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Qué debería estar discutiendo Costa Rica sobre inteligencia artificial (y qué no)

Costa Rica entra en 2026 con una combinación poco frecuente: un nuevo gobierno, un Congreso con mayor capacidad de decisión y una presión creciente sobre su competitividad, en un ambiente internacional convulso. Aumento de aranceles, volatilidad logística, encarecimiento de costos, tipo de cambio y una brecha digital persistente en sectores productivos tradicionales obligan al país a tomar decisiones estructurales. En ese contexto, la inteligencia artificial de última generación no es una promesa futurista, es una herramienta disponible que ya está influyendo en cómo compiten los países. Este no es un debate del futuro, es una decisión del presente.

Precisamente por eso, más que sumar opiniones o discursos grandilocuentes, Costa Rica necesita ordenar la conversación. Distinguir con claridad qué deberíamos estar discutiendo sobre inteligencia artificial y qué debates, aunque bien intencionados, nos distraen de lo esencial.

Empecemos por lo que no deberíamos estar discutiendo. Costa Rica no necesita debatir si la inteligencia artificial “llegó para quedarse”, si es una moda pasajera o si puede regularse como una tecnología estática y completamente predecible (por que no lo es). Tampoco deberíamos centrar la conversación exclusivamente en prohibiciones, autorizaciones previas o esquemas normativos complejos que presuponen un nivel de madurez tecnológica, institucional y productiva que no tenemos. Regular desde el temor o desde la urgencia política puede terminar generando un costo país innecesario. Por ahí, definitivamente no es.

La pregunta relevante no es si la inteligencia artificial implica riesgos. Toda tecnología transformadora los tiene. La pregunta correcta es si Costa Rica está construyendo las capacidades necesarias para usarla bien y convertirla en productividad, competitividad y mejores servicios para las personas, antes de que otros países nos ganen la carrera.

Lo que sí deberíamos estar discutiendo es cómo la inteligencia artificial puede fortalecer al sector exportador en un contexto global cada vez más exigente. La IA permite mejorar productividad por unidad exportada, optimizar inventarios, reducir fallos operativos, anticipar demanda y cumplir estándares internacionales más complejos. En un entorno marcado por shocks externos y márgenes estrechos, estas capacidades dejan de ser opcionales y pasan a ser estructurales para competir.

También deberíamos enfocarnos en cómo llevar estas herramientas al sector productivo local, especialmente a las pequeñas y medianas empresas. Para sectores como agroindustria, manufactura, alimentos, plásticos o metalmecánica, la IA ya permite reducir costos energéticos, mejorar trazabilidad, elevar calidad, automatizar procesos repetitivos y acceder a inteligencia de mercados. No se trata de grandes apuestas tecnológicas, sino de resolver problemas concretos del negocio con soluciones prácticas y escalables, algunas de ellas de manera sectorial o intersectorial.

Desde la Cámara de Tecnologías de Información y Comunicación (Camtic) hemos impulsado precisamente este enfoque: transformación digital basada en diagnóstico, pilotos de alto impacto, escalamiento de soluciones replicables y gobernanza ligera orientada a resultados. La experiencia demuestra que la adopción tecnológica no ocurre por decreto ni por moda, sino cuando genera valor medible y rápido para las empresas.

Y, de manera prioritaria, Costa Rica debería estar discutiendo cómo el Estado puede usar inteligencia artificial, y la tecnología en general, para mejorar la calidad de los servicios públicos y la toma de decisiones. La IA puede ser un catalizador real de una transformación digital profunda, no cosmética: reducción de tiempos, uso más eficiente de los recursos, decisiones basadas en datos, más transparencia y mayor capacidad de respuesta al ciudadano. Pero esto exige pasar del discurso a la implementación responsable.

De cara al nuevo ciclo político que inicia en mayo de 2026, el rol del Poder Ejecutivo y de la Asamblea Legislativa será determinante. El país no necesita respuestas apresuradas ni marcos rígidos que limiten la experimentación productiva y la innovación. Necesita una agenda nacional de inteligencia artificial, pragmática y progresiva, que articule talento, sector productivo, exportaciones y Estado, con reglas claras pero habilitantes.

La inteligencia artificial no es un problema que haya que controlar, sino una oportunidad país que hay que saber habilitar con inteligencia y visión estratégica. La experiencia internacional es clara: los países que han priorizado esquemas graduales, basados en riesgo y acompañados de programas de adopción (alfabetización, educación, acompañamiento, transparencia y claridad), están logrando mejores resultados económicos y sociales que aquellos que han optado por regulaciones extensas y rígidas antes de construir capacidades reales.

Enfoquémonos en construir capacidades reales que generen productividad, competitividad, empleo y mejores servicios públicos. Esa es la decisión que marcará nuestro rumbo en los próximos años.

En Camtic estamos listos para apoyar, desde el sector productivo, a la señora presidenta electa y a las nuevas autoridades en este reto estratégico, poniéndonos desde ya a las órdenes para construir una agenda país de inteligencia artificial orientada a resultados.