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La Tercera República no existe

Ayer lo escuchamos todos: la idea grandilocuente de una supuesta “Tercera República”. El problema es que no existe, porque el diseño institucional costarricense simplemente no funciona así.

Costa Rica no es un país donde una mayoría temporal pueda reinventar el Estado por decreto o como lo quiere la presidenta electa —por discurso— a punta de narrativa. Los pesos y contrapesos no son un adorno, son reglas duras. Cualquier cambio constitucional serio requiere mayorías calificadas, votaciones en legislaturas distintas y tiempos largos. Tampoco se pueden remover magistrados, eliminar instituciones o rediseñar los poderes del Estado a gusto del Ejecutivo o de una bancada.

Decir “Tercera República” es, en el mejor de los casos, un eslogan político. En el peor, una simplificación peligrosa de cómo funciona la democracia costarricense.

Ahora bien, negar la Tercera República no significa negar la realidad política. Es cierto, sí hay chavismo por cuatro años. Sí hay un desbalance de fuerzas. Desconocerlo sería ingenuo, pero también hay menos fraccionamiento en la oposición.

A mi parecer, de facto, volvimos a un tipo de bipartidismo.

En la elección presidencial, 48% frente a 45% (sumando PLN, CAC, FA, PUSC). En la Asamblea Legislativa: 31 diputados contra 26. Dos bloques claros. Ya no es el mosaico disperso de micropartidos y diputados en fuga independentista, incapaces de articular oposición. Es otra cosa.

Eso importa. Importa porque en un escenario así, el contrapeso depende de instituciones que siguen vivas. La Contraloría General de la República no desapareció. La Sala Constitucional sigue ahí. La prensa sigue funcionando. La sociedad civil, aunque hoy esté triste y cansada, todavía existe. No es cosa menor.

Un verdadero riesgo es que la oposición se acomode o se fragmente, como ya ocurrió en algunas alcaldías que se volcaron al movimiento chavista. Ahí es donde la ciudadanía tiene un rol que va más allá de observar.

Respaldar a ese 45% que votó distinto, a esos 26 diputados que hoy representan un bloque opositor, significa exigirles que usen los mecanismos legislativos disponibles. Hablo del control político, de frenos procedimentales, de consultas constitucionales, de negociación dura cuando sea necesario.

Van a venir leyes que nos parecen malas e incluso nefastas al 45%, sí. Es parte normal de cualquier ciclo político con mayorías claras. La diferencia está en si pasan sin resistencia o si encuentran contrapesos activos y persistentes.

Y ahí está el punto que suele perderse entre cada ciclo electoral. Esto es apenas el inicio. La democracia se juega todos los días en lo que se permite, en lo que se tolera y en lo que se enfrenta.

No hay Tercera República. Hay una República con reglas claras, con instituciones que todavía funcionan y con una ciudadanía que tendrá que decidir si vuelve a dormir cuatro años o si entiende que el involucramiento cívico no es opcional cuando el poder se concentra.