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La innovación como herramienta fundamental para atender el cáncer hoy

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El cáncer no es una amenaza lejana ni una estadística abstracta. En Costa Rica, se convirtió en la primera causa de muerte, superando incluso a las enfermedades cardiovasculares. Según datos de GLOBOCAN (2022), en el país se registraron más de 13,000 nuevos casos de cáncer y más de 6,000 defunciones en ese año. Detrás de cada diagnóstico hay una persona, una familia y un sistema de salud que enfrenta cada vez más presiones a causa del envejecimiento y del incremento de las enfermedades crónicas no transmisibles (ENT). Para responder a esta realidad, la inversión en salud va más allá de lo médico y se transforma en un compromiso con el desarrollo social, el bienestar de las personas y la sostenibilidad del sistema.

En este contexto es supremamente importante seguir evolucionando la forma en que se previene, diagnostica y trata el cáncer. La ciencia avanza a una velocidad sin precedentes y ofrece herramientas cada vez más sofisticadas, lo que refuerza la importancia de continuar evaluando estos avances y cómo pueden fortalecer los sistemas de salud en Costa Rica y en la región para mejorar los resultados clínicos y el bienestar de los pacientes. Reducir la distancia entre los avances científicos disponibles y su llegada efectiva a las personas es un paso clave para vencer esta enfermedad.

La región de América Latina y el Caribe experimenta un crecimiento sostenido de los casos de cáncer, impulsado por el envejecimiento poblacional, los cambios en estilos de vida y factores de riesgo prevenibles. Aunque Centroamérica presenta tasas relativamente más bajas que otras subregiones, las proyecciones indican un aumento sostenido de la carga oncológica en los próximos años y Costa Rica no es la excepción. Los dos tipos de cáncer más prevalentes en el país son: próstata con más del 12% y mama con poco más del 10%.

Frente a esta realidad, la innovación en oncología no puede entenderse únicamente como el desarrollo de nuevos medicamentos. Innovar implica transformar el modelo de atención: pasar de un enfoque generalizado a uno de medicina personalizada, donde el diagnóstico de precisión, los biomarcadores y las terapias dirigidas permitan tratar a cada paciente de forma más efectiva, no solamente reduciendo el ensayo y error, sino también optimizando los recursos del sistema, con lo cual, se pueden evitar los costos sociales y económicos de tratamientos tardíos.

Pero la innovación sólo cobra sentido cuando pone a las personas en el centro del cuidado. El cáncer es una experiencia profundamente humana. Escuchar a los pacientes y a quienes los acompañan cambia la forma en que diseñamos soluciones: desde tratamientos menos invasivos hasta tratamientos que reducen el tiempo que una persona debe pasar en un hospital. Humanizar la innovación no es un concepto abstracto; es una necesidad ética y sanitaria.

Otro reto impostergable es la velocidad del diagnóstico, porque en cáncer, el tiempo es la diferencia entre un tratamiento curativo y uno paliativo. Reducir los meses de espera entre la sospecha clínica y el inicio del tratamiento debe convertirse en una prioridad nacional. La evidencia es clara: una proporción significativa de los casos puede prevenirse o curarse si se detecta y trata a tiempo.

Ninguna organización puede enfrentar este desafío sola. Por eso, las alianzas globales con impacto local son esenciales. La colaboración entre sector público, academia, organizaciones de pacientes e industria permite fortalecer capacidades, compartir conocimiento y construir soluciones sostenibles para el sistema de salud. Este enfoque de corresponsabilidad es clave para avanzar de manera articulada junto con la comunidad oncológica y las instituciones del país.

Desde Roche, este trabajo colaborativo forma parte de un compromiso de largo plazo que va más allá del desarrollo de tratamientos innovadores. Nuestro compromiso es contribuir activamente al fortalecimiento de los sistemas de salud, impulsando el acceso oportuno a la innovación, el diagnóstico de precisión y la colaboración con autoridades, profesionales de la salud y organizaciones de pacientes. Solo a través de un trabajo conjunto y sostenido es posible transformar la manera en que enfrentamos el cáncer y generar un impacto real y duradero en la vida de las personas.

El mensaje es claro: el cáncer no espera. La innovación científica ya existe; ahora necesitamos decisiones audaces, procesos más ágiles y una visión de largo plazo que entienda la salud no como un gasto, sino como una inversión en resultados y en vidas. Ante los retos presentes y futuros de las ENT, atender el cáncer de forma integral desde la prevención y el diagnóstico precoz, hasta el tratamiento temprano y oportuno, permite que el impacto social no se desborde hacia el empobrecimiento de las familias o la pérdida prematura de vidas. Si logramos que el sistema avance al ritmo de la ciencia, estaremos más cerca de transformar el cáncer en una enfermedad cada vez más tratable y, en muchos casos, prevenible.

Costa Rica tiene el talento, las instituciones, el ecosistema y la vocación para lograrlo.

Escrito por: Álvaro Soto Monge, Gerente General  Roche Pharma Caribe, Centroamérica y Venezuela