“El turismo debe ser rescatado, pero de alguna manera también tiene que ser reinventado”. No es una consigna social ni un eslogan político: es una declaración institucional.
La frase es una brújula. Y en Puntarenas —donde se concentran distritos costeros con alto interés turístico y donde avanzan procesos de Plan Regulador Costero en la Zona Marítimo Terrestre (ZMT)— también es una advertencia.
Rescatar no puede significar simplemente ordenar para atraer inversión. Reinventar no puede traducirse en desplazar comunidades históricas para facilitar expansión inmobiliaria. Si el turismo va a ser el motor estratégico del país, debe demostrar que puede fortalecer el territorio sin fragmentarlo.
El propio Plan Nacional de Turismo 2022–2027 (PNT) no mide el éxito únicamente en divisas o crecimiento de llegadas. Incorpora como referencia el Índice de Progreso Social (IPS) y establece como meta que los Centros de Desarrollo Turístico superen los 70 puntos. El IPS fue diseñado como herramienta de análisis estratégico del sector turístico, basada en indicadores sociales y ambientales que orientan políticas públicas (Centro Latinoamericano para la Competitividad y el Desarrollo Sostenible.
Los datos comparativos en la costa pacífica son reveladores. Según el IPS 2019:

Las cifras muestran que la actividad turística no garantiza automáticamente mejoras estructurales en bienestar territorial. Incluso en destinos consolidados como Garabito o Quepos, el progreso social no se dispara por efecto del mercado turístico, más aún, cuando se revisan los componentes internos del IPS para Golfito, aparecen brechas importantes en Seguridad Personal, Acceso a Educación Superior, Oportunidades y Calidad Medioambiental. Estos indicadores evidencian que el desafío no es solo atraer visitantes, sino mejorar condiciones estructurales del territorio.
Aquí es donde el debate sobre los Planes Reguladores Costeros adquiere dimensión estratégica. Un PRC no es simplemente una zonificación técnica. Define usos del suelo, densidades, reglas de concesión y límites ambientales que impactarán el arraigo comunitario, el acceso a la vivienda y la presión inmobiliaria durante décadas.
El Manual para la Elaboración de Planes Reguladores Costeros en la ZMT exige incorporar análisis de cambio climático dentro del componente ambiental y proyectar escenarios futuros considerando ámbitos físico-ambientales, socioeconómicos y turísticos. Esto implica que la planificación costera no puede ser reactiva ni parcial. Debe ser preventiva y sistémica.
En distintos destinos costeros del país ya se observan patrones preocupantes: concentración del desarrollo en la franja costera y desplazamiento de la fuerza laboral hacia periferias con déficit de servicios, fragmentando el territorio y aumentando tensiones sociales. Si el modelo no corrige esas dinámicas, el turismo no se está reinventando: se está reproduciendo.
Por eso este momento es clave para las comunidades costeras de Puntarenas. Informarse no es un acto simbólico: es un ejercicio de corresponsabilidad democrática. Conocer el Plan Nacional de Turismo, revisar el Manual del PRC y comprender los datos del IPS permite participar con fundamento y exigir coherencia institucional.
El turismo sostenible que el país promueve no puede limitarse a la imagen internacional de biodiversidad y paz. Debe reflejarse en territorios donde la población local pueda permanecer, emprender y prosperar. Debe fortalecer encadenamientos productivos, mejorar indicadores sociales y proteger el patrimonio natural del Estado.
Rescatar el turismo implica proteger su esencia: naturaleza, cultura, identidad y arraigo. Reinventarlo implica corregir distorsiones: informalidad, concentración de beneficios y expansión sin planificación integral.
La costa de Puntarenas no es un vacío esperando inversión. Es territorio habitado, trabajado y cuidado por generaciones. Si el turismo debe ser rescatado y reinventado, que sea con la comunidad en el centro, con datos sobre la mesa y con participación real en el diseño del futuro costero.
