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57 nuevas ideas

Según varias casas encuestadoras, la Asamblea Legislativa, ha sido la institución peor calificada del Estado. No es un secreto que en los últimos periodos la figura del parlamento ha ido tomando más visibilidad entre el pueblo costarricense. Esto gracias a diputaciones que han cumplido su rol de maneras ejemplares, pero también por otras que han manchado el honor de la curul que en su momento representaron. Ante la exposición que ya venía teniendo nuestro congreso llegó don Rodrigo Chavés, enemistado desde el primer día con las diputaciones de la oposición lo que nos llevó a estar semana a semana escuchando dardos venenosos de Zapote a Cuesta de Moras y viceversa.

Guste o no, se podría decir que “gracias” a la administración Chaves Robles, la imagen de nuestra Asamblea Legislativa y el seguimiento individualizado de cada diputación se ha maximizado dentro de nuestra sociedad. La ciudadanía ha puesto más valor en saber qué hacen los miembros del primer poder de la república.  Sin embargo, esa misma exposición, la viralidad de redes sociales como TikTok, que se encargan de mostrar fragmentos cortos del control político o de los ataques de Chaves, han generado una cantidad masiva de disgusto y prejuicios contra las y los diputados de la república. Además de las altas oleadas de críticas por parte del presidente, hay que sumar las peleas internas en el plenario que han llevado a escenas vergonzosas y ridículas que lejos de fortalecer la imagen de la persona diputada los ha mostrado ante el ojo público como peleoneros, obstaculizadores y saboteadores.

La administración de Rodrigo Chaves Robles no solo tensionó la relación Ejecutivo–Legislativo, sino que convirtió el conflicto en espectáculo permanente, amplificando tanto el seguimiento ciudadano como el desgaste institucional. Esto no solamente nos da indicadores muy claros del estatus actual de nuestros partidos y de sus maneras de hacer política. Muestra también que una curul se ha convertido en toda una incursión.

Si algo ha dejado claro el periodo actual es que la visibilidad ya no es opcional en nuestra política y menos en una institución como lo es el parlamento. Quien aspire a ocupar una curul debe entender que cada intervención será grabada, editada, viralizada y juzgada en cuestión de minutos. Su huella digital será eterna. La política dejó de ser un ejercicio de pasillos y se convirtió en un escenario permanente.

Es por esta misma situación que los próximos 57 diputados no solo heredarán un edificio cuadrado y gris en Cuesta de Moras; heredarán también una Costa Rica cansada del espectáculo, envuelta bajo liderazgos agresivos y ávida de resultados concretos y visibles.

Las esperanzas de un país entero no solamente reposan bajo el liderazgo conciliador que se espera que tenga la señora presidenta electa Laura Fernández, recaen sobre 57 nuevas curules que por cuatro años tendrán un rol esencial y estarán bajo la lupa de miles de costarricenses que ejercieron su voto el pasado 1 de febrero. El oficialismo tendrá 31 diputaciones, eliminando así toda excusa de que no pueden trabajar y aquellos que se hacen llamar chavistas les pondrán mucha atención. Liberación Nacional dio un aliento de vida bajo el fuerte liderazgo de don Álvaro Ramos y el país entero estará vigilante de las decisiones que tomen y si de verdad representan una renovación. El Frente Amplio y su nueva fracción será clave en este nuevo periodo, el pueblo costarricense les dio un voto de confianza y se espera que sigan siendo fiscalizadores aguerridos.

La nueva Asamblea Legislativa tiene una tarea gigante, no se tratará de llegar a confrontar por deporte ni de convertir el control político en contenido viral. Se tratará de comprender que cada curul representa una oportunidad para dignificar el debate, elevar el nivel de la discusión y reconstruir la legitimidad del Primer Poder de la República.

En mayo no entrarán simplemente 57 personas. Entrarán 57 nuevas ideas. Y con ellas, la posibilidad de devolverle la fe a Costa Rica por el parlamento.  La legitimidad no se hereda, se construye. Cada votación, cada debate y cada silencio contará.

Los próximos 57 diputados recibirán un Congreso observado, cuestionado y debilitado, pero no derrotado aún.  Está en sus manos decidir si lo convierten en un campo de batalla permanente o en el espacio donde las diferencias se transforman en acuerdos.

El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no debe perecer de la Tierra.” — Abraham Lincoln