Perdí, perdimos: hagamos autocrítica. Hubo cerca del 49% que habló, y eso se respeta. Claro, entregamos la patria no necesariamente a los mejores, porque no caben en los dedos de una mano los procesos abiertos contra esas futuras diputaciones. Esto no empezó con el banderazo del TSE en octubre de 2025. El oficialismo lo sembró antes, aprovechando modelos de conferencias de prensa de países como Estados Unidos, El Salvador y México, con la excusa perfecta de vestirse de santo (transparencia), apegado al derecho de informar a la ciudadanía. Pero nadie se preguntó: ¿a quién le hablaban, a qué audiencia y para qué? ¿Qué pasó con las métricas de las plataformas oficiales, quién las analizaba, para qué fines?
La vigilancia de cualquier gobierno —sin dejar de lado el rol del pueblo— está en la Fiscalía cuando lo amerite (justicia), en la Contraloría, Mideplan y Procuraduría para lo técnico-administrativo, y en la Asamblea para lo político. Pero fueron los más nombrados, acusados e interpelados: un ataque directo y constante al control político según el marco jurídico costarricense. Las instituciones no lo contrarrestaron con esquemas de prensa ni sitios web accesibles, fáciles y creativos para balancear mentiras cuando las había. Los partidos políticos fueron timoratos y fríos, lidiando con contradicciones internas, divisiones fugaces, vacas sagradas y la dificultad de integrar generaciones y clases sociales sin asustar a los que tienen derecho de piso o romper lealtades.
La fórmula no fue solo "miente que algo queda", sino decirle a la ciudadanía que había un monstruo al que derrotar. No buscaban votos aún —no había elecciones—, sino sembrar dudas, odio y agitación para delegar después. Durante casi cuatro años, se germinó semillas y con el pitazo apareció un cuerpo espontáneo y temporal: “el chavismo”. Ponían en la guillotina a los controladores políticos, atribuyéndoles amantes (curiosamente, esa vara no aplica hoy para él), adjetivos como zurdos, burócratas, filibusteros colocados por partidos y exfiguras. Al pitazo de campaña electoral, el "déjeme trabajar" desapareció, ahora eran los mejores, con indicadores impecables. ¡Cómo es posible si no los dejaron trabajar! ¿Curioso no?
Lo cierto es, que mientras esta narrativa avanzaba, es decir mientras el bebe empezaba a gatear, o sea los partidos, ya el chavismo iba por la leche. Sin dejar de lado, las fugas en alcaldías que mueven votos, que no supieron contrarrestar, mientras que ese estilo “Trump” ordeno-mando, y exquisito para generar a través del discurso ansiedad, dudas, expectativa. De ahí viene ese estilo al llamado “La tercera república”. Otro aspecto a considerar, es que la forma de organización de los partidos Taxi, ha superado en dos ocasiones las formas de organización de los partidos de antaño, lo que sugiere que debe de ser analizado con lupa.
No cabe duda, que el cuerpo mixto del chavismo hay argumentos irracionales, llenos de odio, pero también mucha granja de trolls. Lo que si es cierto del caso, es que hubo cantones con bajo desarrollo humano que los ganó la señora Fernández, pero no por básicos sino porque les supieron hablar. Si fuese, que hubo una mejora del ingreso para superar la pobreza extrema y la básica, ¿habrá sido entonces ese el motivo para votar en masa por la señora Fernández en las costas?.
En lo personal, sin desmeritar los avances porque si hubo, hay algo de fondo que quiero soslayar, la narrativa usada —por más odiosa, violenta y grotesca— conectó con las audiencias que sabían desde un inicio que tenían que hablarle. No porque estos recibieran una mejoría en su ingreso o una baja supuesta en al arroz, sino que supo conectar con el sentimiento de ser excluido, con ese enfado, con ese enojo. Ser excluido y también ser pobre o venir de zonas rurales, con condiciones restringidas, desempleo y de desconexiones de infraestructura, —no es fácil, y por eso Ariel reflexiona de esto—, porque ser pobre va más allá de la medición. Es una experiencia vergonzosa, que degrada la autoestima, la dignidad y genera muchísima frustración y enojo.
¿Cómo se explica tanto apoyo si hubo un recorte en el gasto social importante?, Ahí viene la persuasión. La sensación de ser pobre, de no lograr ser lo suficiente, de no tener lo que necesito, lo que quiero —que en última instancia, muchas veces da solo para lo que necesito y no para lo que quiero— tiene implicaciones fuertes, que desbordan a cualquiera, de forma que el narcotráfico ha sabido hablarle, y llegarle a esos excluidos con ingresos y con el pacto del diablo pero también, hubo una narrativa oficial, que supo conectar con ese corazón herido, que lleva años engañados con las mismas promesas, daremos empleo, bajaremos la pobreza, costo de vida, vivienda, bono, educación, seguridad ciudadana.
Finalmente, ya con todo orquestado pues tocaba orientar ese odio hacía el control político. El Estado es una empresa de todos, pero crecemos sin equidad y existe la inseguridad ciudadana. Hubo un dirigente que entendió este contexto, y comprendió los viejos patrones de enseñanza culturalmente de ticolandia, de “la mano dura”, “te pego o te grito, para educarte” y encendió la mecha.
Eso los conectó con su experiencia compleja, junto con la privación por ingresos. De ahí que la persuasión entró a hacer fiesta. De ahí provienen las frases “me abrió los ojos”, “Papá Chaves”, el uso del cierto tipo de lenguaje, “A la gran put*&·, déjeme trabajar”. De ahí viene en esa narrativa cotidiana que conectó no por ser pobres vía ingresos, sino porque encontraron el lenguaje correcto, para su juego político mientras otros dormíamos en el limbo, apelando a la moral en vez de organizarnos, alertar y participar. No todos sabemos que significa llegar sin que comer al día siguiente, y verse entre la espada y la pared. Por eso digo, y entiendo cuando dicen la frase de Ariel, “aquellos de a donde yo vengo, estan molestos”.
Por último, no es buena señal adaptarse a una sociedad enferma. Hay que hacer autocrítica, incomodar con amor, paciencia, estrategia y voluntad para escuchar, resistir y proponer, reconociendo con humildad lo bueno, lo malo, lo que dejamos de hacer y lo que viene.
