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Los ticos no cambiaron su ideología, simplemente cambiaron de casa

Las elecciones pasadas se sintieron únicas e impredecibles, sin embargo, al analizar los resultados y las tendencias políticas de los costarricenses, nos enteramos que los resultados de principios de febrero tienen total y completo sentido.

Temas como la polarización entre la derecha y la izquierda o entre las costas y la GAM no sorprenderían a nadie. Ya hace varios años que vimos la muerte lenta del bipartidismo, entonces porque esta vez sería diferente. Por suerte, las elecciones son básicamente bases de datos gigantes y con un poco de contexto, podemos extraer una cantidad increíble de información. Así que veamos qué dicen los resultados sobre nuestras preferencias políticas.

Los perdedores

Con miedo a sobresimplificar, hagamos un experimento. Dividamos la asamblea en dos grandes bloques: partidos que se alinean más a la derecha y a la izquierda. En la asamblea actual esto nos dejaría con 25 diputados a la izquierda (Liberación y Frente Amplio) y 32 a la derecha (Oficialismo, Unidad, Liberal Progresista y Nueva República). Si vemos la composición de la nueva asamblea desde los mismos lentes, nos damos cuenta de que los curules quedaron divididos exactamente igual.

¿Entonces por qué esta vez se siente tan diferente? Bueno, es porque la derecha cambió de casa, no en el sentido literal, sino en el sentido partidario. El PSSO básicamente absorbió a los demás partidos de derecha, haciéndolos desaparecer casi completamente. Claramente, los ticos más conservadores vieron que el oficialismo los representaba y ofrecía un proyecto político viable. El éxito de Chaves no es unificar al país, sino unificar a la derecha. Su discurso no se dirigió en ningún momento a un grupo progresista que sabía que no podía convencer, sino a todos los liberales, religiosos y conservadores, para convencerlos, poco a poco, de abandonar sus partidos y unirse como aliados poco convencionales.

Para bien o para mal, este proyecto fue increíblemente exitoso, y de la muerte de los partidos de derecha nace un PSSO que probablemente sea la casa de un proyecto liberal y conservador que va para largo. El partido antisistema tiene todo para volverse tradicional, a menos que, tal y como en las elecciones pasadas, se derrumbe desde adentro.

¿Y qué pasa con la izquierda?

A la izquierda le está pasando exactamente lo contrario. Mientras la derecha encontró casa, muchos votantes de izquierda no saben adónde ir. La frustración con los partidos tradicionales es la misma, pero nadie logra unificar a todos los votantes bajo un mismo proyecto político, haciendo que muchos se vayan, muchos se queden y muchos hagan ambas cosas.

Muchos pensarían que esta fue una victoria para Liberación, pero por más que quedaron segundos para presidente con una diferencia significativa, perdieron dos diputados en comparación con la actual asamblea. El Frente Amplio, por otro lado, con poco más del 3% para presidente, consiguió la tercera bancada más alta y sumo una diputación. En todas las provincias, el PLN obtuvo menos votos para diputaciones que para el presidente, y al FA le pasó lo contrario.

Parece que la gente cree en la representación del Frente Amplio en la Asamblea, pero simplemente pensó que Ariel no iba a ganar, o tal vez cree en el proyecto político de Álvaro Ramos, pero le cuesta creer en una Liberación que los ha traicionado una y otra vez.

Esto nos revela lo informada que está la gente sobre la actualidad política del país fuera y dentro de la Asamblea. Los ticos votan estratégicamente, quiebran el voto y buscan a quienes mejor los representan. Ese cuento de que la gente está desinformada o no sabe por quién está votando es mentira, y estas elecciones lo demuestran.

Los ticos también cambiaron de casa, literalmente

Otro cambio en estas elecciones es que se redistribuyeron las curules asignadas a cada provincia. San José, Cartago y Heredia perdieron una curul, mientras que Alajuela, Guanacaste y Puntarenas ganaron una, dándole a la gente fuera de la GAM más representación. Los votantes en estas áreas suelen ser más tradicionales y se alinean más con partidos conservadores, así que veamos qué hubiera pasado si las curules no hubiesen cambiado.

Curiosamente, no hubiera pasado nada, o bueno, casi nada. El oficialismo hubiera conseguido las mismas 31 diputaciones y la división que establecimos antes entre derechas e izquierdas se habría mantenido igual.

Sin embargo, el perdedor en este caso hipotético habría sido el PLN, que habría perdido una curul, no al oficialismo, sino al Frente Amplio, que habría terminado con cuatro diputaciones por San José. Esto demuestra que el sentimiento en contra de los partidos tradicionales también se siente en el sector más progresista, pero solo en la GAM, mientras que partidos como el Frente Amplio han fallado rotundamente en conseguir el apoyo de los sectores rurales.

Laura Fernández ganó las elecciones porque supo canalizar el descontento de la mayoría de la población. Descontento contra los partidos tradicionales, contra el sistema político y, definitivamente, contra la izquierda o “les progres”. En el poder, les toca hacer lo contrario: lograr que la gente crea en el nuevo sistema que están creando. Si deciden pasar otros cuatro años “limpiando” el Estado de la corrupción del viejo sistema, van a terminar en inacción y, entre más pase el tiempo, se van a ir volviendo “más de lo mismo”, hasta que el enojo que los trajo al poder se los lleve.

Por otro lado, la batalla existencial del PLN se dará cada vez más fuera de la GAM. Si partidos no tradicionales logran hacer que los ticos cambien de casa, podrían empezar a conquistar esos bastiones verdiblancos desde adentro. Para Liberación, la batalla no es nada fácil; por un lado, la propuesta de “modernización” de Álvaro Ramos claramente dio frutos y puede que mantenga el partido a flote, pero con un gobierno que tiene como principal herramienta política recordarle al electorado los pecados de Liberación, nuestro futuro se aleja cada vez más de las asambleas del siglo pasado.