Decía Lakeoff, antiguo académico y asesor político de los Demócratas (USA) que “la clave de toda pugna política es el marco interpretativo (frame, en inglés). Gana quien define el marco, el campo del debate, y no quien tiene el programa más detallado”. Esto es relevante porque, aunque los partidos en general tienen un programa de gobierno, más importante para ellos y sus fines electorales es cómo elaboran el frame que responde a su visión de mundo, cómo lo comunican y si “conectan” con los grandes públicos. Todos enmarcamos la realidad, aunque la mayoría de las veces lo hagamos inconscientemente.
La profesora Montserrat Herrero, filósofa política española, escribió hace unos años sobre los “conflictos de poder y de interpretación” que se operan en la opinión pública causados por acontecimientos políticos que se enmarcan y se re-enmarcan (framing y reframing) dando como resultado aquello que impacta o no a los destinatarios del mensaje.
El Partido Pueblo Soberano (PPSO) en las recientes elecciones recurrió a un marco interpretativo que podría percibirse como “Sistema vs anti-Sistema”. El Sistema representaría un pasado de partidos políticos que han creado una burocracia pesada, nos han dejado una gran lentitud para reformar, se han convertido en élites que no merecen confianza, y que con sus privilegios han creado desigualdad y un sistema injusto. Dentro de ese marco, los anti-Sistema serían el PPSO: representaban la frustración ante la burocracia, deseo de arreglar todo rápido por el bien del país, presentarse como artífices de un cambio que ya empezó en la actual administración y que beneficia al pueblo, pero que las élites tradicionales y las estructuras creadas por ellos les obstruyen para que ese cambio no se dé. Su narrativa exigía una ruptura con la política tradicional y para que ese cambio se operara era necesario continuar en el poder y conseguir 40 diputados para lograr pasar las leyes para una nueva Costa Rica, ágil y con gran capacidad de tomar decisiones rápidas y a favor del pueblo.
Un movimiento antisistema puede ser moderado o radical, como casi todas las formas de pensamiento en el mundo político. No necesariamente quiere destruir la democracia ni despedazar las conquistas del pasado, aunque en estas elecciones algunos adversarios del PPSO introdujeron el marco de “Miedo”: “yo voy a votar sin miedo”, decían; se perderá la democracia; desaparecerá el diálogo; el modo de hacer política en Costa Rica se ha vuelto agresivo versus una tradicional forma tranquila; y se perderán las garantías individuales. Por ejemplo, muy rápidamente tras dar el TSE los primeros resultados, una candidata perdedora indicó que a Costa Rica había que defenderla en las calles si fuera necesario y lo hizo de una forma más agitada de lo normal. A los pocos días de las elecciones un partido empezó a liderar, lo que da la impresión de ser un movimiento para que todos los diputados de la nueva oposición se atrincheraran juntos contra la nueva amenaza para Costa Rica que representaba el partido ganador y sus 31 diputados.
Conforme han pasado las semanas los ánimos se han ido serenando un poco. Obviamente los frames sirven de manera especial para momentos cumbre como una elección, decisiones importantes que afectan para bien y para mal a grandes grupos, para mantenerse en el poder con respaldo popular y para dialogar creando un contexto entendible. Pero una vez que se gana una elección o se pierde, hay que elegir, re-elaborar y lanzar nuevos marcos que respalden la nueva forma de gobernar o de hacer oposición. Ya veremos cuales serán, pero esperemos que la brusca polarización que llevó a dividir a Costa Rica entre buenos y malos en la reciente elección se disuelva por el bien de todos.
