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La solución a la crisis de especialistas en la Caja

¿Cuántos médicos especialistas necesita el país?

Ante la ausencia de datos oficiales que respondan esta pregunta clave para la planificación sanitaria, las comparaciones internacionales ofrecen una referencia útil. En los países de la OCDE, el rango típico es de 2 a 3 especialistas por cada mil habitantes, mientras que en Costa Rica apenas se alcanza cerca de la mitad de esa proporción.

Bajo este estándar, el país requeriría poco más de 4.000 especialistas adicionales para aproximarse a un nivel óptimo. Sin embargo, al ritmo actual de ingreso al programa de especialidades médicas —alrededor de 215 nuevos residentes por año— tomaríamos cerca de 18 años en cerrar esa brecha, incluso bajo supuestos optimistas.

Esto demuestra que el problema no se resuelve únicamente aumentando el número de especialistas. La solución es compleja y requiere un enfoque integral. Propongo las siguientes acciones:

Modernizar el modelo de atención de enfermedades crónicas. Patologías como hipertensión, diabetes y sus complicaciones pueden ser manejadas eficazmente por médicos generales bien capacitados, siempre que cuenten con formación sólida, protocolos claros y acceso oportuno a tratamientos. Un fortalecimiento de la atención primaria permitiría reducir referencias innecesarias. Para ello, es necesario liberar ciertas restricciones en la prescripción dentro de la CCSS y ampliar la capacitación en procedimientos de baja complejidad.

Invertir en infraestructura y tecnología. Un especialista difícilmente puede rendir al máximo sin el respaldo de quirófanos, consultorios, equipos diagnósticos y sistemas eficientes. La escasez de recursos y espacios físicos como consultorios o en hospitales centrales limita la productividad clínica y desperdicia capacidad instalada.

Incorporar inteligencia artificial de forma responsable. Ya existen herramientas certificadas para apoyar especialidades como radiología y patología. Su uso como tamiz diagnóstico o apoyo clínico permitiría que los especialistas se concentren en casos complejos y tareas de mayor valor intelectual o requerimiento técnico, mejorando eficiencia sin sacrificar calidad.

Mejorar las condiciones laborales en la CCSS. Si los especialistas encuentran condiciones más atractivas en el sector privado, la CCSS debe revisar esquemas salariales, flexibilizar jornadas e introducir incentivos modernos. También es clave reducir la carga administrativa para que los especialistas dediquen más tiempo a la atención clínica directa. Por el contrario, retener profesionales mediante contratos restrictivos puede resultar contraproducente y desincentivar el compromiso institucional.

Aumentar la formación sin sacrificar calidad. Es indispensable conocer la capacidad real de formación universitaria, en función del número de docentes, campos clínicos e infraestructura disponible. Especialidades críticas como anestesiología, radiología, psiquiatría y cirugía deben ampliar cupos, sin comprometer estándares académicos. Además, los procesos de ingreso, evaluación y docencia deben revisarse para garantizar transparencia, objetividad y excelencia.

Fomentar la formación en centros internacionales de alto nivel. La CCSS y las universidades deben promover la movilidad académica y la formación en centros de prestigio internacional, manteniendo el rol del Colegio de Médicos y Cirujanos como garante de la calidad y la idoneidad profesional graduado en el extranjero.

Crear programas de capacitación acelerada y modelos híbridos. En ciertas áreas, la formación adicional de médicos generales permitiría establecer clínicas especializadas para patologías crónicas bajo supervisión experta. El fortalecimiento de la telemedicina, junto con protocolos clínicos estandarizados, puede optimizar el tiempo del especialista y ampliar la cobertura sin comprometer seguridad.

La crisis de especialistas no se resuelve solo formando más médicos. Con un déficit cercano a 5.000 profesionales, confiar exclusivamente en el aumento de cupos sería insuficiente y lento. La solución exige reformas estructurales, innovación tecnológica, fortalecimiento del primer nivel de atención y mejores condiciones laborales, en un enfoque integral y sostenible.