
El enfriamiento líquido puede reducir hasta un 30% la energía destinada a enfriar los centros de datos y ayudar a reducir la huella de carbono generada por la infraestructura, al requerir menos espacio.
El auge de la Inteligencia Artificial (IA) está elevando la potencia de procesamiento y el calor que esta genera en los centros de datos, presionando el costo eléctrico y la continuidad operativa en servicios como banca, comercio digital, nube, streaming y plataformas públicas. Por eso en 2026, más operadores de centros de datos están rediseñando su infraestructura y acelerando el cambio a alternativas de enfriamiento más eficientes. El tradicional enfriamiento por aire, ya no es suficiente para las cargas generadas por la IA.
Según la Agencia Internacional de la Energía (IEA), los centros de datos, la IA y las criptomonedas consumieron alrededor de 460 teravatios hora (TWh) en 2022, y el consumo de los centros de datos podría superar los 1.000 TWh en 2026. Para dimensionarlo, 460 TWh equivale a unas 7 veces la demanda anual de electricidad de los seis países de Centroamérica estimada para 2025 (65,4 TWh), según el Ente Operador Regional.
Con procesadores cada vez más potentes, el enfriamiento por aire empieza a quedarse corto para ciertas cargas de IA, por lo que el enfriamiento líquido directo al chip gana terreno. Además de proteger la continuidad, ayuda a reducir el impacto ambiental al requerir menos energía para enfriar.
“El enfriamiento líquido no solo mejora el desempeño, también reduce el impacto ambiental. En ciertos escenarios puede recortar hasta un 30% la energía utilizada para enfriar, frente a esquemas por aire, y esa eficiencia se traduce en menor consumo y menor huella de carbono”, explicó Mario Marchena, gerente de Desarrollo de Negocio para México y Centroamérica en Schneider Electric.
Además del ahorro energético, hay otros beneficios que son fundamentales. Al reducir la necesidad de grandes ventiladores y pasillos de aire, las computadoras pueden estar juntas y se aprovecha mejor el espacio, de modo que lo que antes requería instalaciones mucho más grandes hoy puede reducirse drásticamente. Eso ayuda a bajar la huella de carbono asociada a la infraestructura, porque en muchos casos se necesita menos obra y menos expansión física para crecer.
Y algo que también disminuye es la contaminación auditiva: al bajar, e incluso en parte eliminar, el uso de ventiladores a alta velocidad, la operación tiende a ser mucho más silenciosa.
Otro punto que destaca la industria es el aprovechamiento del calor residual, ya que en centros de datos tradicionales el aire caliente suele disiparse sin ningún uso, mientras que los sistemas basados en líquido pueden facilitar la recuperación y reutilización de ese calor para aplicaciones específicas como climatización de edificios cercanos o algunos procesos industriales, cuando el diseño y las condiciones del sitio lo permiten.
Para aprovechar el enfriamiento líquido sin poner en riesgo la confiabilidad, el cambio debe hacerse con un plan y por etapas. No es solo instalar una nueva tecnología: también hay que definir qué se hace primero, vigilar variables básicas como la temperatura, la circulación del líquido y las alertas de fugas o cambios anormales, y dar mantenimiento a componentes clave como bombas, conexiones, filtros y sensores, para evitar fallas y asegurar la continuidad operativa.
Claves para una transición eficiente y sostenible
- Crecer por etapas con un diseño modular, evitando sobredimensionar desde el inicio.
- Medir en tiempo real el consumo de energía y la temperatura del centro de datos para optimizarlos y garantizar la continuidad operativa.
- Asegurar que la energía y el enfriamiento crezcan “de la mano” para sostener la disponibilidad 24/7 que exigen las cargas de IA.
El objetivo es que la transición al enfriamiento líquido reduzca la huella de carbono y el consumo de energía, sin aumentar el riesgo operativo. Además del cambio de tecnología de enfriamiento, se vuelve clave asegurar una operación controlada y consistente, con buenas prácticas de mantenimiento, monitoreo y respuesta ante incidentes, para sostener la disponibilidad que exigen los servicios digitales mientras se avanza en metas de eficiencia y sostenibilidad.
“La IA obliga a repensar cómo crece la infraestructura digital. La oportunidad es avanzar en capacidad con menor huella de carbono, combinando eficiencia energética, resiliencia operativa y una gestión más inteligente del enfriamiento”, concluyó Mario Marchena.
