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Sobre el futuro liderazgo de Costa Rica

Durante las semanas recientes, el país presenció un escenario no visto en años, donde fuimos testigos de una fuerte polarización política, desfiles, alta presencia de opiniones en redes sociales, alianzas entre partidos políticos de oposición y una disminución importante en el porcentaje del abstencionismo. Al final de las elecciones, el pueblo de Costa Rica escogió a sus gobernantes. Un resultado bien recibido por unos e inesperado para otros.

Las pasadas elecciones nos dejaron muchos temas por conversar, para esta ocasión, me gustaría navegar en el tema del liderazgo que nos acompañará durante los próximos cuatro años.

El papel de un líder va más allá de gestionar proyectos y dirigir un equipo, el líder de una nación tiene la responsabilidad de cuidar la democracia y la convivencia social. Esta labor se representa no solo en la estrategia de trabajo sino también en un punto muy importante, el discurso político. En este, un líder se comunica con su pueblo y le transmite sus ideas.

Históricamente, durante las campañas, el discurso político ha funcionado como una herramienta para conectar con los simpatizantes de distintos sectores. Si analizamos el impacto que han tenido estos en el contexto internacional, me atrevería a afirmar que es una herramienta poderosa a la hora de conectar con el pueblo y la idea que internaliza como grupo social.

Ahora bien, es innegable que un líder tiene una enorme responsabilidad sobre las palabras que emite en su discurso. A lo largo de la historia, grandes movimientos sociales han nacido a partir de ideas sembradas desde un estrado político. Muchos estamos familiarizados con estos acontecimientos y, aunque algunos resulten difíciles de comprender, conocer su impacto es parte de nuestra responsabilidad colectiva.

En ese mismo sentido, si un discurso es capaz de incitar a la división, también puede ocurrir lo contrario: un liderazgo que promueva el respeto mutuo y la convivencia democrática.

Por supuesto, no se trata de censurar al líder sino de recordarle la responsabilidad que lleva sobre sus hombros a la hora de dirigir una nación. Recordar que existe un porcentaje de la población que depositó la confianza en sus manos y que está dispuesta a escuchar fielmente sus declaraciones e interiorizar sus ideas.

En un contexto tan polarizado, podrían nacer distintas alternativas que sirvan de guía para los futuros líderes del país basadas en valores políticos. Uno de ellos es el liderazgo de servicio y sus distintas características que podrían ayudarle a conectar con el pueblo.

Es importante mencionar que proponer el liderazgo de servicio no implica idealizarlo, ni asumirlo como una fórmula universal, sino reconocer que, en contextos de fragmentación social, representa una orientación, siempre que se complemente con la decisión, y la conciencia del poder que se ejerce.

El liderazgo de servicio es un estilo asociado a principios como la empatía, la escucha, el cuidado de la organización, su impacto social y sobre todo el trabajo en equipo.

A pesar de que mi interés por aprender sobre el liderazgo de servicio es reciente, considero que he identificado algunos puntos que personalmente me gustaría poder presenciar en la comunicación futura del liderazgo de esta nación. Entre ellos, un llamado al trabajo y a la unión de poderes por parte del líder. El cumplimiento de los objetivos de una gestión va de la mano con el trabajo en equipo de las distintas partes. Este razonamiento no es nuevo en lo absoluto, lo hemos escuchado ya en textos de origen bíblico y en célebres políticos: “Una casa dividida contra sí misma no puede sostenerse.”

Otro factor muy común en el liderazgo político es el conflicto y la necesidad innegable de manejarlo. Sin duda, uno de los conceptos más valiosos que rescato, después de mi paso por mi primera formación en liderazgo de servicio es que el conflicto es necesario, sé que puede sonar contradictorio, e incluso incómodo. Sin embargo, vivimos en un mundo con diversas ideas existiendo al mismo tiempo, ¿No sería común que en algún momento estas ideas choquen?

La importancia está en cómo manejamos este concepto, si se lleva desde el respeto y el diálogo sano, creo fielmente que estaríamos ejerciendo nuestra libertad de expresión en un contexto seguro.

Una vez dicho esto, ¿Por qué no cambiar el estigma que tenemos sobre el debate político?,¿Por qué en vez de que sea visto como una batalla campal, sea visto como un espacio de diálogo e intercambio de ideas?

Antes de que se cree el concepto de que esto suena a un escenario utópico, podría poner el ejemplo de las pasadas elecciones, donde vimos diferentes formatos de debate donde predominó, en muchas ocasiones, un intercambio de ideas desde el profesionalismo y la ética.

El liderazgo no es sencillo, menos en un contexto tan polarizado, ya que va de la mano de una gran responsabilidad y un compromiso de tiempo completo. Al liderar no solo está en juego la individualidad de quien ejerza el puesto sino el futuro de su pueblo.

Considero que un buen liderazgo nace desde la forma en que nos comunicamos con el pueblo y con las ideas que buscamos difundir. El objetivo es claro, defender la democracia y los derechos humanos, pero creo fielmente que estos dos puntos se verían afectados si no van de la mano de un discurso que incite a la sana convivencia.

Creo en un discurso que una al pueblo en vez de separarlo, que fomente el trabajo en equipo entre los poderes y que, a través de la unión y los buenos resultados, se recupere poco a poco la confianza entre la ciudadanía y las instituciones.

Sé que muchos pensarán que espero un escenario fuera de la realidad. Sin embargo, confío en el poder de las buenas herramientas de comunicación y en un liderazgo cuyo objetivo sea servir al pueblo. Al final del día, elijo pensar que es posible.