No soy ni pretendo ser político, aunque esta sea una nota algo política, mi preocupación está en el bienestar de las personas. Creo que podemos coincidir en que lo conviene a todos es que cada parte sea coherente con lo expresado en esta contienda electoral y me gustaría recordarlo, para evitar que nadie después se tropiece con su propia narrativa. Así, me gustaría plantear retos y advertencias, siempre con un enfoque constructivo.
No es un secreto que el centro de estas elecciones fue la continuidad o no del gobierno actual. Y lo que quedó claro fue la división de la sociedad, de hecho, puede verse como surge una división en tres grupos de tamaño similar, los que votan por el oficialismo, los que votan por otros partidos y los que se abstuvieron. Allí encuentro el mayor reto para el próximo gobierno, independientemente de quién hubiera sido presidente, porque si somos claros la situación refleja un tercio de apoyo, un tercio que puede interpretarse como oposición directa y un tercio desencantado con la política.
La presidenta electa deberá gobernar para todos, no solo para quienes votaron por ella, lo que conlleva un trabajo arduo de conciliación. Más allá de votos en la asamblea, el gobernar implica considerar los intereses de todos y las elecciones muestran que una parte significativa –pero mal organizada– de la población no está satisfecha con el proyecto desarrollo de la continuidad. Si el gobierno desea legitimidad deberá escuchar estas voces también, y no estoy hablando de partidos políticos ni legisladores, estoy hablando de la sociedad civil. Lo que no significa renunciar a su línea de política, sino conciliar con estos intereses también. En esa línea, el actual presidente no es adecuado para el Ministerio de la Presidencia, aunque no se cuestionen sus credenciales como economista, no es la mejor ficha para un rol que consiste en negociar y conciliar; quizás funcionaría mejor en otra jerarquía.
Otra amenaza fuerte para el discurso del gobierno son los “polizones”, y es que desde ahora vemos a algunos cambiar de banderas. Desde mi perspectiva, antes de abrir las puertas, hay que ver con cuidado sus razones, pues alguien que simplemente se pasa al bando de los que “ganan” puede ser un buscador de rentas políticas y tener bases ideológicas débiles. Y son, precisamente, este tipo de conductas las que reflejan los problemas de la tan criticada “casta política”; por la que un tercio del electorado votó para eliminar.
Fuera del gobierno central, creo que hay que repensar el rol de los partidos políticos. Muchos tienen enormes capacidades organizacionales e infraestructura de trabajo, pueden usar este potencial para promover el bien social sobre la práctica, fuera del Estado. Además, cualquier persona puede proponer proyectos de ley ante la asamblea legislativa, no solo los diputados; es decir, aquellos que realmente deseen trabajar por el país no requieren curules. Incluso, este tipo de acciones mostraría compromiso auténtico con la sociedad y redituaría en capital político para futuros procesos electorales.
Finalmente, la sociedad civil y sus organizaciones deben tomar un rol activo en el proceso político. Por dos razones, para atender el desencanto de un tercio de la población y para ejercer un proceso de regulación política constructivo en un contexto de fragmentación. Con esto hago llamado a organizaciones privadas, universidades, cooperativas, asociaciones de desarrollo, grupos, colectivos, u otras; pueden participar con artículos de opinión, movilizaciones, informando el diseño de política pública, creando espacios de diálogo y educación, etc.
Estas elecciones dejan mal sabor de boca en este aspecto, todos los grupos se acusaban de ser ignorantes, pero pocas personas se tomaron la molestia de dialogar y buscar entendimiento. Quiénes tengan razón solo el tiempo lo dirá, lo que queda claro es que, si bien la ignorancia es atrevida, el conocimiento es presuntuoso.
