Hoy comienzan los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Invierno de Milán–Cortina 2026.
Un evento global que traerá a Italia a 3.500 atletas de más de 90 países, comprometidos en 304 competiciones, y una audiencia mundial estimada en tres mil millones de personas. Pero hoy, en Italia, en la ceremonia de inauguración estarán presentes 50 Jefes de Estado y de Gobierno procedentes de todo el mundo.
Está claro que Milán–Cortina 2026 no será solo deporte: será, ante todo, desarrollo, innovación y visión de futuro. Con un impacto económico estimado en 5.300 millones de euros, los Juegos dejarán como legado infraestructuras y crecimiento territorial. Pero serán, una vez más, una poderosa herramienta de soft power que consolidará de manera duradera el posicionamiento internacional de Italia.
Por primera vez en la historia, los Juegos se convierten en “difusos”: dos ciudades emblemáticas, Milán y Cortina, y todo un sistema de territorios —Lombardía, Véneto y Trentino-Alto Adigio— unidos por una visión sostenible e inclusiva. Y este es el primer mensaje “político”.
Los Juegos de Invierno generan efectos que van más allá de la dimensión deportiva, incidiendo en las infraestructuras, el desarrollo territorial, las cadenas productivas y el posicionamiento internacional de nuestro país.
El sistema organizativo de los Juegos prevé la participación de cerca de 18.000 voluntarios y una Task Force diplomática dedicada, integrada por jóvenes funcionarios, instituciones y comunidades locales. Un compromiso que confirma la capacidad de Italia para organizar con éxito eventos de alcance global, como ya vimos con el Jubileo recientemente celebrado.
Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores hemos acompañado la llegada de los Juegos con una estrategia integrada, iniciada hace dos años con la creación de la “Oficina de Diplomacia Deportiva” y desarrollada a través de un road show internacional en Europa, Norteamérica y Asia, involucrando a atletas, medios de comunicación y empresas.
El objetivo ha sido doble: poner en valor los territorios y las comunidades implicadas y reforzar la imagen de Italia como un país innovador, sostenible y acogedor. Los Juegos han sido protagonistas de numerosas iniciativas, en la Expo Osaka 2025, en los Foros Empresariales en el exterior y en la Jornada del Deporte Italiano en el Mundo.
Por ello, Italia ha decidido invertir con determinación en la diplomacia deportiva, convirtiéndola en un componente estructural de su acción internacional.
Pero los Juegos Olímpicos representan valores como la competencia leal y pacífica entre jóvenes de todo el mundo; desde siempre han sido símbolos universales de paz, respeto e inclusión. En un contexto internacional marcado por los conflictos, el deporte sigue siendo un espacio creíble de diálogo. Los Juegos Olímpicos nacieron para la paz.
Italia lo ha reafirmado facilitando la adopción de la Resolución de la ONU sobre la tregua olímpica, apoyada por el Santo Padre León XIV y por el Presidente de la República Italiana: un llamamiento concreto para que el deporte pueda hacer callar las armas.
Más de 233.000 personas han sido asesinadas por la violencia armada solo en el último año, provocando más de 123 millones de desplazados. Italia continúa siendo protagonista en el plano diplomático y humanitario, comprometida con la paz en Ucrania y en Gaza, sin olvidar los conflictos menos visibles, como el de Sudán, donde millones de personas se han visto obligadas a huir. A través de iniciativas humanitarias como Food for Gaza e Italy for Sudan, nuestro país está en primera línea en la protección de las poblaciones civiles, en particular de los niños, entre los más afectados por las consecuencias de la guerra.
Por eso Milán–Cortina 2026 representa una oportunidad única para reafirmar quiénes somos y en qué creemos. Queremos hablarle al mundo, a través de estos Juegos, de una Italia constructora de paz, de crecimiento y de cooperación internacional.
Nuestros “Juegos de la Paz” serán un compromiso que todos compartimos.
