nacional correspondía a mujeres. Poco más de la mitad de la población del país y los datos sobre brechas en el mercado laboral siguen siendo sumamente desalentadoras. Para contextualizar los datos siguientes es importante mencionar tres aspectos:

  1. La mayoría de graduaciones de licenciatura son mujeres representando un 63,4% mientras los hombres que alcanzan este grado representan un 36,6%.
  2. Las mujeres representan un porcentaje mayor de personas profesionales, científicas e intelectuales con un 20,6%, el dato para los hombres es de 9,5%.
  3. Existe una mayor cantidad de mujeres con secundaria completa, 52,9% mientras el dato para los hombres es de 47,1%.

A pesar de que las mujeres destacan por sus logros académicos, la tasa de participación laboral sigue siendo contundentemente menor con respecto a los hombres. En el IV trimestre del 2025 la tasa de participación masculina fue de 65,9% mientras las mujeres presentaron una tasa de participación laboral de 43,2% una diferencia de más de un 22%.

Las mujeres fuera de la fuerza laboral alcanzan un 56,8% y de este porcentaje el 98,0% se encuentra “no disponible para trabajar”. Cuestionarse el “¿Por qué las mujeres no se encuentran disponibles para trabajar?” es un ejercicio relevante. Las respuestas en realidad son conocidas desde hace décadas, pero el no visibilizarlas es un error.

El 43,6% de las mujeres no disponibles para trabajar se encuentra dentro de esa categoría debido a obligaciones familiares. Recientemente un estudio de IDESPO-UNA señaló que las mujeres pueden dedicar entre 44 y 46 horas semanales a tareas de cuido o trabajos no remunerados los cuales pueden representar desde tareas de asistencia personal y funciones educativas hasta actividades como la limpieza y compras del hogar. Cabe señalar que en el caso de los hogares donde hay niños o personas dependientes la dedicación de tiempo alcanza las 53 horas semanales.

Los datos muestran que la demanda de tiempo para la atención de trabajos no remunerados a la que se enfrentan las mujeres reduce drásticamente su tiempo disponible para el empleo remunerado y la búsqueda de trabajo.

Es claro que no siempre es posible reducir las tareas de cuido y el hogar, pero lo que si es posible es cambiar el rol, la repartición y el tiempo que se consume en las mismas por parte de las mujeres y niñas. El Estado y las comunidades tienen en sus manos posibilidades claras para combatir esta problemática desde servicios de cuido mejores y accesibles hasta un transporte público seguro y eficiente generan impactos positivos en aspectos como el estudio, trabajo y emprendimiento.

Siempre me gusta resaltar las realidades de las costas y la ruralidad, en estas zonas contar con servicios básicos confiables, como agua potable constante, centros de cuido cercanos, comedores escolares que funcionen bien o incluso infraestructura sencilla que ahorre tiempo en el hogar, puede marcar una diferencia enorme pero las acciones, no se materializan.

Por otro lado, no quiero dejar pasar la oportunidad para mencionar dos aspectos que, a simple vista, parecen ser positivos vinculados al incremento en la participación política de las mujeres. Para el periodo 2022-2026 se logró alcanzar una representación de 52,6% de mujeres diputadas. En lo que respecta a cargos públicos de alto nivel para el mismo periodo se contó con un 56,5% de ministras y un 42,4% de presidencias ejecutivas e instituciones autónomas lideradas por mujeres.

Cuando las mujeres están en las mesas donde se toman decisiones, cambian las prioridades: se habla más de cuido, de salud, de transporte seguro, de justicia con perspectiva de género y de cómo viven realmente las personas en las comunidades. Nuestra presencia en espacios de poder abre la puerta a leyes más justas y políticas públicas que vean la vida cotidiana desde una perspectiva más completa e integral.

Finalmente, quiero señalar que cerrar los ojos ante estas cifras no es opción. Si de verdad queremos un país más justo, toca asumir que la igualdad para las mujeres y las niñas no se resuelve con discursos de una vez al año, sino con decisiones diarias: en los hogares, en las empresas, en las comunidades y en la política. Nos corresponde incomodarnos, revisar nuestros privilegios y usar el lugar que ocupamos para abrir puertas y posicionar en voz alta las necesidades que aún están pendientes por atender.

Costa Rica tiene las condiciones para avanzar, pero nada va a cambiar si seguimos tratando estas desigualdades como algo “normal” o inevitable. Que este 8 de marzo no se quede en una fecha simbólica, sino que sea un recordatorio de que la justicia, los derechos y las oportunidades deben ser, de verdad, por y para todas.