Las elecciones nos retratan una sociedad compuesta por tres grupos de electores de similar tamaño, pero muy diferentes posiciones.
Por la continuidad y en favor de la elección de la Presidenta Laura Fernández votaron 1.191.727 personas que representan un 33,0% del padrón. Por otros partidos votaron 1.275.620 electores que representan un 35,3% del total de electores inscritos. No votó o votó nulo o en blanco un 31,7% del padrón formado por 1.143.835 personas.
Los electores quedaron divididos prácticamente en tercios. Son tercios de votantes con diferentes actitudes. Pero todos son iguales ciudadanos, con igual dignidad y derechos. Y todos vivimos en esta bendita tierra.
Caricaturizando podríamos decir que un tercio de los costarricenses fija su esperanza en un líder que viene a mejorar su situación, que representa sus intereses, y que lo mejor para ellos es centralizar el poder en ese líder y eliminar todos los obstáculos que se opongan a sus acciones, no importa cuál sea la condición jurídica actual del ente que obstaculiza, sea un Poder de la República, un órgano de control, un brazo del sistema penal, un medio de comunicación o una organización política o social.
Otro tercio que votó en contra del continuismo tiene muy diferentes posiciones ante la política fiscal, el sistema de pensiones, la forma de organizar las relaciones del trabajo, la venta de algunos activos estatales y con relación a políticas públicas concretas en materias
como seguridad, educación, salud, ambientales. Pero los une una visión común en cuanto a preservar la institucionalidad de nuestro estado de derecho, con su división de poderes, asignación de competencias y defensa de las libertades públicas de las personas.
Y finalmente el último tercio está formado por personas que son indiferentes a las decisiones políticas, o sienten rechazo por el tema electoral, o no pudieron informarse o por otras razones quedaron al margen de la decisión electoral.
Desdichadamente en nuestro tiempo y en buena cantidad de naciones estas divisiones producen un enfrentamiento virulento, que impide a las personas aceptarse mutuamente y que incluso llevan a generar odio entre los diversos grupos. Para vivir con mayor felicidad y para progresar debemos dejar atrás los antagonismos y odios. Esto representa un reto para todos los ciudadanos que debemos superar los
resentimientos y prejuicios que arrastramos de varios años de duros y a menudo groseros enfrentamientos y de las vicisitudes de la campaña electoral.
La Presidenta Electa doña Laura Fernández encara la tarea de gobernarnos los próximos 4 años. Estoy seguro de que la Sra Presidenta sabe que podría obtener mejores resultados de su gestión si ella se desarrolla en un clima de cordialidad y entendimientos. El pueblo le
ha otorgado una gran victoria y ella es la Presidenta de los 3.611.182 electores costarricenses, y no de un tercio de ellos. Ella ocupará por 4 años el púlpito presidencial, y su estilo tendrá una enorme trascendencia para determinar el clima de la opinión pública nacional, y las relaciones entre los poderes del estado y las organizaciones de la sociedad civil y política costarricense.
Los diputados electos por los partidos que ahora conforman la oposición fueron elegidos por sus votantes para que trabajaran por el bienestar de los costarricenses, no para que impidan el progreso. Pero ciertamente la evaluación de las diversas soluciones a
problemas nacionales se afecta por la visión política de cada fracción legislativa, de la misma manera como está afectada la visión política de los integrantes del Poder Ejecutivo.
Las diferencias son importantes y de su debate civilizado y constructivo van surgiendo las políticas públicas que se aplican. Como ninguna persona ni grupo de personas es poseedor de la sabiduría, y como todos tenemos intereses y prejuicios, la confrontación respetuosa y civilizada de diferentes posiciones políticas es un mecanismo que históricamente ha comprobado ser eficaz para ir decantando las mejores decisiones. Así lo ha sido en nuestra historia nacional desde el constructivo siglo XIX que fue conformando la
institucionalidad que después fuimos refinando.
Bien harán los diputados de las fuerzas opositoras en defender elementos centrales de nuestra democracia y su estado de derecho tal como lo propusieron a los votantes durante la campaña. Pero, a la par de su actividad de una necesaria acción de control político que deberá ser respetuosa y bien intencionada, los partidos de oposición y sus fracciones parlamentarias deben contribuir a la aprobación de los proyectos de ley convenientes para el bienestar ciudadano.
Doy un ejemplo. Los proyectos de Ciudad Gobierno y Terminal de Cruceros y Marina en Limón serían de gran beneficio para el país. En mi opinión las diputadas y diputados de oposición deberían apoyar los proyectos que faciliten su construcción, por supuesto de
manera que pueda haber franca y trasparente competencia abierta entre los posibles oferentes. En mi presidencia presentamos proyectos de reforma constitucional y legal para limitar las actuaciones de la Contraloría de carácter previo y las que le permiten actuar frente a decisión discrecionales de políticas públicas.
El tercio de electores que no votaron o lo hicieron en blanco o nulo puede ayudar a tender puentes entre los otros dos tercios de ciudadanos que se enfrentaron en las recientes elecciones. Son costarricenses que no se enfrentaron en la brega electoral, y pueden tener una mayor predisposición a entablar con los otros dos grupos relaciones respetuosas y cordiales.
Las buenas relaciones y el afán de cooperar al progreso de todos los costarricenses y en especial de quienes viven situaciones menos ventajosas deben ser normas de conducta de todos.
Con ello todos ganamos.
La unión construye. El odio y el crudo antagonismo basado en prejuicios destruye.
