Recién terminamos un proceso electoral convulso, que se vivió con mucha intensidad, pero también con mucho odio. Todos hemos visto conversaciones pasadas de tono en redes sociales, en grupos de Whatsapp y en convivios con amigos o familiares, incluso ya pasadas las elecciones. Hemos sido testigos y hasta participes de cientos de comentarios que tachan de ignorantes a quienes votaron por uno u otro, en lugar de celebrar que votaron y participaron activamente de nuestra democracia, que al final es eso –entre muchas otras cosas– elegir a la persona que más nos representa y que consideramos la mejor opción para el país.
Doña Laura no es la presidenta del Partido Pueblo Soberano, es la presidenta de Costa Rica, nos representa a todos incluso a quienes no votaron por ella, lo mismo ocurre con los diputados electos, ya no representan un partido, representan un pueblo, un pueblo que está pidiendo a gritos ser escuchado y un pueblo que lleva años con una separación cada día más profunda y dañina. Nuestra presidenta, tiene una oportunidad de oro, no solo para hacer cambios estructurales (que son necesarios), sino también para intentar cerrar la brecha y unir lo que por tanto tiempo se ha ido separando – la gente-.
Durante el medio tiempo del evento deportivo más importante de los Estados Unidos, un país altamente dividido y liderado por un presidente que promueve esa separación, se le brindo a un latinoamericano la oportunidad de enviar un mensaje y nos recordó lo más importante; que la única fuerza más grande que el odio, es el amor, que, entre tanto odio y resentimiento, lo único que puede unirnos es la empatía, el entendimiento y el amor por los demás.
Volviendo a nuestro pequeño pedazo de tierra, urge cambiar el discurso, frenar los ataques y trabajar como país, recordar lo que somos; América Latina, Costa Rica, “pura vida”. Este pequeño país, se ha caracterizado siempre, por sus playas, sus bosques, sus volcanes y su fauna, pero también nos caracterizamos por nuestro don de gente, por el calor latinoamericano y las sonrisas que despiertan cada barrio y hacen de nuestro país inolvidable.
A doña Laura, su gabinete y a los 57 diputados y diputadas, el mejor de los éxitos, el pueblo confía en sus buenas decisiones, en que consideren el interés común y en que cada día seamos un mejor país.
A la gente… que no se pierda de vista que un país unido será siempre más fuerte y exitoso que uno dividido, las elecciones pasaron, hay que guardar banderas y discursos de odio. Recordar que, como dijo Benito, lo único más grande que el odio, es el amor.
