El reciente comentario de Laura Fernández en la reunión con los jefes de fracción en la Asamblea Legislativa sobre la crisis de salud mental en la zona de Occidente nos deja ver las grandes inconsistencias de la administración. Según Fernández, los altos índices de suicidio en cantones como Naranjo, Zarcero y Grecia están vinculados a la desarticulación familiar provocada por largas jornadas fuera de casa: padres que salen a las 4:00 a. m. y regresan a las 8:00 p. m., dejando a niños que "se levantan solos" y padres que llegan sin energía para "hacer tareas o jugar", según sus propias palabras.
Resulta, por lo tanto, una incongruencia alarmante que, teniendo este panorama tan claro, se impulse simultáneamente el expediente 24.290, el cual busca institucionalizar las jornadas excepcionales de 12 horas. Si el diagnóstico de Fernández ya identifica que el tiempo fuera de casa es un factor de riesgo para la salud mental, esta reforma laboral amenaza con profundizar esa herida social y con generar problemas en las personas más vulnerables de nuestra sociedad, a cambio de beneficiar los intereses económicos de un grupo pudiente.
- El impacto en el desarrollo infantil. La evidencia científica respalda los temores sobre este tipo de jornadas. Estudios longitudinales indican que el trabajo en horarios no estándar y turnos variables —característicos de la economía 24/7 que busca potenciar este gobierno y su continuidad— está asociado con un menor rendimiento académico y un menor compromiso escolar en los hijos. Los docentes reportan mayores niveles de problemas de conducta externa en niños cuyos padres enfrentan estas presiones temporales. Al extender la jornada ordinaria a 12 horas, se reduce drásticamente la capacidad de las familias para mantener rutinas básicas, como las comidas familiares, cuya irregularidad ya se ha vinculado con efectos negativos en el funcionamiento del hogar.
- El efecto "derrame" del estrés. La investigación en psicología del desarrollo nos advierte claramente que el estrés laboral no se queda en la oficina. Existe un proceso de transmisión emocional donde la sobrecarga de trabajo y la presión del tiempo predicen una menor aceptación de los hijos y un aumento del conflicto familiar. Bajo una jornada de 12 horas, más el tiempo de traslado que la propia Fernández critica, el riesgo de "retiro psicológico" es alto: los padres, agotados crónicamente, tienden a retraerse de las interacciones positivas con sus hijos como un mecanismo de defensa a corto plazo, lo que a largo plazo erosiona el ajuste psicológico de los menores.
- Reconocimiento implícito del daño en la ley. Es revelador que el propio texto del dictamen admita los riesgos. La reforma exige que cualquier solicitud de jornada excepcional incluya una "evaluación integral del impacto psicosocial, de salud mental y conciliación vida-trabajo". Además, obliga a las empresas a emplear "medidas contra la fatiga" para minimizar el impacto de estos turnos prolongados. Si la misma ley reconoce que estas jornadas generan una "especial fatiga" y riesgos para la salud, ¿por qué insistir en ellas como modelo de desarrollo, sabiendo que el entorno saludable que la niñez requiere es, precisamente, el tiempo de calidad con sus cuidadores?
La incongruencia es manifiesta. No se puede lamentar la soledad de los hijos de Occidente por la mañana mientras se legisla para que sus padres lleguen aún más tarde y más cansados por jornadas de 12 horas (más el tiempo de transporte). Si queremos atacar las causas de los índices tan tristes que menciona Fernández, la solución no es estirar el tiempo de trabajo, sino proteger el tiempo de la vida familiar. De lo contrario, la salud mental seguirá siendo una moneda de cambio en favor de una productividad que nos está saliendo demasiado cara. Costa Rica puede hacerlo mejor, ya es hora que dejemos de jugar con la vida de las personas para proteger las ganancias de las empresas.
